16/07/2020


Una de las acciones que más ayuda al contagio del Covid-19 es la movilidad de las personas en las comunidades. En México se han realizado múltiples esfuerzos para que la ciudadanía se quede en casa como única medida efectiva para contrarrestar el contagio del virus, pero no se ha logrado; el Gobierno Federal no ha tenido una estrategia didáctica, congruente y poderosa para comunicar la esencia de la pandemia y cómo debemos atacarla. La gente está desconfiada, algunos incrédulos de que exista el virus, entre otras cosas, porque la información oficial no coincide con la realidad. 

Cada autoridad de salud federal y local tienen sus propias formas y métodos para disminuir el contagio, pero son diferentes y contradictorias entre ellas abonando a la confusión y desconfianza de la ciudadanía. 

En este contexto, es preciso reflexionar respecto a cómo la ética puede ayudar a valorar y dar sentido racional a las decisiones encaminadas a contrarrestar el contagio del Covid-19, de forma tal, que coexistan la protección de la salud, la economía, el sector productivo y social, sin que se ponga en riesgo la vida de los habitantes de Aguascalientes. Veamos el contexto.

La crisis de confianza es que la entidad “encabeza la lista de las entidades que aumentaron su movilidad de una semana a otra” “el aumento fue de casi 12%, por lo que se prevé un incremento en los contagios de Covid-19: Esto puede significar un incremento en el número de casos en el futuro cercano porque más personas salieron a la calle, no respetaron quedarse en casa.” 

A pesar de lo anterior, se anunció que las empresas iniciarían el retorno a sus labores en forma gradual a partir del lunes 25 de mayo pasado, especialmente la industria automotriz y textilera, esto significa que, técnicamente se levantó la cuarentena, aun cuando se condicionó la reapertura al cumplimiento de protocolos sanitarios, que al decir de los especialistas no son suficiente para lograr contener el contagio.

El 22 de mayo el municipio de la capital, mediante decreto, levantó la suspensión de actividades y servicios de los establecimientos mercantiles en el municipio donde se concentra el 70% de la población del Estado. 

Al mismo tiempo vimos declaraciones de las autoridades de salud a nivel federal y estatal insistiendo que en el regreso a la normalidad no se debe relajar las medidas sanitarias, que se hará en forma “ordenada y programada”, que cada Estado actuará conforme al riesgo que tenga detectado, que la epidemia no ha acabado, que el riesgo de rebrote es latente a pesar de las medidas tomadas.

Como verán la información oficial contrasta con la tendencia de contagio y muertes que ha venido aumentado en la entidad, desde el 30 de abril al 23 mayo por la movilidad que tenemos.

Evidentemente los hechos nos muestran una realidad compleja porque decisiones como, creer o no creer que existe el Covid; quedarse en casa o no; obligar a las personas a respetar las medidas de confinamiento; levantar la cuarentena y activar la vida económica mediante protocolos, se han convertido en verdaderos dilemas que debemos resolver en el ámbito público y privado, es aquí donde la ética es una alternativa para tomar mejores decisiones, veamos porqué.

La Dra. Adela Cortina sostiene que la ética es rentable porque sirve “para abaratar costes en dinero y sufrimiento en todo aquello que depende de nosotros”, “debemos priorizar para invertir en lo que vale la pena”. 

En este sentido, la confianza es uno de los valores morales más efectivos en la vida pública, la decisión de levantar la cuarentena en estos momentos puede ser desmoralizante por el nivel de desconfianza que existe en la gente, porque no hay seguridad de que las personas lleven adelante su vida con bien, es decir, continua la desconfianza de que se está haciendo lo mejor para proteger su salud y su vida cuando tengan que ir trabajar, me explico.

En la toma de decisiones se debe priorizar los costos presentes y futuros que implica activar una empresa por los riesgos, ya que se activa la posibilidad de mayor contagio que necesariamente aumentarán por el desplazamiento de los trabajadores de sus casas a las empresas y el regreso a sus casas, por ejemplo, y al abrir los establecimientos mercantiles, bares, restaurantes, aun cuando tengan que cumplir protocolos. 

Por ello, vale la pena preguntar, ¿pueden coexistir el valor vida y el económico sin poner en riesgo una u otro? La respuesta desde la perspectiva ética es que sí, pero se requiere voluntad, confianza, integridad y comunicación. La voluntad de quienes detentan el poder político, económico y de los ciudadanos para hacer las cosas bien. La confianza como “el principal recurso moral de una sociedad” en todos los ámbitos. La Integridad para “hacer que las relaciones entre personas sean más transparentes y eficientes”, y la Comunicación porque “es más fácil y barata una sociedad de hombres veraces que una de mentirosos”.

Conforme a los especialistas, se debería continuar con el confinamiento para seguir limitando los espacios y el riesgo de contagios, pero además, diseñar y probar medidas que ayuden a coexistir el valor vida y el valor económico, por ejemplo, las pruebas colectivas para detectar a personas contagiadas asintomáticas, o bien, el diseño y la comprobación de que los protocolos de sanitización realmente eviten el contagio, sobre todo porque estamos hablando de comportamientos de personas, ya que no puedes aplicar protocolos que no han sido probados porque es la salud y la vida de personas que se busca proteger. 

Levantar la cuarentena sin acciones probadas, será contraproducente, más que activar la economía, activas los riesgos de contagio que al final serán más costosos, pero sobre todo expones la falta de valoración moral y ética de la vida humana, porque es inaceptable que mueran personas por no tener las precauciones necesarias para evitarlo.

Bien dice la Dra. Cortina “la maldición del cortoplacismo, la necesidad de tomar decisiones a corto plazo, que apenas deja tiempo para la reflexión, menos aún para decidir anticipando el futuro” … “ojalá hubiéramos tomado la ética en serio, porque nos hubiera ahorrado una ingente cantidad de amargura y de dolor humano que es lo importante, y también una ingente cantidad de dinero que es de lo que hoy todos hablan”. 

Aún cuando el mundo económico es incontrolable, si se toma en cuenta las normas éticas, sería bastante el ahorro de sufrimiento y gastos porque se hubiera invertido en lo que vale la pena, la salud y la vida de las personas, lo material se puede recuperar.

Seguramente hay quienes me digan que el hubiera no existe, pero en el mundo de la ética sí porque es una posibilidad de hacer las cosas de manera distinta, de mostrar músculo moral tomando decisiones que valoren principalmente a las personas. Sabemos que lo económico es importante para subsistir, pero sin poner en riesgo la vida de nadie. 

Para la gente buena de Aguascalientes, ¿Qué vale más, la salud y la vida o los recursos económicos? El dilema ético está latente, la decisión la tienen las personas, aunque sean desobedientes. 

 

miguel.najera@tec.mx

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