16/07/2020


Desde hace varias semanas las personas se relajaron ante las recomendaciones de la sana distancia y quedarse en casa por lo que, realmente observé poca diferencia, ahora que salí de nuevo, pues lo único que se agregó al tumulto fueron los niños.

No ha terminado la contingencia como tal de hecho, quizá se extienda hasta gran parte del 2021 pero eso parece no comprenderlo la población, pues la sana distancia y los protocolos de higiene son indispensables para la supervivencia.

Según los investigadores México aún no registra su pico más alto y pese a eso se reactivó la economía con semáforo rojo sanitario, aunque el problema no es la reactivación sino el cómo lo viven las personas durante la contingencia.

Pareciera que el 1 de junio fue el permiso para vivir sin cubrebocas, sin medidas de higiene y sin festejo de despedida a la sana distancia pues para muchos es un fastidio y, no, no están dispuestos a hacer un esfuerzo por mantener su salud.

Ya sabe, ahora ir al banco es tedioso, hay que esperar en la calle y muchos no comprenden que las marcas en el piso, aún en la acera fuera de las instituciones bancarias, es obligatorio respetarlas, como medida preventiva, ante la pandemia. 

No todos los bancos tienen personal realmente interesado en seguir, fuera de la institución las normas de higiene, bueno pues en el banco al que acudí sí, lamentablemente el personal bancario y de seguridad tiene que lidiar con las personas que no quieren respetar la sana distancia y, además toman como pretexto el sol para revelarse y no respetar la sana distancia y aquí entre nos, el espacio personal.

Me alarmó la disminución del uso de cubre bocas, sobre todo en adultos mayores, pocos pequeños lo portaban y las personas bajo pretexto de traerlo “puesto” lo llevan bajo la nariz, en la barbilla, colgado de una oreja mientras se comunicaban con otras personas, por primera vez consideré el uso de la careta el cual había pensado retrasar hasta el regreso a las aulas.

Somos indisciplinados como nación, no lo podemos negar, pero ya mucho se ha preguntado si es mejor un sistema autoritario durante una pandemia a uno libre, ya ve usted que de cualquier manera el contagio es inminente pero las consecuencias pueden ser menores si decidimos acatar las normas.

Me comentó una alumna que ella tiene que tomar una combi para ir y venir a su trabajo, comenta que en la base efectivamente sólo suben a 5 personas mientras que ya una vez en la carretera, sin la mirada de quienes los pueden sancionar hacen del transporte público auto sardina, como en las promociones de Six Flags, así que si se pregunta cómo llegó el virus a los municipios, pues así, en transporte público.

En Francia, apelando a la norma en los camiones hay asientos cancelados para tener sana distancia mientras que, aquí los concesionarios llenan avariciosamente sus camiones sin que haya algo de precaución en ellos. Me pregunto si tendrán seguro social sus choferes o si les cubrirán la incapacidad en caso de que se contagian de COVID, la verdad lo dudo, esta historia del virus sino se ve, no se cree que existe y si a esto le sumamos las supuestas no muertes que se registran y se difunde por redes pues menos se cuidan los ciudadanos.

Quizá la ignorancia o la inconsciencia los hace vivir más tranquilos, sin embargo, el virus existe y la población se sigue contagiando.

Para poder volver a abrir las escuelas se necesitan tomar muchas medidas y vigilar que éstas no se pierdan. En muchas universidades públicas compactan grupos no por falta de espacio sino para reducir gastos, además de que efectivamente existen carreras muy demandadas. La gran pregunta es, un grupo de 32 tendrá que volverse de 18 para coexistir con sana distancia, pero según el número de inscritos ¿qué conlleva? Crear más turnos, construir más aulas, contratar más maestros con el mismo presupuesto y con los gastos que produce la contingencia pues ahora sí es obligatorio el gel antibacterial, jabón y recursos propios del baño.

Yo me preguntó si a los docentes nos darán un kit, caretas, guantes, cubreboca de inicio o si tendremos que seguir cubriendo los gastos ocasionados por la pandemia pues las instituciones se ahorran los gastos operativos mientras que nosotros desgastamos más nuestros equipos,  consumimos más electricidad y tuvimos que hacer gastos emergentes que no nos cubrieron como lo fueron tabletas para usar las pizarras electrónicas, cámaras web para mejorar la calidad de la trasmisión, libros electrónicos (bastante caritos para dar clase) y la ampliación de la banda del internet pues con poco no sé logra mucho y todo eso con el mismo salario. 

Dejar libres a los ciudadanos, enteramente libres no es tan buena opción, ya ve usted que Suecia permitió que su habitantes tomaran la decisión de dejar de salir o no, establecieron un poco de teletrabajo mientras las universidades y bachilleratos también se quedaron en casa sin embargo, no fue tan satisfactorio pues en las últimas semanas tuvieron lo que no temían, al día de ayer hay casi 39,000 mil casos confirmados y 4, 500 muertes, si lo medimos por densidad de población son muchísimas, sobre todo en comparación con México.

La decisión es suya, se arriesga y prueba si su sistema inmunológico le salvara la vida o decide por usted y sus seres queridos conservar la sana distancia, y se queda en casa si no tiene, en realidad por qué andar en la calle.

No hay una nueva normalidad, pues todo evoluciona para un verdadero cambio quizá no estamos listos sin embargo, de resistirnos la repercusión en la sociedad será mayor a lo que ahora vivimos.

 

Laus Deo

@paulanajber

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