Opinión

A la mexicana/ De imágenes y textos 

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El cuarto jueves de pandemia, querido lector, usted cómo va, si sigue esta columna entonces se preguntará sobre la segunda parte del Caballero de la noche y Althusser contra el malvado doctor coronavirus; bueno, verá, ese tercer jueves de pandemia de plano me asaltó la vehemencia por buscar ayuda para ya salir de este momento histórico por el que pasamos en lo mundial, sólo que mezclar a don Louis (francés) y a don Bruce (gringo) no resultó del todo bien, de hecho pensé que Althusser me acecharía esa noche para jalarle los pies por ser tan irreverente, pero no, o por lo menos no ha pasado aun; así que decidí no escribir la segunda parte, dejar de tomar esto a la ligera y compartirle mi visión del fenómeno desde la perspectiva de nosotros los mexicanos. 

Es de llamar la atención nuestro comportamiento, y no me refiero nada más al espíritu festivo que invade nuestra mente o a ser tan relajados ante fenómenos como este, es una conducta compleja que por lo menos un servidor no acaba de comprender y mucho menos identificar del todo para poder erradicarla del quehacer cotidiano. Hace unos años me topé con un libro de Santiago Ramírez llamado El mexicano, psicología de sus motivaciones me llamó la atención y me pareció interesante el análisis de nuestro comportamiento desde los tiempos del encuentro violento de las dos culturas que marcan la personalidad de nosotros los mexicanos hoy en día. Ramírez plantea que la raza de bronce carga una herida desde el tiempo de la conquista española pues le fue arrebatada la tierra, su tierra, sus costumbres y hasta la religión, dando paso a una mezcla de pautas de comportamiento que no se lograron amalgamar de manera armónica. Según el antropólogo cubano Fernando Ortiz Fernández (1881-1969) se presentó un fenómeno llamado transculturación, se refiere a que un grupo social recibe y adopta formas culturales (de manera pacífica o no) que provienen de otro sector, de otro grupo, lo que orilla a sustituir las prácticas culturales establecidas por el pueblo que es “invadido”.

Regresando a Santiago Ramírez plantea que el mexicano entonces percibe un hueco que no fue cubierto en ese proceso de transculturación, existen sentimientos de abandono hacia la cultura madre y un sentimiento de ambivalencia psicológica hacia la cultura española, es importante mencionar que la ambivalencia psicológica es un estado anímico en el que conviven emociones y sentimientos opuestos. La novedad, el deslumbramiento, la errónea creencia de que los conquistadores eran nada más y nada menos que Quetzalcóatl en su segunda venida gloriosa; simples seres humanos no superiores, pero si intimidantes, nuevo idioma, diferente forma de vestir, nuevas costumbres y una religión aparentemente más civilizada.

Entonces según Ortiz Fernández la transculturación es la adopción de los rasgos de una cultura ajena como propios, y en nuestro caso como lo apunta Ramírez se hace una analogía a la figura española de la imposición como el padre autoritario y que castiga, por otro lado, está la imagen de Tonantzin oriunda del cerro del Tepeyac donde se erigió su centro ceremonial y que en español quiere decir “nuestra madre” y que por razones divinas sigue poniendo orden en nuestra sociedad nada más que con un nombre transculturado. 

Ramírez plantea que el mestizo repite el patrón de padre español autoritario y opresor con sus hijos y estos a su vez con sus hijos y así se va generando una conducta heredada con relación a la visión de la figura paterna en nuestra sociedad, afirma que tiene que ver con el actuar del padre español que rehúsa a los hijos y a la violencia hacia la mujer por ser indígena. El origen del machismo pregunto yo, tal vez, el abandono de la figura paterna, la angustia a lo que pasará en su futuro, el miedo al padre agresivo y la sumisión de la madre, desarrolló nuestro mecanismo de defensa; LA NEGACIÓN.

A la mexicana, qué pasa ahora, independientemente del origen y sobre todo de la verdadera intención de desarrollar una pandemia a nivel mundial, es obvio que ninguna sociedad reacciona igual y su comportamiento atiende a su idiosincrasia, pero la de nosotros es un caso excepcional, si tomamos como sustento lo que dice Santiago Ramírez entonces podemos encontrar cierta lógica en la forma de actuar del pueblo mexicano, que sin duda somos solidarios y sabemos organizarnos ante contingencias como esta, pero, nuestro mecanismo de defensa nos frena cuando más avanzados vamos.

El presidente aplica su mecanismo de defensa, sus adversarios ponen en marcha su propio mecanismo de defensa, nosotros especulamos y activamos nuestro mecanismo de defensa, nuestros jóvenes fiesteros encienden su mecanismo de defensa y niegan categóricamente su aislamiento; casi de manera intuitiva diría yo, echamos a andar nuestros mecanismos de defensa cuando negamos todo lo que pasa a nuestro alrededor, rechazamos nuestra responsabilidad en esta contingencia, descalificamos el actuar del pobre Andrés Manuel, le damos la razón a los empresarios, descartamos lo que dice el sector privado, aprobamos lo que dice el pobre Andrés Manuel, polarizamos, negamos que podamos trabajar bajo una tregua y mire que no es culpa exclusivamente del señor que despacha desde Palacio Nacional es culpa de todos, actores políticos, empresarios consolidados, empleados, obreros, guías espirituales, docentes, alumnos, mexicanos en general. 

A la mexicana la vivimos, a la mexicana la padecemos, es claro que en este momento no podemos regresar a la normalidad o a lo que llamábamos normalidad y como lo leí por ahí en tantas imágenes que recorren las redes sociales, no podemos regresar a la normalidad porque era el problema, “necesitamos dar un giro, tomar conciencia y evolucionar” si como mexicanos del siglo XXI con líderes políticos y empresariales más conscientes y menos suspicaces. Cambiemos la psicología de nuestras motivaciones porque esto va para largo y si la vivimos a la mexicana necesitamos evolucionar a la mexicana, es decir, bien y a la primera. 

 

ericazocar@hotmail.com

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Eric Azócar

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