Del #Quedateencasa al “Nos viene como anillo al dedo”/ Bravuconadas  - LJA Aguascalientes
25/09/2022

Y el mundo no acaba de salir de su asombro, de su estupor, el hoy famoso coronavirus o Covid-19, le bastaron unos meses para tener de hinojos al soberbio mundo, a todo, sin distingo de bandera, de raza, de lengua, de religión, de economía, de ideología. La pandemia no acaba de tener un mes de declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ya tiene más de un millón de contagios confirmados en el mundo, más de 57 mil decesos por su letalidad, día a día ha ido deteniendo las economías del planeta. Su irrupción tomó a todos mal parados, ha provocado que la ciencia médica trastabille, que admita que no tiene una respuesta específica a su amenaza, que deba recurrir al mero aislamiento y alejamiento social para intentar, sin éxito claro, contener la expansión del contagio, no hablemos de detener.

México no es la excepción. El Gobierno Federal que encabeza (?) el presidente López, estaba apenas iniciando su proceso de ajuste del sistema de salud pública nacional. El año pasado, en seguimiento a su estrategia de combate a la corrupción y promoción de lo que denominó la “austeridad republicana”, empezó con una serie de disposiciones que, en principio, recortaban la planta laboral de las dependencias e instituciones del sector salud, empezando por, sí, los médicos, pasando por personal administrativo y directivo. Siguió con la revisión de los gastos en materia de medicamentos y material necesario para la atención sanitaria. Ante estas disposiciones correspondía efectivamente la cancelación o recorte de diversos programas, como el de atención de niños con cáncer, o tratamiento de cáncer de mama, hasta llegar a la desaparición de plano del Seguro Popular. Los cambios y nuevas disposiciones son comprensibles en la transición de una administración pública a otra, máxime, cuando entendemos el sentido, los alcances y características de la misma, en el caso de la derivada del 1 de julio de 2018; sin embargo, los mexicanos también esperábamos ver las propuestas alternativas del denominado gobierno de la Cuarta Transformación, pero ¡oh decepción!, las alternativas sólo son ideas, intenciones, anhelos en las cabezas de los responsables del gobierno del “cambio verdadero”. En tanto, millones de mexicanos, literalmente, quedaron a la deriva en la atención, oportunidad y calidad de los servicios de salud que la Constitución y la ley les dice garantizar.

Todas las medidas señaladas en el párrafo anterior, se tradujeron en un acelerado y marcado desmantelamiento del sector público en salud. Con las compras de medicamentos centralizadas en la Oficialía Mayor de Hacienda (¡!), fuera de los programas de abastecimiento oportuno de los mismos para la atención de las estaciones sanitarias; la estigmatización de los proveedores de fármacos y equipos médicos (sin que mediara una acción jurídica correspondiente) acusados de ser parte de la “mafia en el poder”; un Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) sólo bosquejado institucionalmente, sin un plan definido de operación y coordinación nacional; sin programas o acciones alternativas para abastecer de medicamentos y tratamientos a los niños y mujeres con cáncer, todo se empezó a complicar aceleradamente, ya no digamos para las autoridades sanitarias del país, ni siquiera para el gobierno de la 4T, sino para la población mexicana toda.

Y a finales de febrero, aparece en el escenario sanitario nacional ese sorpresivo y letal recién llegado: el Covid-19. Ese mismo virus que llevaba dos meses causando estragos en el mundo, China, Corea, Japón, Irán, Italia, España, Inglaterra, Alemania, y, Estados Unidos. El gobierno mexicano, se tomó las cosas con calma. “No pasa nada”, se formó una comisión para atender el inconveniente sanitario, la Secretaría de Salud, a través de su Subsecretario Hugo López-Gatell, sería el responsable y ahí le iría informando a su jefe, el presidente López (que no al Secretario de Salud Jorge Alcocer) de sus avances, mientras a seguir con las mañaneras, con las giras de fin de semana, con los actos multitudinarios, eso del no contacto “es una maquinación de los conservadores”, de los “enemigos” de la 4T.

Ante el bajo interés e irresponsabilidad del gobierno federal, la sociedad no se quedó cruzada de brazos. La información que llegaba por los medios de comunicación, y sobre todo de las redes sociales, era alarmante. En este mismo sentido, los gobiernos estatales y municipales, empezaron, por su cuenta, a tomar medidas al respecto. La indolencia del presidente López y su Gobierno Federal, estaba siendo manifiestamente rebasada por el resto de los actores. Ante la ausencia de una estrategia nacional pública federal, apareció una estrategia social y pública local en el país. El ensimismamiento del presidente López y sus empleados públicos, y la carencia de un medicamento para combatir la epidemia en México, fue definiendo la respuesta como el “distanciamiento social”, empezamos con un abandono al saludo cotidiano, a establecer una cada vez más clara distancia entre cada uno de nosotros, hasta llegar a la drástica recomendación del “quédate en casa”.

El Gobierno ha dejado manifiesto que está extraviado, que ha dejado que los intereses políticos e ideológicos determinen su actuar, de manera totalmente irresponsable, y con un alto costo para el país que dicen gobernar. Las acciones lo han ido tomando por sorpresa cada vez. La OMS decretó la entrada en vigor de la fase 2 en México, cuando el Gobierno llamó a quedarse en casa, la sociedad ya llevaba casi dos semanas de auto reclusión. Estas medidas, empezaron a impactar en la economía nacional, la de los pequeños negocios, los de contacto y cercanía, deteniendo la actividad económica de millones de mexicanos, y sí, el Gobierno Federal pasmado. Los gobiernos locales empezaron a proponer algunas acciones, pero son muy limitadas.

¿Y cuál fue la reacción del presidente López a esta emergencia nacional, de salud pública y de crisis económica? En su ya famosa actitud cínica e irreflexiva sólo atinó a comentar en su tradicional mañanera: Esto “…cayó como anillo al dedo para afianzar el propósito de la Cuarta Transformación”.

Pobre México, sin gobierno.

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