La normalidad era el problema/ Matices – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Parece que hay en el inconsciente colectivo una idea muy clara: el anhelo por volver a la normalidad. Esta idea es motivada por un anhelo de volver a nuestras dinámicas sociales donde éramos cómodos: laborales, sociales, políticas, culturales, recreativas y personales. Pero quizá esa normalidad era el problema y el coronavirus es solo la gota que derramó el vaso, como han escrito algunos filósofos y escritores, claro, también hay cómo Savater, que en un tono más pesimista ha escrito que esto no es castigo de nada y que es una pandemia y punto. Sin embargo, sí ha puesto de relieve muchas cosas y ha desafiado ideas que parecía que teníamos superadas al menos en el occidente. Derivado de la lectura de ciertos filósofos, escritores y periodistas como Naomi Klein, Castells, Arundhati Roy, Yuval Noah, Boaventura Sousa, Edgar Morin y Byung-Chul es que he reflexionado sobre el status social que guardamos. 

El texto que más atinado me ha parecido es el de Arundhati Roy que desde el ejemplo de la India pone en la palestra una crítica al gobierno, medios de comunicación y la ciencia; muchos de este lado del mundo nos podemos sentir identificados pero también reflexiona sobre lo que significa la pandemia para nuestra estructura social, Roy afirma que es un portal entre nuestro pasado y nuestro futuro, que esa normalidad no volverá pero también advierte que podemos atravesar ese portal con las cargas del pasado como el odio, el fascismo, la discriminación, el individualismo, la intolerancia, la soberbia o la necedad y llevarlas al futuro o que podemos ir a esa nueva normalidad del futuro más ligeros, con la actitud de construir algo distinto, creo que estamos ante esa coyuntura. Aunque Savater niegue la existencia de algún portal o algo similar y minimice los efectos globales de la pandemia, tiene sus razones: es un pesimista que afirma que esto no cambiará a nadie ni nada y que el capitalismo seguirá ahí consumiendo el medio ambiente y la máquina de autodestrucción también seguirá ahí. También Byung-Chul tiene una visión similar y podemos verlo con muchos ejemplos, hay quienes buscan  atravesar el portal de la pandemia con esas viejas ideas capitales y depredadoras que hasta han aprovechado la crisis para pedir menos regulación en sus operaciones o condonaciones fiscales, aunque eso en el fondo signifique la afectación al medio ambiente o el menor ingreso a los Estados para afrontar la crisis. Claro, me refiero a los grandes capitales no a los pequeños ni medianos. 

En 2009, los esfuerzos se abocaron a rescatar el sistema financiero acompañado de deuda y de una austeridad republicana falsa, que debilitó el sistema de educación pública o sobre todo el de salud, tan sólo en México, para lo presupuestado en este año en comparación con el 2019 hubo una reducción del presupuesto al sector salud, que seguro ante la crisis ya cambió, pero esto es un ejemplo de lo que nuestra normalidad producía: una protección ilógica al sistema financiero y un descuido a la política social, educación y salud. Hoy vemos el reflejo de ello. Si hay quienes no pueden quedarse en casa es porque esa política social es fallida. Como estructura social nos preocupamos por mantener la inversión en nuestro país y no por elevar los derechos laborales y fortalecer los sindicatos, nadie se ocupó de ellos, solo los sindicalistas corruptos y los resultados están enfrente: no hay quien defienda los derechos laborales de los centenares de despidos en México y en la región. 

En la normalidad nuestra clase política se ocupó de ganar el poder, pero no se ocupó de generar una cultura democrática sólida que nos permitiera hoy tener más solidaridad en lo local, con nuestros vecinos o nuestros cercanos, no se ocupó en generar valores cívicos de calidad ni en fortalecerse a sí misma para generar confianza ante la ciudadanía: los resultados están a la vista, se agrede al personal médico, se desobedecen indicaciones básicas como la no aglomeración o se cree que el virus es una mentira. Otro reflejo del fallo de nuestra clase política en la normalidad es que las tentaciones autoritarias relucen antes que las soluciones democráticas. En Corea del Sur lograron parar la pandemia de la mano de la transparencia y la verdad, en otros rincones populistas del cierre de fronteras, toques de queda o negación de la verdad: la democracia también puede ser una solución. Los medios de comunicación y la ciencia también tienen responsabilidad en ese comportamiento bajo la normalidad. 

En cuanto a la comparación con otros escenarios, algunos de estos textos que leía se aferran a poner a Asia frente a Europa o frente América o a reflexionar sobre cómo Asia utilizó los datos personales para afrontar la crisis. En el diseño de soluciones y de tener una mejor vida también la normalidad nos ha jugado una mala pasada, Byung-Chul y Yuval han hablado de las bondades de la tecnología, de cómo se usaron datos biométricos y datos personales para prevenir a la ciudadanía de no asistir a lugares donde hubo focos de contagio; claro debemos migrar a un modelo más abierto con una regulación democrática sin caer en la tentación del autoritarismo. O cuando se requirió invertir en la manufactura de cubrebocas, Asia no dudó y produjo por millones para toda la población, porque es una medida que puede proteger a uno mismo de uno mismo; en el Occidente carecemos de ellos o creemos que no funcionan, gracias a nuestra normalidad. 

Todos los días se nos pondrá de frente el preguntarnos si la normalidad estaba bien, en lo personal creo que no, era cómoda pero no buena, sobre todo si pensamos en un mundo global que aspira a la solidaridad. Ahora que estamos en ese portal, entremos con cargas más ligeras, con ideas más sencillas como la solidaridad o la libertad, para ver si la nueva normalidad se convierte en algo mejor que lo pasado, ojalá así sea.

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