El nacionalismo económico mexicano/ Taktika - LJA Aguascalientes
09/08/2020


Palacio Nacional, Ciudad de México. 18 de mayo de 2020. Una reportera inquiere al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, sobre la batalla legal que anunció el Consejo Coordinador Empresarial respecto al Acuerdo de Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional. El hombre de pelo canoso responde así: “Ya hay una separación que no la había entre poder económico y poder político. Antes el poder económico dominaba y se atendía nada más el interés de los grupos de intereses creados, solo los hombres de negocios y no se atendía el interés del pueblo de México”.

El tabasqueño de hablar pausado continúa: “Se habían apoderado del sector energético, en particular de la industria petrolera y de la industria eléctrica, y estaban conspirando para destruir a Pemex y la Comisión Federal de Electricidad. Y hay constancia de lo que estoy diciendo”.

La escena arriba descrita sirve como prefacio al presente artículo, el cual pretende explicar qué es el nacionalismo económico, cuál ha sido la experiencia en México, en particular en el sector energético, y por qué el Acuerdo de Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional es la expresión más reciente del nacionalismo económico mexicano.

Según la Escuela de Negocios IESE de la Universidad de Navarra, el nacionalismo económico es “cualquier intervención del Gobierno en las transacciones privadas y que las distorsiona en base a la nacionalidad de las partes interesadas y que va más allá de lo que reflejan las preferencias de los residentes nacionales”1. Otra acepción de nacionalismo económico es: “La oposición contra la adquisición, por parte de grupos extranjeros, de compañías consideradas como estratégicas para el país”.



En México, el nacionalismo económico está estrechamente vinculado a la disputa épica librada por la posesión del petróleo, cardinal recurso estratégico, ante las potencias extranjeras. El primer aviso surgió, en 1867, tras la victoria de las armas de la República sobre la Francia de Napoleón III y el Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo, puesto que la generación de la Reforma “adoptó una perspectiva más nacionalista para la solución de los problemas nacionales”2.

Sin embargo, una vez que Porfirio Díaz arribó al poder arrogó una postura diferente. Díaz tomó dos decisiones: primero, granjearse el favor de las élites económicas locales; y, segundo, evitar la voracidad del poderoso vecino del Norte. Para tal efecto, se favoreció al empresario británico, Weetman Pearson, quien -gracias a su agresiva política comercial, el apoyo de importantes socios mexicanos, y el beneplácito de Díaz- estableció la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, la cual hizo de México el segundo productor mundial de petróleo. 

En noviembre de 1910 estalló la Revolución Mexicana. La lucha contra el dictador Porfirio Díaz, primero, contra el usurpador Victoriano Huerta, después, y contra dos intervenciones estadounidenses, por último, exaltaron el nacionalismo económico. En abril de 1916, sectores afines a Venustiano Carranza declararon: “Creemos justo restituir a la nación lo que es suyo, la riqueza del subsuelo, el carbón de piedra y el petróleo”.

Durante el Congreso Constituyente de 1917, dos mexicanos insignes encarnaron el nacionalismo económico: el veracruzano Heriberto Jara y el michoacano Francisco J. Mújica, quienes impulsaron al Artículo 27, el cual reafirmaba el antiguo concepto colonial de que la Nación tiene pleno derecho sobre la tierra y las aguas. 

La aprobación del 27 Constitucional no significó el fin de la lucha por la dignidad y la soberanía: “Los Estados Unidos, quienes habían remplazado al Reino Unido en la pirámide de la hegemonía mundial, no querían perder su injerencia en el sector petrolero mexicano”3. Lo anterior quedó demostrado en los tratados de Bucareli y el acuerdo Calles-Morrow.

El momento estelar del nacionalismo económico ocurrió el 18 de marzo de 1938 cuando el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río aprovechó un pleito laboral entre el sindicato petrolero y las empresas extranjeras para nacionalizar la industria petrolera. Cárdenas se dirigió en los siguientes términos: “He hablado al pueblo pidiendo su respaldo, no sólo por la reivindicación de la riqueza petrolera, sino por la dignidad de México que pretenden burlar extranjeros que han obtenido grandes beneficios de nuestros recursos naturales, y que abusan considerándose ajenos a los problemas del país”4.

La reacción popular superó la expectativa de Cárdenas: doscientas mil personas vitorearon al presidente en el Zócalo;  los estudiantes de la UNAM aclamaron al mandatario; y, finalmente, personas de todas las clases sociales llegaron al Palacio de Bellas Artes para contribuir al pago de la deuda con lo que podía aportar: guajolotes, joyas, máquinas de coser, etc.

Pemex fue, durante cuatro décadas, el motor de la economía nacional. Sin embargo, la caída de los precios internacionales del petróleo, la mala administración, la corrupción de los líderes sindicales, y la aplicación del credo neoliberal, a partir de 1982, el cual otorga primacía al mercado por encima de los intereses de la Nación-Estado, estuvieron a punto de hacer desaparecer a la paraestatal.

El escribano concluye: el Acuerdo de Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad del Sistema Eléctrico Nacional es el capítulo más reciente en la larga lucha entre las fuerzas nacionalistas y progresistas, por una parte, y aquellos que sostienen el mantra del neoliberalismo –intervención limitada del Estado- y sus aliados extranjeros, por otra.

Aide-Mémoire. – Barack Obama ya se metió de lleno a la campaña presidencial de 2020.

 

  1. – Nacionalismo Económico  https://media.iese.edu/research/pdfs/OP-07-17.pdf

2.- De Velasco, Soren. “Dignidad y Soberanía. El Artículo 27 Constitucional”. En Aurora Terán (Coord.) 1917, Año de un Gran Pacto. La Constitución Mexicana a 100 años de su promulgación, Aguascalientes, Congreso del Estado de Aguascalientes, 2017, p. 183

3.- Ibid, p. 195


4.- Cárdenas, Cuauhtémoc. Cárdenas por Cárdenas. Ciudad de México, Editorial Debate, 2016, p. 450

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