Qué nos deja el 9 de marzo/ Sobre hombros de gigantes  - LJA Aguascalientes
01/12/2022

Varias veces he escrito que lo que ocurre cotidianamente es una radiografía de nuestra sociedad y nos muestra que estamos ciegos frente a humanas y humanos vulnerables, [email protected] y [email protected] por el sólo hecho de ser y estar [email protected] 

¿Por qué marchan?, ¿por qué paran?, ¿por qué destruyen? Porque ya no es posible que sigamos olvidando a las mujeres como seres humanos plenas, que deben respetarse y reconocerse, y que, a pesar de que estos movimientos se han dado desde 1791, seguimos creando estereotipos sociales que asignan características o roles a partir de las diferencias sexuales, y se trata en forma diferente a quienes deben ser tratadas como iguales, por existir relaciones sociales desproporcionadas y humillantes por simples “razones sospechosas”.

¿Por qué cuando una calle, una pared, una puerta, un monumento o un puño se manchan de sangre, no hay indignación como la que algunos sienten por manchar monumentos? Ya que nuestras circunstancias son tan complicadas que no nos permiten salir de la ceguera en la que estamos, y perdemos el contacto con la realidad que nos dice que en 2017 un número de 87,000 mujeres fueron asesinadas mundialmente; que a diario mueren un promedio de 137 mujeres alrededor del mundo; y en México, de las 46.5 millones de mujeres de 15 años y más, 66.1% (30.7 millones) ha enfrentado violencia; el 43.9% sufrió agresiones del esposo o pareja, y en 2018 oficialmente hubo 3,752 muertes violentas de mujeres; es decir 10 mujeres al día fueron privadas de la vida, y dejaron a más de 4,275 menores hué[email protected] Son más de 10 mujeres que fueron asesinadas en lo que se hacía la limpieza de los monumentos, y para [email protected] es más importante criticar la pinta o raya de unos objetos, unos pedazos de materia dura e inerte, que ayudar a que el país no se manche de sangre, emociones depresivas, y almas destrozadas.



 

¿Saben que simbolizó el paro del 9 de marzo de 2020? La ausencia de las mujeres en caso de que todas fueran asesinadas. Seguro que algo hicieron esas mujeres que se manifestaron; seguro algo hicieron esas mujeres que asesinaron; lo que hicieron fue haber estado en el lugar inadecuado, a la hora inadecuada, en el momento inadecuado, y en el país inadecuado.

Y ¿qué lecturas nos deja esa ausencia? Que lo femenino debe volver a tomar su lugar de creador, dirigente y equilibrante, pues el planeta colapsó, y sigue yéndose a lo profundo porque los hombres lo hemos llevado hacía allá. Todo se paralizó, pues las actividades esenciales las realizan las mujeres que ese día desaparecieron. Algunos dirán que no ocurrió real cosa, alegando que el trabajo continuó, pero esa lectura es distinta, ya que si bien algo continúo medianamente, refleja que los hombres no están en puestos directivos por ser superiores, sino que son tan inferiores que necesitan que las mujeres se hagan cargo de todo, de su vida, de la vida de aquellos y de lo que eso implica en los entornos familiares, educativos, culturales y sociales, para que gracias al poder de la mujer, esos hombres puedan salir y ocupar esos puestos directivos. Los hombres no pueden sin las mujeres, el mundo no vive sin lo femenino, el cosmos colapsa ante estas ausencias. La lectura nos dice entonces que la mujer es la que realmente gobierna, y debe retomar ese papel que se le ha robado a base de engaños, violencia y desinformación.

Pero otra lectura, un poco desafortunada, es que algunos hombres utilizaron esta manifestación para hacer creer que apoyaban el movimiento, dando el permiso de faltar, permitiendo días inhábiles, y volviendo a dejar a la mujer con el cuidado de todo, para que esos hombres pudieran hacerse cargo de las labores “del movimiento del mundo”. No señores, no fue que nosotros les permitimos, fue que a nosotros nos permitieron, para que nos demos cuenta que, tal vez somos necesarios, pero lo único indispensable es lo femenino. 

Reitero y repetiré las veces que sea necesario: hoy se nos da una oportunidad histórica para ver y entender que la violencia y la discriminación sólo generan más violencia y más discriminación; por el contrario, la empatía y el reconocimiento de “la” y “el” otro como uno mismo, será el generador para transformar la realidad. Todas y todos somos femenino y masculino a la vez; todas y todos somos un único todo creador; todas y todos fuimos en distintas vidas mujer u hombre, y a la fecha lo seguimos siendo.

 



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