Replantear nuestra forma de habitar al mundo/ Memoria de espejos rotos - LJA Aguascalientes
16/01/2022

After all there’s only just the two of us

And here we are still fighting for our lives

Watching all of history repeat itself, time after time

I’m just a dreamer, I dream my life away

I’m just a dreamer, who dreams of better days…

Dreamer – Ozzy Osbourne

 

En esta coyuntura global, motivada por la contingencia sanitaria, no han sido pocas las voces que han ensayado la idea de que el modo de producción económica capitalista se está poniendo a prueba, y que -de hecho- está fallando al punto del colapso. Las economías dependientes del comercio globalizado, de la mano de obra precarizada, de la producción de satisfactores no esenciales, y el mismo papel rector de los estados en esas economías, están demostrando (en esta contingencia que ha tenido desde medidas moderadas hasta radicales, dependiendo de cada país) que la forma de consumir, producir, y distribuir en el capitalismo; así como el papel histórico del estado como ente procurador de la justicia, están descolocados y nos han llevado a la inequidad.

El capitalismo ha diseñado una forma de consumo dilapidadora, predadora, aspiracional, que atiende a satisfactores emocionales ligados al ego, a la creencia de ocupar una posición en el estatus, a la idea meritocrática de que “el pobre lo es porque quiere”, al fomento del ideal de éxito basado en lo material. Esta forma de consumo es inoperante frente a las condiciones contingentes que vive el mundo en estos días, semanas, meses; y, por lo que se prevé, la contingencia no durará poco. Ante este panorama, es urgente replantearnos nuestros hábitos de consumo, para así replantear todo un modelo de producción económica.

Al mismo tiempo, urge presionar por las vías formales a legisladores, funcionarios ejecutivos, empresarios, y sindicatos, para que discutan nuevas modalidades cooperativas de producción, distribución, consumo, y horizontalidad de ganancias, que aseguren la reducción de la base laboral precarizada y garanticen una mejor distribución de las plusvalías. Al mismo tiempo, los estados se están viendo orillados a retomar su papel rector en las economías, ante esta crisis, con la premisa de la procuración de justicia material entre sus sociedades.

Esto, por supuesto, se encuadra en el espectro ideológico de la social democracia. La idea por sí misma puede ser escandalosa para quienes han sido formados en lo más rancio del liberalismo económico. Por ello el énfasis no sólo en la economía social, sino también en la democracia: los procesos de construcción ciudadana y de civilidad han acompañado a los movimientos liberales, pero no dependen de éstos. Dicho de otro modo, el capitalismo necesita de la democracia, pero la democracia no necesita del capitalismo.

Esto implica una problemática de inicio: los regímenes actuales de capitalismo populista han apostado a ciudadanías erosionadas, poco críticas, emocionales, de participación electoral basada en el premio o en el castigo. Por ello no han tenido procesos de oposición suficientemente capaces de obstaculizar los cambios económicos y políticos. Ejemplos como México, Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, Colombia, Perú, son ilustrativos para entender cómo un pueblo trabajador, inventivo, empeñoso, queda entrampado en la desigualdad económica y en la inopia política.


Así, la acción que se requiere no sólo es en el plano individual de los hábitos de consumo; sino en el sistémico de la función rectora del estado, e –intermedio- en la relación entre empleados y empleadores. Es decir, es necesaria una acción conjunta en la que converjan lo micro y lo macro, en la que se articulen las nuevas formas de entender las relaciones sociales (laborales, sobre todo), y en la que se ponga en nuevo valor el papel del trabajo y de las necesidades mínimas de ingreso y de cobertura social que las personas tienen qué percibir, como obligación ética del estado y del capital, aunque esto implique reducir la escandalosa y obscena riqueza de un mínimo porcentaje de la población.

Si logramos tender hacia ese lado del espectro, será fácil articular el camino hacia otros horizontes posibles, deseables, y necesarios, como los que proponen las luchas de género, ambiental, decolonial, racial, de estado laico, de autonomía cultural, y demás manifestaciones urgentes que nos han marcado como humanidad desde hace un siglo, y que en esta centuria veintiuno se consolidan como un solo frente para recomponer y replantear la forma en la que habitamos el mundo y nos relacionamos entre nuestra comunidad.

[email protected] | @_alan_santacruz | /alan.santacruz.9


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