La historia de nuestros días/ La columna J  – LJA Aguascalientes
25/09/2020


“Tal vez el tiempo que hemos tenido, simplemente se nos escapó”

La historia es la manifestación de la memoria, es la reminiscencia del conocimiento, es la parte de la poesía que ha construido versos con los distintos idiomas que edifican el sentido de la existencia de los seres humanos; el tiempo es el recurso del filósofo para olvidarse de sí mismo y para encontrar la respuesta en el silencio. El historiador es el hierofante de las nuevas sociedades. 

La lógica nos ha guiado para sobreentender como es nuestra realidad, para tratar de dilucidar y seguir bajo el dogma, las normas y costumbres que establece cada generación. La realidad se compone de diversas circunstancias y del mismo modo su interpretación, pero como bien dice el dicho “aquellos que no conocen su historia, están condenados a repetirla”. Pero también es cierto que en muchas de las ocasiones la historia la escribe quien ha ganado la guerra o una batalla. El reconocido estratega militar Von Clausewits hacía referencia de que esta vida es simplemente una constante lucha, es una guerra permanente y que la historia se escribe con la sangre derramada en cada lucha. Pero también Borges refería que la historia es el sentido más inefable del mismo comienzo, algo similar a la filosofía budista que aduce que la historia es cíclica. Miles de interpretaciones existen sobre la historia y el tiempo.

La historia de nuestros días está caracterizada por un ser humano que ha perdido el sentido común, constantemente está enfocado en el consumismo y el materialismo, ahí radica su fortaleza, pero rara vez tiene la fuerza para poder soportarse a sí mismo. Hemos comenzado a destruir nuestro ambiente con la ironía de construir junglas de concreto y nos hemos alejado de lo más básico. La mayoría de la gente vive para trabajar y en muchas de las ocasiones lo hace fuera de las proporciones de su propio gusto, únicamente para satisfacer una necesidad creada por un dogma social que mide a las personas por lo que tienen y no por lo que valen, por eso ahora que estamos en la crisis del Covid-19, a la gente le asusta más su ingreso que su propia salud. Estamos en la era de la tecnología, pero no hemos utilizado esta ventaja y herramienta para hacer más eficientes nuestros recursos tangibles e intangibles. 

Tenemos el goce de nuestra libertad, pero la historia de nuestros días nos lleva a tener la errabunda aspiración de perseguir alegorías capitalistas. Existe una desproporción en la interpretación de lo indispensable, es decir, hay suficiente comida para poder alimentar a toda la gente del mundo, pero hay lugares en donde al menos 75% de la sociedad tiene sobrepeso y hay países en donde la hambruna es un problema de primer nivel. 

Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza, si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas, Noam Chomsky.

La historia de nuestros días ha desvanecido a los líderes que definían la prosapia de las naciones, y ha producido a personajes que provocan la ostentación. No en balde, la gente de un modo u otro busca encontrar sentido a su propia vida. La meditación, la ciencia, el ejercicio, el estudio son buenos refugios cuando nos replanteamos nuestro estilo de vida de manera particular, y para la condición general; invita a considerar algún nuevo sistema de interacción entre las naciones.

La historia de nuestros días nos invita a volver a escribir las páginas de nuestras vidas, tenemos la oportunidad de volver a empezar con la enseñanza de lo que está sucediendo. Es probable que todo sea mejor, no todas las generaciones tienen esta gran coyuntura, no en todos los tiempos de la tierra se ha visto la opción de volver a valorar lo que es importante. 

Estamos en el momento perfecto, en la encrucijada perfecta, para no volver a perder la brújula y el sentido común, cada persona escribe su historia y el legado que quiere dejar, pero cada país y cada generación puede dejar su remembranza en la historia del tiempo. Un virus nos está dando catedra de lo más básico y esencial, la familia, el tiempo y la libertad; no se es libre cuando el oxígeno es el materialismo y tampoco cuando la libertad se confunde con una dinámica social impuesta. Se es libre cuando se vive con congruencia, conciencia y sin temor a lo único seguro que tenemos en nuestra vida, la muerte. Así es una muy breve reseña de la historia de nuestros días.

In silentio mei verba. La palabra es poder.

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