La otra pandemia/ Debate electoral  - LJA Aguascalientes
04/12/2022

Como nunca antes, la información había cobrado tanta importancia como en las últimas semanas, a partir de la declaratoria de la Organización Mundial de la Salud de la existencia de una pandemia generada por la transmisión generalizada del coronavirus denominado Covid-19, gracias a los medios de información y la velocidad con la que se difunde la misma a lo largo y ancho del planeta, es que el mundo entero en muy poco tiempo tomó medidas al respecto, acudiendo en la mayoría de los casos a decretar la suspensión de aquellas actividades que generaran la concentración masiva de personas con el objeto de contener la llamada cadena de contagio, así, todos los países tomaron medidas de distanciamiento social (o cuarentena comúnmente dicha), las economías prácticamente se paralizaron, los aparatos gubernamentales y muchas empresas privadas implementaron las llamadas actividades desde casa, gran parte de los medios de comunicación decidieron tomar medidas de distanciamiento y trabajo desde casa de sus reporteros y personal en general, las actividades escolares presenciales de todos los niveles, tanto privadas como públicas se suspendieron, los eventos deportivos de todo el planeta también suspendieron actividades de manera indefinida, lo mismo sucedió con las actividades culturales, conciertos, obras de teatro, en fin, todas aquellas actividades de las consideradas como no esenciales fueron suspendidas en todo el planeta, incluido por supuesto nuestro país y así, gran parte de la población de manera responsable no tuvimos más remedio que recluirnos en nuestros hogares como un esfuerzo individual con el objeto de incidir en lo colectivo para como llaman los especialistas, “aplanar la curva de contagio”.

En México, desde aproximadamente la segunda semana de marzo, de manera voluntaria nos hemos recluido en nuestras casas y de ese momento a la fecha, los medios de comunicación y en general las redes sociales se han convertido en el principal insumo para obtener información de lo que está pasando en nuestro municipio, estado y país en general, de ahí que al inicio del presente texto afirme que la información en estos tiempos ha cobrado una importancia vital para todas y todos. Así, día con día la población se mantiene al corriente de lo que está pasando con la información que emiten las autoridades de los tres niveles de gobierno diariamente, así como también de las opiniones que emiten los llamados expertos y de las notas que circulan en las redes sociales, todo aquello como un esfuerzo por mantenerse al tanto y tratar de tomar las mejores decisiones respecto de qué hacer y qué no hacer durante la pandemia que acontece.

Hasta ese punto pareciere que todo va bien, marchando sobre ruedas, frente a un problema mundial, las autoridades se emplean utilizando todas sus capacidades para proteger a la población, la cual a su vez, se mantiene informada de los comunicados de sus gobernantes y de ahí cumple cabalmente con su parte ciudadana y con ello se genera una ejemplar sintonía de voluntades para resolver la problemática que nos adolece.



 

Pero como suele suceder siempre, las cosas en los hechos distan mucho de lo que debería de ser, ya que si bien tenemos acceso a gran cantidad de información, la cual es consumida por la población, en la mayoría de las ocasiones, la cantidad no va de la mano con la calidad, es decir, si bien existe información que nos bombardea casi minuto a minuto, la calidad de la misma deja en repetidas ocasiones mucho que desear. Las redes sociales se han convertido en un medio transmisor de información falsa, información sesgada, información que contiene matices para distorsionar la verdad de los hechos y con ello, generar en el colectivo una realidad paralela. 

Las notas falseadas, popularmente conocidas como fake news, suelen ocultar intereses políticos, económicos e ideológicos que pretenden manipular a la opinión pública con la intención de debilitar o hacer más fuerte a un poder.

Si bien es cierto que tanto las autoridades como los medios de comunicación tienen la obligación de difundir información veraz y objetiva, no menos cierto es que como receptores o destinatarios de la misma, debemos de mantener en todo momento el sentido crítico y contrastar la información, ya que lamentablemente es más común que se comparta con amigos o familiares, información con títulos y contenidos por demás sensacionalistas en redes sociales, sin que le dediquemos unos minutos para verificar la calidad de la información en la nota. 

A la imposición de estas realidades a modo se le conoce como post verdad y representa un atentado contra la democracia. Lamentablemente cada proceso electoral resulta cada vez más común que seamos objeto de información falsa respecto de un partido político, candidata o candidato, con la finalidad de poder interferir en el concepto del electorado de una fuerza política en particular, ante dicha estrategia la solución se encuentra muy accesible, si los ciudadanos nos aseguráramos de verificar la información antes de formarse de un criterio o afirmación. En los hechos desconozco si la información falsa que se difunde en contra de una candidata o candidato específico, logra modificar el resultado final en la contienda, lo que sí puedo asegurar es que ante la guerra de fake news entre los partidos políticos y contendientes, el único perjudicado es el elector, ya que terminan por confundirlo, generando incertidumbre y desalienta la participación, ya que concluyen que no hay ni una opción medianamente viable en la oferta política que se le pone a su consideración en la boleta electoral, por ello concluyo que esta imposición de realidades representa un atentado contra la democracia.

Ahora bien, si el problema de la difusión indiscriminada de información falsa tiene una repercusión importante en un proceso electoral y en general en la calidad de la ciudadanía en nuestra vida diaria, creo que en un contexto como en el que nos encontramos, dicha actividad cobra mayor relevancia ya que no solo se pone en riesgo la calidad de nuestra ciudadanía sino que se trata nada más y nada menos que de la salud de la población, por lo que no resulta exagerado afirmar que es una obligación cívica prevenir la desinformación verificando la procedencia de las notas que compartimos, comparando su contenido con el de otras fuentes y dando prioridad a aquellas basada en datos comprobables.

La información es la materia prima de la opinión pública y esta, a su vez, es la presencia de las y los ciudadanos en las esferas de poder necesitamos estar informados e informadas para ejercer nuestra ciudadanía y participar activamente en nuestra comunidad, por lo que autoridades, medios de comunicación, así como las y los ciudadanos en general, somos corresponsables de frenar la expansión de esa otra pandemia.


 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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