Oratoria y democracia/ La columna J  – LJA Aguascalientes
24/09/2020


La oratoria es un proceso en el que primeramente se escucha, posteriormente se piensa y de manera consecuente se habla correctamente. No es lo mismo disertar, o presentar una pieza de oratoria, al hecho de simplemente hablar. 

Muchos diccionarios mencionan que la oratoria es el arte de hablar en público con elocuencia. Uno de los principales objetivos que tiene este arte, es poder convencer, o en su casa persuadir al grupo de personas que este frente al orador.

Sócrates creó una sublime escuela de oratoria en Atenas, con una esencia arraigada en el patriotismo y en el sentido nacionalista, cuya máxima era enaltecer y engrandecer el camino a la virtud. Extender a los ideales como un fin del ser humano en cuyo camino se garantiza el progreso del Estado. En este bello arte, Demóstenes sobresalió en el tiempo que le aconteció.

La oratoria se trasladó a Roma, en donde Marco Tulio Cicerón precisó y abundó en este ejercicio de comunicación, para el argot político fue una herramienta con un alto valor pragmático y fue considerado como un elemento esencial para los legisladores de aquella época. Asimismo la oratoria contribuyó de manera sobresaliente en la poesía y en la literatura, ya que abundaba en los términos expresivos y retóricos.

En la antigua cultura griega, coadyuvó al constante desarrollo de preguntas retóricas, las cuales bajo un ejercicio mayeútico, desarrolla un proceso de investigación a priori y la generación constructivista de una postura. Del mismo modo la oratoria se caracteriza por inferir una esencia dramática que expresa con mayores clises la literatura que se está disertando.

En la democracia existen actos verdaderamente loables que engrandecen a su misma existencia. 

Cada ser humano tiene la capacidad de decidir cómo quiere trascender en esta vida, y bajo esa esencia hay quienes deciden, redactar, actuar, enfrentar, escalar, procrear, observar y un sinfín de actividades que motivan las mentes y los corazones de las personas.

La oratoria es un proceso, en el que se escucha bajo una asimilación de análisis, posteriormente se piensa, existe un proceso de retórico y de manera consecuente se habla de un modo correcto y persuasivo ante un público. Es distinto a simplemente disertar, o presentar una pieza de oratoria, al acto de comunicación que se tiene por medio del habla. 

La historia está siempre dispuesta a reconocer la grandeza de un poeta, de un filósofo y de un orador también. Sin reparar en lo mal que ellos pueden haber encajado en su tiempo, pero, habitualmente, juzga el estadista práctico por su éxito, no por sus intenciones.

 

Es el arte de hablar en público con elocuencia, uno de los principales objetivos que el ser humano, ya que es el poder de convencer, o en lo particular de persuadir a un grupo de personas, en una esencia paralela se extiende como un proceso de aprendizaje que coadyuva en el desarrollo de las competencias argumentativas, algo verdaderamente necesario para la formación de los políticos.

El arte de hablar en público es un elemento que impone a la elocuencia, es decir, todo buen discurso debe de contener ideas rectoras que estimulen a los oyentes, pero que al mismo tiempo tengan un impacto interno sobre la persona que está disertando.

A lo largo del tiempo, siempre han existido oradores y personas que hacen uso correcto de la palabra, es importante hacer mención de que independientemente del fin, sea positivo o negativo, dentro de la retórica de los dos conceptos, la oratoria influye sobre las masas. Tiene la capacidad de generar y crear movimientos sociales, también puede consolidar dictaduras, pero como característica muy particular puede tener una permanencia en la línea de la historia.

En la medida en la que existen generaciones que hereden mejores oradores y políticos que sean congruentes en sus palabras y acciones, entonces existirán ambientes para las nuevas generaciones, es decir, se comienza a crear un círculo virtuoso en el que de manera ecléctica se plasman diversos factores que comienzan a ser ejes de funcionalidad para una comunidad.

Cada orador, tiene perfectamente bien justificada su esencia, sus dogmas, y sus principales motivaciones, de tal modo, que el orador procede a dejar y a otorgar su mensaje sobre la mente de las demás personas, pero es ahí, en la memoria de las personas, el lugar en donde no se puede despojar como si fuera algo material, porque el espíritu siempre va arriba de la materia.

In silentio mei verba, la palabra es poder.

 

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