14/07/2020


Jour après jour, les jours s’en vont,

Laissant la vie à l’abandon.

Dans le jardin de l’homme au cœur blessé,

L’herbe est brûlée. Pas une fleur.

Sur l’arbre mort, plus rien ne peut pousser.

Rien que les fruits de sa douleur.

Georges Moustaki

 

Día tras día, los días se van, / Dejando que la vida sea abandonada. / En el jardín del hombre en el corazón? hermana lesionada/ La hierba está quemada. No es una flor/ En el árbol muerto, nada puede crecer. / Nada más que los frutos de su dolor. 

Día con día nos estamos viendo confrontados con datos impresos, tan profusos como masivos que nos dejan el ánimo vibrando con cierta desazón; no obstante que dicha información se construye y expresa mediante cadenas lingüísticas al uso del método científico. Así lo vemos y escuchamos en las ruedas de prensa que informan a la opinión pública, las fluctuaciones y avances de la pandemia del Covid-19, en México. Y lo hacen mediante presentaciones multimedia, en formato de diapositivas explicadas por el funcionario del ramo en turno. 

Una tras otra, se van sucediendo, ya sea en forma de matrices (tablas de dos entradas por márgenes: a) horizontal-alto, generalmente con datos de sucesiones temporales o montos/unidades; b) vertical-izquierda, categorías de factores, elementos, productos o conceptos dominantes); a manera de gráficos estadísticos (que son representaciones diagramáticas producidas por tablas de datos matemáticos); mediante tablas de enunciados –como una check-list de ideas centrales-, que sintetizan un estado de cosas o un diagnóstico general o específico; también, ocurre el diseño de mapas geográficos que señalan zonas diferenciadas del territorio por colores distintos y significativos de una idea diferenciada; o mediante gráficos de barras y/o curvas estadísticas, que representan cantidades resultantes de ecuaciones matemáticas más complejas (tal es el caso del incremento en los casos del contagio certificado, curva aguda alta en ascenso –con significado de grave-, o bien curva “aplanada” en incrementos leves y progresivos, tendientes a la horizontal –con significado de riesgo moderado), todas emitidas por las autoridades de Salud-Epidemiológica); o bien, mediante el recurso a gráficos de estados sucesivos de un objeto de análisis, u otros diagramas como simples listas de enunciados, etc. 

Y si bien, esta experiencia de intensa comunicación visual y auditiva nos resulta atrayente e interesante, no deja de sernos algo desafiante, nos causa desazón, a la hora buena de entender el mensaje que se nos pretende transmitir precisamente valiéndose de esos datos. ¿Qué hacer? ¿Cómo entender de mejor manera esos datos fríos de la Matemática, la Estadigrafía o la ciencia misma de la Estadística?

Mi punto de vista es que necesitamos reencontrar aquellos pasos perdidos, de cuyo horizonte se ha alejado nuestra misma sociedad altamente sofisticada y ahora dominantemente urbanizada. Pasos perdidos cuyas huellas podemos rastrear, gracias precisamente al recurso del mejor entendimiento y aproximación al método científico de cuya matriz, al final, dependemos para comprender mejor nuestra realidad; nuestro ahora complejo entorno social. Y esto, aunque parezca pretencioso, es posible y asequible a todos nosotros.

Para ello, me voy a referir como antecedente próximo, al debate central sobre el devenir de nuestro sistema educativo. En efecto, yo veo y me remonto a la todavía no muy lejana propuesta de reforma educativa de México –que finalmente no se hizo así, o fue interrumpida para que ya no fuera tal-. Y la causa inmediata la encontramos en lo que pudiéramos llamar contra-reforma operada por la 4ª Transformación, desde luego en su abordaje del sistema educativo del país. 

Mediante su intervención directa se manejaron las iniciativas de Ley que pretendieron actualizar las leyes secundarias que debieran emanar de la gran y supuesta reforma constitucional del Artículo 3º de nuestra Constitución Política. Una deriva legislativa, ya hecha Ley, pero que en los hechos sólo dejó acentos políticos y una vuelta a privilegios un tanto confusos de núcleos disidentes del magisterio nacional; bajo el tono reivindicativo de haber sido conculcados sus derechos tanto laborales como del ejercicio mismo de la enseñanza, a causa de la imposición de un sistema de Evaluación humillante y excluyente, que fue literalmente seccionado o decapitado del imprecado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE; lo que vino ocasionando un descoyuntamiento de institutos autónomos e institución central que hace de la práctica educativa del país un postulado falto de congruencia entre la teoría, la técnica administrativa, el modo de intervención, y la razón académica pura, por ello –ahora, opino yo- dejamos ahí extraviados en el horizonte, los pasos perdidos de nuestros sistema educativo nacional, dejando su operatividad real en un estadio de errante y errático curso. Aclaro, esta es mi percepción. 

