07/07/2020


Marc Jiménez-Rolland

 

En un texto reciente Ben Kotzee nos invita reflexionar sobre las diversas formas en las que la epistemología nos puede ayudar a comprender los fenómenos educativos. Comienza reconociendo que el sistema educativo cumple un propósito en gran medida epistémico en la sociedad: proporciona conocimientos y habilidades que niños y jóvenes requieren para cumplir su papel en la sociedad. A veces, tareas educativas como éstas también recaen en otras instituciones que no son principalmente educativas. Una razón por la que los epistemólogos deberían interesarse en la educación es que, al llevar a cabo tareas educativas, las instituciones afectan lo que la gente sabe: directamente, al enseñar sobre ciertas cosas en lugar de otras; e indirectamente, al modelar cómo piensa la gente. 

Algunos de los conceptos más importantes en torno a la educación son epistémicos.

Aprendizaje. Es el concepto más general. Es tentador definirlo como ‘la adquisición de conocimiento’. De este modo, a veces se piensa que “para realmente aprender algo, no sólo se debe llegar a saber la verdad sobre ello, sino ver o entender por qué es así”. Sin embargo, algunos cuestionan que ‘aprender’ sea un concepto factual que requiera la verdad de lo aprendido: pueden aprenderse cosas falsas, que son ampliamente aceptadas en la comunidad o en la época. También se ha puesto en duda que el aprendizaje requiera justificación: la repetición y memorización parecen esenciales al aprender cosas como los números o el alfabeto. Finalmente, pueden aprenderse cosas que ni siquiera son creencias: habilidades, actitudes, hábitos, respuestas o sentimientos. No parece que el aprendizaje requiera creencia, verdad ni justificación; una definición más realista sería: ‘cualquier capacidad que el individuo desarrolla en respuesta a su entorno’. Aunque no sea un concepto epistémico, aparece en la explicación de otros conceptos que sí lo son.

Enseñanza. Aunque no todo aprendizaje la requiere, alguno se logra a través de la enseñanza. Al decirle algo a alguien, puede enseñarse conocimiento proposicional (‘saber-que’); pero también pueden enseñarse habilidades prácticas (‘saber-hacer’ o ‘saber-cómo’). Hay mucho debate sobre cómo efectuar la enseñanza. Algunos piensan que el concepto ‘enseñar’ proporciona orientación normativa sobre cómo hacerlo. La enseñanza no requiere que lo enseñado sea verdadero. Aunque ‘enseñar’ tiene una condición de éxito (que la persona instruida aprenda), es posible que se enseñe algo que no es verdadero (e incluso algo que se sabe que es falso). Uno puede enseñar algo para lo que no tiene justificación, o algo para lo que se tiene justificación inadecuada; pero quizá la enseñanza requiera presentar (lo que uno considera) justificación a quien aprende. Así, buenas y malas justificaciones podrían distinguir la buena de la mala enseñanza.

Educación. Al educar, alguien enseña algo. Para algunos la educación va más allá de la mera enseñanza: involucra conocimiento teórico y comprensión, que constituyen una mejora. Otros consideran que la educación no es necesariamente algo deseable, también pueden aplicarse a cosas que desaprobamos, criticamos, o a las que expresamos horror y repugnancia. Si la educación aspira al aprendizaje, ¿qué aprendizaje debe promover la buena educación? Conocimiento nuevo para el individuo y, por ende, más creencias verdaderas; formación racional de creencias, incluso si éstas no son verdaderas; o, integrando ambas, creencias verdaderas justificadas, mediante una comprensión de cómo la justificación de lo que se les enseña establece la verdad de lo que creen. De este modo, la educación debería ser argumentativa, no mediante amenazas o recompensas; asimismo, los maestros deberían enseñar aquello para lo que se tiene evidencia, en lugar de sólo verdades. 

Se ha pensado que esta concepción de la educación ofrece justificación del currículo educativo liberal (matemáticas, ciencia, historia, literatura, etc.). Cualquiera que se pregunte qué debería aprender está, por ello, comprometido a descubrir la verdad sobre: (i) sobre qué temas es posible aprender; (ii) qué es lo que puede aprenderse sobre esos temas; (iii) cómo el contenido de esos temas se compara en orden de importancia. Por tanto, preguntar qué se debería aprender compromete a adquirir un amplio conocimiento humano. Pero esto parece asumir que el currículo educativo es, en gran medida, adecuado; no justifica por qué enseñar eso en lugar de otras cosas posibles.

Aunque analizar estos conceptos mapea el terreno, las preguntas educativas normativas “¿qué debería enseñarse?” y “¿cómo debería enseñarse?” exigen ir más allá del terreno conceptual.

mgenso@gmail.com


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