De Chernóbil a la pandemia/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
21/01/2022

Tenía entre mis pendientes de lectura el libro Las voces de Chernóbil de la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, con este libro, periodismo literario, la escritora y periodista obtuvo el Premio Nacional del Círculo de Críticos de Estados Unidos en el año de 2006, entre muchos otros premios, a la escritora recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 2015 por sus Escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo.

De entrada me llama la atención la recurrencia de Svetlana Alexiévich a utilizar argumentos musicales en su obra, como es, por ejemplo, en los Escritos polifónicos, y en el caso del libro que tengo entre mis manos recientemente leído, Voces de Chernóbil, es una extraordinaria creación literaria hecha en el formato de la tragedia griega y de esta manera transportada al lenguaje operístico. Así encontramos prácticamente todos los elementos propios de la ópera, una Nota histórica que justifica la redacción de este texto y que podríamos entenderla como una obertura. El libro está plagado de estremecedores monólogos que podríamos entender como arias propias de la ópera y por supuesto algunos corales igualmente profundos, intensos y claro, llenos de dolor, incluso podríamos encontrar, en una búsqueda un poco más meticulosa, algunos recitativos, característicos del singspiel alemán.

En fin, se trata de una verdadera tragedia helénica llevada al contexto operístico en el más puro estilo del renacimiento florentino, pero no es solo una tragedia por la estructura, la forma, sino que lo es sobre todo por el contenido. Mientras leía este doloroso documento periodístico no podía dejar de pensar, por ejemplo, en las dificultades a las que tuvo que enfrentarse el gran compositor ruso, o dicho con mayor precisión, el compositor soviético Dmitri Shostakovich, víctima del tirano Stalin que siempre intentó condicionar su discurso musical a lo que él llamaba los intereses de la revolución, y si al perverso Stalin le parecía que alguna obra de Shostakovich era “burguesa” la censuraba y exhibía públicamente al compositor en el diario Pravda como un traidor de la revolución. No obstante el genio creativo de Shostakovich se las arregló para burlar la miopía de los criterios artísticos del régimen soviético y esconder sus sólidos argumentos musicales en un camuflaje de aparente simpatía con esos castrantes criterios pero en donde expresaba todo el dolor, incluso la impotencia que sentía el noble pueblo ruso sometido a las ocurrencias de Stalin, ejemplo de esto es, sin duda, la Sinfonía No.5, los dueños de la voluntad del pueblo, es decir, Stalin y sus secuaces creyeron encontrar en esta sinfonía un canto triunfal de la revolución, pero en una segunda lectura de la sinfonía encontramos la tragedia escondida en ese aparente optimismo al que estaba obligado el hombre soviético, Salomón Volkov, biógrafo del compositor, cita unas palabras del propio Shostakovich y que las reveló después de su muerte: “La alegría es forzada, creada bajo una amenaza. Es como si alguien te golpeara con un bastón diciendo, tu obligación es la de divertirte”. El gran violoncellista Rostropovich dice respecto a la Sinfonía quinta lo siguiente: “El final es una tragedia. Estirada sobre el potro de la inquisición, la víctima intenta todavía sonreír en su dolor. Quien crea que el final de la sinfonía es alegre es realmente un idiota”.

Bueno, pues en todo esto pensaba yo mientras leía con profundo dolor e impotencia las páginas del libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich. Terminé el libro con relativa rapidez, finalmente en estos días de contingencia lo que sobra en muchos casos es tiempo, así que una vez terminado el libro busqué el siguiente, -por cierto, ¿qué sería de nosotros si no tuviéramos el arte para llevar estos días de encierro?, y no solo para mitigar el aburrimiento, claro que no, sino como un verdadero antídoto contra la situación que todos enfrentamos, ¿qué sería de nosotros sin el arte?, finalmente y no me canso de repetirlo, tenemos el arte para liberarnos del caos-, busqué el siguiente libro y aunque tengo todavía algunos sin leer, -creo que compro más libros de los que puedo leer-, ¿te sucede los mismo?, elegí uno que había leído en mis tiempos de universitario pero me pareció encontrar una especie de continuidad con la obra de Alexiévich, me refiero a la novela de Aldous Huxley Un mundo feliz, una especie de visión futurista sobre el acondicionamiento de la voluntad de la humanidad, sobre este mismo tenor encontramos algunas obras como es el caso de la Naranja Mecánica del escrito británico Anthony Burguess y llevada al cine por Stanley Kubrick en 1971, o aquella otra novela llamada 1984 de George Orwell también llevada al cine por el realizador Michael Radford. En fin, la tentación por imaginar cómo sería el mundo en el futuro han sido varias, pero el futuro ya nos alcanzó y la realidad parece ser peor de lo que aquellas atrevidas mentes pudieron suponer, el condicionamiento de los seres humanos que plantea Huxley en su obra se ve superado hoy por el voluntario sometimiento de la humanidad a la tecnología. En la obra de Huxley estaba prohibido Shakespeare, por ejemplo, se consideraba inmoral para el hombre feliz, de la misma forma que Shostakovich fue censurado en su país por atentar contra la “felicidad” del hombre soviético. 

La tragedia de Chernóbil fue el 26 de abril de 1986, hace 34 años, y así como se dice que este evento representó el principio del final del comunismo europeo, así la pandemia de Coronavirus es el principio del final del sistema capitalista, ¿será? No lo sé, solo sé con certeza que tenemos el arte para liberarnos del caos.


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