Retomemos aquel enfoque original. El postulado muy simple de la reforma antecedente de Peña Nieto, consistía en enseñar a los niños a “aprender a aprender” – así lo expuso el que fuera vocero Aurelio Nuño Mayer, Secretario de Educación Pública Federal (SEP), cuando dijo: “En México estamos por culminar el nuevo modelo educativo para que las niñas y niños aprendan a discernir, razonar y dejen de ser personas que sólo acumulan conocimiento o lo memorizan sin hacer uso de la información” (Nota mía: LJA. Y, sí, la reforma va. 18/03/2017). Tesis que se suponía se iba a incrustar en los traídos y llevados Libros de Texto, cuyos contenidos actuales honestamente desconozco, los que por cierto debieron ser enriquecidos con las ideas –ni tan claras ni tan distintas, ¡ha! pobre Descartes- de la Cartilla Moral urbi et orbi promulgada en los prolegómenos del actual régimen reformando o en vías de transformación.

Asunto o tesis central de la reforma pretendida que, por cierto, no tiene otro anclaje que el correspondiente a lo que modernamente conocemos como Método Científico. Me permito enunciarlo, así sea brevemente debido a su extremada importancia. El esquema simple del método científico –y aquí entramos en materia- abraza precisamente esta filosofía del descubrimiento gnoseológico, que pasa para experiencias básicas de la vida real e ilustran perfectamente las fases de un aprendizaje en acto, gracias al proceso del conocimiento. 

Adoptemos un ánimo y un talante de reencuentro con nuestro espíritu de aprendizaje, que por cierto no es otro que el espíritu científico. Tenemos, para ejemplificar, el caso de un niño que se topa casualmente con una caja de cerillos. Comienza a satisfacer su curiosidad observando la cajetilla por sus cuatro costados, para descubrir que hay al menos en uno de ellos una cinta rasposa o áspera de color marrón. Logra abrir la caja y extraer uno de esos curiosos palillos de madera o pabilos encerados con una atractiva punta de color rojo o azul. Empieza a conjeturar qué pasa si roza la punta de un cerillo a la banda esa de color. La mamá, generalmente se percata de tal intento de operación, y le prohíbe hacerlo. No, no lo hagas, ¡te vas a quemar!  El chiquillo no hace caso y sigue ensayando su intuición creadora, sigue frotando el uno sobre la otra, hasta que pasa lo inevitable. La cabeza del cerillo se enciende –con gran sorpresa para el actuante- y le quema la yema de un dedito, debido a su inoportuno e inadecuado manejo. Y estalla: ¡Ay, me duele! – Resultado: – Primer conocimiento vivo, el fuego quema y la piel duele. 

Pues bien, ese proceso aparentemente simple, atraviesa sucesivamente las fases de la formación de un nuevo concepto o idea. Y lo podemos imaginar como un diagrama sencillo formado por los cuadrantes de un círculo. Y para ello, voy a seguir el modo militar práctico de ubicar la posición de un objeto/sujeto, utilizando imaginativamente los punteros de las manecillas de un reloj, según se desplazan en la carátula. 

Bajo este supuesto, vamos a visualizar la imagen de los cortes visuales que observamos en la carátula de un reloj; si seguimos el sentido del movimiento normal de sus manecillas: – 1er. Cuadrante (03:15 horas) Aquí se forma la Primera Fase de la investigación del método científico: es la Observación/Idea inicial (vemos y manipulamos una caja de cerillos); 2º Cuadrante, (03:30 h) Segundo paso, nace una Hipótesis/o experimentación (¿qué pasa si froto el punto rojo del cerillo con la banda marrón de la caja?) Y pasamos de inmediato a operar tal idea. 3er. Cuadrante (03:45) Indagamos qué resultado obtenemos; de su producto surge la necesidad de la Falsación –negación del hecho supuesto, no pasa nada-/ o evaluación –entra en llamas la punta del cerillo-, hemos constatado que hay un efecto acaso in-esperado. 4º Cuadrante (04:00 h) Fase última del proceso científico, se intuye y o descubre una Aplicación –el cerillo, entra en combustión,  produce fuego y así encendido o quema o puede a su vez encender otro material- /lo que da pie para una Innovación (civilizatoriamente, este al descubrimiento del fuego permitió el tránsito del comer carne cruda a la carne cocinada, un gran avance alimenticio para el homo sapiens); –y se llega a una aplicación evolutiva, para hacer fuego o encender una luz, basta con tener una caja de cerillos u otro medio que produzca incandescencia-. Paso al acervo del conocimiento. Ahora, hay que producirlos en serie y comercializarlos. (Nota mía: LJA. ¿Por dónde pasa la Reforma? Sábado 25 de marzo, 2017). 

Esta intención original de la reforma intentada, incoada y no concluida es válida, lo sigue siendo, no importa de quién provenga, de qué color partidista se haya hecho; de qué funcionarios, de qué régimen haya surgido. Marca el horizonte, ahora de unos pasos perdidos, pero que podemos volver a trazar, para seguirlos en su genuina dirección. El desamor o el franco desprecio por la ciencia, sí es causa efectiva de desazón para el hombre y la mujer que buscan la verdad. En fuerza de ello mismo, debemos re-encontrarlos.

 franvier2013@gmail.com

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