El futuro debe ser optimista/ Matices  – LJA Aguascalientes
24/09/2020


En las últimas semanas y meses o años, las redes sociales y la discusión pública parecen girar sobre una carga emocional inclinada hacia el pesimismo; en las últimas semanas, la desaparición de organismos, el ataque a Conapred, la desaparición de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, los ataques a Aristegui, a Chumel y compañía o la poca capacidad de imaginarnos una alternativa en el futuro sostenible. Y antes no era tan distinto: la corrupción era el destino, la corrupción es el Sistema. Parece que la discusión nos obliga a ir hacia un pesimismo racional. Entre esos pesimistas he estado yo, reflexionando sobre los gobiernos que tenemos en todos los niveles: si en ellos se había depositado un nivel alto de esperanza; y decepcionan: ¿la sociedad puede recuperar la esperanza por la vía democrática? En un intercambio sobre esta idea; un amigo optimista me invitaba a reflexionar: ¿qué de lo que está sucediendo es realmente grave? Es decir, a veces el pesimismo nos lleva a exagerar las circunstancias, es una cualidad innata del pesimismo. Exagerar y no ver salidas. 

Leía una reflexión del doctor Alberto Bayardo: “En estos asuntos sigo a Max Horkheimer: espero lo peor, pero trabajo como si dependiera de mí lograr el cambio. O en sus palabras, soy pesimista en la teoría, pero optimista en la praxis.” Uno debe conducirse con unos niveles de optimismo y pesimismo racional, siempre en los matices. Debemos construir a través de la idea de no esperar nada bueno de las instituciones o de los personajes públicos o de la circunstancias; es decir, esperar lo peor. Pero actuar desde lo personal y lo colectivo como sí lo bueno que le pudiera pasar a la circunstancia dependiera de nosotros: una invitación a no abandonar el optimismo. 

Sobre este tema Matt Ridley escribió un texto denominado “El Optimismo Racional”, que vale la pena leer para entender el nivel de optimismo y pesimismo que debemos tener para conducirnos en la vida y más en la vida pública, aquí plasmo dos reflexiones particulares: “He argumentando que aunque dicho optimismo está claramente fuera de moda, la historia sugiere que es de hecho una actitud más realista que el pesimismo apocalíptico. ‘Nuestra desesperanza es desmentida por la larga escalada del pasado’, dijo H. G. Wells.” Si nos aferramos al pasado de México o del mundo, por ejemplo, siempre recordaremos lo peor que ha ocurrido. 

Es decir, según Ridley es más realista ser optimista que pesimista, es más viable construir algo real y palpable siendo optimista que pesimista, aunque en ocasiones las circunstancias no nos favorezcan o no se vea camino claro para ser optimista. 

Ser muy optimista pudiera parecer “insensible” para algunos o para muchos. Es decir, pensar que todo estuvo, está o estará bien pudiera parecer que se está ignorando lo negativo, la pobreza, la desigualdad económica estructural, la desigualdad de género estructural, la tentación autoritaria, la violación de derechos humanos o la corrupción, sin embargo como afirma Ridley, es todo lo contrario: “Es precisamente el hecho de que aún hay mucho más sufrimiento y escasez en el mundo lo que hace que tanto yo como cualquier persona con corazón desee que el optimismo ambicioso sea moralmente obligatorio.”

Ante estas reflexiones estamos en el país, en nuestro estado y en muchas ciudades frente a una obligación moral imperativa: ser optimistas. Pudiera parecer una invitación lejana y un imperativo un poco imaginario frente a la circunstancia del país o frente a una transformación que no responde a las necesidades del país. Pero es justo la invitación, que desde mi visión debe ser más sensata para construir las oposiciones que el país necesita, esas oposiciones que se deben construir no solamente en la arena partidista sino desde las instituciones autónomas, organizaciones de la sociedad civil, universidades públicas y privadas, medios de comunicación, líderes de opinión y asociaciones vecinales. Esas oposiciones deben construirse desde una idea muy elemental: el optimismo racional. 

No podemos ignorar nuestro sentimiento pesimista, porque en muchas circunstancias parece tan real, pero debemos entender que es más realista la construcción de algo positivo que una visión apocalíptica, es más constructiva una visión optimista respecto del futuro que una que diga que en los próximos años estaremos frente a las manos del comunismo, de una crisis económica, de un autoritarismo sin retroceso y ustedes mejor que yo conocen todas las frases pesimistas que pueden existir. Pero si las repetimos como mantra en lugar de actuar con optimismo como si de nosotros dependiera el cambio, aunque nuestro pesimismo nos diga que nosotros no hacemos la diferencia, seguramente construiremos proyectos, ideas, pensamientos, textos y hasta tuits que nos conduzcan a un mejor lugar, un mejor país y una mejor democracia: el futuro debe ser optimista o no será. 

Entonces, cuando hablemos de nuevos partidos políticos, de ideas nuevas, de foros políticos, de candidaturas, del futuro, de la polarización o del comunismo, debemos ser optimistas, es lo más realista que existe. Aunque hoy, el pesimismo sea el tono que impera en muchas discusiones.

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