Bosque/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
20/09/2021


Se tiene que ser muy afortunado para encontrarse con alguien que, en algún momento de la educación básica, no te enseñen la historia nacional como una sucesión de movimientos armados, con brevísimos lapsos de paz entre las confrontaciones que los unos tuvieron con los otros con el único propósito de ascender al poder. Grandes periodos de nuestra historia se simplifican a una etiqueta (mundo prehispánico; Virreinato; Independencia; Porfiriato; y Revolución) para seguir con la historia reciente, donde se reduce nuestro pasado a las decisiones de un solo hombre a un solo hecho que lo define.

Reducir nuestra historia con este esquema tiene problemas desde donde se le vea, entre más cercano a nuestro momento es más sencillo percibir que no puede ser así, como si mágicamente, después de la Revolución surgiera Lázaro Cárdenas y realizara la expropiación petrolera para entrar de lleno al tiempo mexicano dividido en sexenios.

Tuve la fortuna de encontrarme con una maestra que tuvo la paciencia para no permitirme pensar en los asesinatos de Madero, Zapata, Villa y Carranza como resultado del golpe de una ficha de dominó con otra. Gracias a ella me repugna Victoriano Huerta, me enternece Bernardo Reyes, admiro a Felipe Ángeles y despierta mis sospechas Álvaro Obregón. Sólo si alguien te muestra la belleza en la forma en que crece la fronda se admira en toda su grandeza el bosque, entendiendo que el conjunto es resultado de la suma.

Puedo entender a quien le baste la visión del bosque, es sencillo hasta lo simple y permite distraer la visión hacia otra cosa, difícilmente hacia uno mismo, porque no te explicas como parte del conjunto sino como un simple observador.

Comprendo así, la simpatía que representa para el distraído el que alguien, quien sea, le brinde un esquema fácil de seguir, ¿para qué buscar la dificultad que genera el placer del descubrimiento, cuando tengo a la mano un resumen?, ¿para qué buscar las causas y motivos, cuando se nos brinda la respuesta inequívoca de un nombre o una fecha? Por eso funciona entre los seguidores de Andrés Manuel López Obrador que el presidente enseñe historia de México con la simplificación de las tres transformaciones: Independencia, Reforma y Revolución.


A los tetratransformistas les encanta que el maestro dicte cátedra todas las mañanas compartiendo los entresijos de la historia, siempre los sorprenderá con un dato nuevo, siempre parecerá más inteligente porque les revela nombres que no estaban incluidos en el resumen, siempre les parecerá cultísimo al contarles a detalle un episodio desconocido de esas transformaciones.

Mejor aún para el líder de la Cuarta Transformación, les regala todos los días la idea de pertenencia a un colectivo, uno que hará historia, si no tuvieron oportunidad de las otras etapas, esta, que él encabeza, que él dirige, que él determina, lo incluye, basta con subirse y atender las instrucciones para llegar a buen puerto, uno al que irremediablemente nos dirigimos, porque así él lo ha determinado.

He visto a las mejores mentes de mi generación, a personas entrañables, comprarse esta idea; aunque lo entienda, lo lamento; y lo entiendo porque en una época donde es necesario cuestionar nuestro origen, cultura, historia, conductas y comportamientos, la idea monolítica de la historia brinda un refugio; regala la sensación de alivio al no tener que decidir qué hacer porque basta seguir, se reduce la participación ciudadana a colocarse del lado correcto de la historia, ¿cuál?, el que el presidente determine, sin pensar, sin cuestionar, sin criticar, en esto que necesariamente debe salir bien, están todos juntos.

Para acentuar el efecto que provoca su encantamiento simplificador, el presidente no sólo divide la historia en segmentos, también en correctos e incorrectos, ¿para qué detenerse a descifrar todo lo que ocurrió durante la Decena Trágica?, mejor decir Madero bueno, Huerta malo, sin matices. En la historia según López Obrador sólo hay policías y ladrones, buenos y malos, y si te le unes, automáticamente aseguras tu lugar en el cielo transformado.

Bien por quienes crean en eso, lamentablemente, el bosque no es un simple conjunto de árboles.

Coda. El que quiera pensar, escribió en un aforismo Elias Canetti, debe renunciar a buscar adeptos. Ayer, el presidente demostró por qué es un mal maestro, no quiere pensar, le basta dictar, de nueva cuenta, simplificó para sus seguidores el sistema democrático gracias al cual llegó a la presidencia, y para que su visión permanezca, explicó que no hay que pensarle mucho, ni decidir entre tantos partidos, sólo debe haber dos opciones: liberal y conservador, buenos y malos, conmigo o contra mí.

 

@aldan

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Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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