16/07/2020


Abunda toda clase de intelectualidad orgánica e inorgánica y toda una comentocracia interesada o desinteresada que menosprecia la profunda corrosión que sobre la convivencia ejercen las noticias falsas o fake news, alimentadas por agentes de propaganda y desinformación masiva con agendas claras, es decir, los nefastos bots. Se dice que con la libertad de expresión y discusión esas fake news quedan desactivadas de manera espontánea por la propia sociedad, no requiriéndose ningún dispositivo protector de la democracia, porque se deduce de él una represión (mayor, se supone, que la que ejercen los propagadores de bulos en régimen de completa impunidad) a las libertades fundamentales reconocidas por la Constitución. Esta “clase ilustrada” pregona que se trata de patrañas inofensivas, pero no atiende ni entiende la abundante evidencia disponible en el sentido de que una sociedad se conforma culturalmente con arreglo a la distribución del poder social que existe en su interior: si las mentiras son convertidas en doctrina oficial por los grandes medios en propiedad o sociedad con las grandes corporaciones, cualquier sociedad civil, aun las más avanzadas, se encuentra simplemente indefensa. Intentos cotidianos sobran, ahí están los casos de Notimex vs Artículo 19 y Aristegui Noticias, o bien Azteca Tv contra el gobierno federal y su política sanitaria; pero también Televisa con su interesada línea editorial.

Así, nuestros intelectuales y comentócratas, tornados ahora en expertos virólogos y epidemiólogos, sostienen que la alternativa, que es que el Estado dicte qué es “la verdad oficial”, es un rasgo autoritario propio de una dictadura de filiación evangélica-comunista. No es este el momento de explicar por qué no es ese el dilema a enfrentar (decidir entre la libertad para propagar mentiras sin responsabilidad o reinstaurar la censura). Baste decir por ahora que se da una peculiar paradoja: el Estado y todos sus organismos, funcionan sobre la base de la buena fe y las verdades presuntas. Los recientes episodios pandémicos revelan una curiosa transferencia que merece reflexión: ¿qué pasa cuando las verdades presuntas y de buena fe que requieren los organismos públicos para funcionar y decidir terminan suministradas por las fake news, en lugar de basarse en certezas más o menos objetivas sobre los hechos?

Dichas fake news son tan peligrosas que bloquean e impiden cualquier clase de independencia y autonomía cultural de la sociedad, con unos resultados previsiblemente catastróficos, pues “inoculan” el virus de acción política basada en la manipulación y la mentira. Lubricante adulterado que altera el funcionamiento del Estado y de sus instituciones. Y no me figuro peor situación que una en la que en medio de una pandemia, al menos la mitad de la población desconfía de sus instituciones públicas y desoye a sus agentes porque funciona en conformidad con la mentira interesada esparcida previamente. Lo hemos visto todos los días durante ésta jornada nacional de sana distancia y su mantra: “quédate en casa”. Es cierto, cientos de miles de contagiados y casi 8 mil muertos no es un panorama halagüeño. Pero podría ser mucho peor. Ya lo vimos en los países con sistemas “robustos” de sanidad pública y universal, que no es el caso de México.

P.S. Gran iniciativa la del cineasta Cuarón apoyando al movimiento “Cuida a quien te cuida”. Las y los trabajadoras del hogar (2.4 millones de personas según el Inegi) tienen derecho a un empleo digno y estable, aun en pandemia, y también a la Seguridad Social y las prestaciones derivadas de ella. No es un favor ni un acto caritativo. Es un derecho reconocido por la ley.

 

@efpasillas

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