La ciencia y sus demonios, segunda parte/ La columna J  – LJA Aguascalientes
13/08/2020


La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

Séneca 

Las realidades se componen de las percepciones humanas, cada tendencia, movimiento o fenómeno que se presenta de manera social tiene una justificación científica, una asimilación poco razonada, y una interacción de masas desmesurada.

La ciencia es un conjunto de conocimientos estructurados de manera lógica, analizados y procesados desde la observación, teniendo la argumentación explicativa de principios, y la generación de hipótesis e inferencias. Conlleva un estudio arduo y del mismo modo una investigación delineada por diversas líneas. Para efectos prácticos, la ciencia nos ayuda a explicar nuestra realidad, a entender los contextos y a determinar comportamientos.



Actuamos a modo de conveniencia y no por necesidad, me atrevo a esgrimir un debate con Maslow. El más claro ejemplo es la estadística, nos dice que en los últimos cuatro días hemos tenido la mayor cantidad de contagios por el covid-19, no obstante, la sociedad ha comenzado a retomar las actividades en aras de un restablecimiento económico que asegure la ficticia circunstancia de una mejor vida. La ostentosa obra de Carl Sagan, “El mundo y sus demonios” es una invitación a tener como estilóbato la duda filosófica en todos aquellos elementos que nos rodean. Finalmente, si intentamos dilucidar el concepto de realidad nos encontraremos con inmensas refutaciones intelectuales dignas de la retórica olíntica. 

La tesitura de la modernidad extiende un panorama en donde la comunicación es una herramienta fundamental, que les permite a los políticos llegar a las mentes de los ciudadanos. La aplicación y manipulación de encuestas genera una manipulación en la sociedad. De manera natural y justificada por la ciencia, está más que comprobado que, generamos simpatía por quien consideramos que lleva ventaja, es ahí, cuando las tendencias comienzan a modificar el presente y a construir el futuro, bajo líneas de conveniencia y procesos poco metódicos, pero de gran influencia se empiezan a generar conductas y tendencias. Tal y como el actuar dualista de la oscuridad.

Vivir en contradicción con la razón propia es el estado moral más intolerable.

León Tolstoi.

La ciencia es también una estructura argumentada desde perspectivas cuantitativas y cualitativas, de tal modo que es desarrollada en paradigmas que encaminan a una deducción.

Por medio de la ciencia se genera un contrapeso de lo abstracto y con todos los elementos que contiene, nos permite descubrir y describir los fenómenos de los que somos rodeados, desde la fuerza de la gravedad explicada por Newton hasta el comportamiento de las sociedades modernas que explicaba Max Weber.

Difícilmente encontramos, que la generalidad de las personas, se apegue a métodos y a la ciencia, esto repercute en grados de omisión que perjudican su entorno. Sus límites están diseñados en lo óptimo de un status quo. Tal parece que el ánimo mexicano es inmune a la pandemia, está en otras proporciones, no es que la ciencia desafíe a la fe dogmática que es emanada de una oración, pero tal y como expresaba Jacques de Molay “es innecesario coquetearle al desastre. Toujours coquetea au néglige”. 

Toda gloria conlleva en el dualismo de la vida, un demonio que se puede traducir como su lado opuesto, su antítesis pre existencial. Es decir, los grandes enemigos del ser humano son la ambición, la hipocresía y la ignorancia. La ambición de aquellos que prefieren la acumulación de la riqueza en lugar de conservar la salud y resguardar la vida. La hipocresía de quienes ostentan un doble discurso, pues dicen que nos resguardemos y salen a buscar el oro perdido de la humanidad; también aplica para los que dicen que tienen otros datos. O peor aún la ignorancia de aquellos que piensan que el covid-19 es un invento y una conspiración económica de los chinos para afectar al mundo. 

La ciencia le da la oportunidad al ser humano de arrancarse el corazón para utilizar el cerebro, es decir, permite que los sentimientos sean guiados por los pensamientos. La tecnología avanza a escalas desproporcionadas y en todos los sentidos, el mundo cada vez necesita ciudadanos de valores, personas que entiendan a los fenómenos con la filosofía de dejar un mejor mundo mejor a las próximas generaciones, por lo cual la ciencia y sus métodos serán fieles escuderos de todos los esfuerzos de los humanos que quisieron apegarse a la virtud.

In silentio mei verba, la palabra es poder.

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