07/07/2020


Estamos a poco menos de un año de que las y los mexicanos salgamos a las urnas a participar de la elección más grande que haya visto este país en su historia. Para ponerlo en contexto, no solo saldremos eventualmente 96 millones de electores a las casillas, casi 6 millones más que en la anterior elección federal, sino que habremos de elegir poco más de 3,500 representantes populares, contra los pocos más de 3,000 que elegimos aquella vez.

Para que todo ello suceda se requerirán más casillas y, por lo tanto, más funcionarios de casilla, más boletas, más urnas y más mamparas; esto es, como ha sido recurrente en los últimos días, nuestra democracia es “la más cara del mundo” de acuerdo con unas versiones, que han sido contra-argumentadas desde la perspectiva de lo barato que resulta una dictadura, en donde ni siquiera hacen falta elecciones.

Más allá de ese argumento, hay que notar una cuestión semántica, pero que si se quiere, refleja la base de lo que consumimos: la diferencia entre caro y costoso. Permítanme ejemplificarlo: si yo necesito un vehículo para transportarme de la casa al trabajo, y solamente para ese fin, comprar un Ferrari sería algo caro, por la relación entre el precio alto que debo pagar contra la utilidad de ese objeto que estoy consumiendo. Por otro lado, el adquirir una casa probablemente me sea muy costosa, tal vez lo mismo que un Ferrari. Lo que sí sé es que definitivamente es de mayor provecho comprarme una casa por el uso que le voy a dar. Por eso, hay objetos o servicios que pueden ser costosos, es decir, que para obtenerlos nos sea imprescindible desembolsar una determinada cantidad de dinero; pero de ninguna manera serían caros, si lo que estamos adquiriendo nos es enteramente útil. 

Algo parecido nos pasa con la democracia en este país en el que la vamos construyendo de a poco. Definitivamente debemos de gastar en boletas electorales, e imprimir 96 millones saldrá en mucho dinero. Ahora bien, debemos imprimirlas en un papel especial, deberá ser con calidad (¡Imagínense que el emblema de un partido político salga con colores diferentes! ¡Fraude!), en bloques de 100, con talón foliado para que no se impriman de más, y tramas de seguridad entre las que se cuenta una tinta invisible. Esas boletas, de por sí costosas, serán más por todo lo añadido. Lamentablemente se volverán muy caras, por una sencilla razón: muchas personas no irán a usarlas.

Esa sigue siendo la diferencia entre caro y costoso. Y este argumento no es nuevo, tampoco es único: así como se mandan hacer boletas se mandan a hacer carteles, actas, manuales, folletos, documentos, un montón de materiales y documentación, siempre basados en la desconfianza que desde el pasado nos dio todo aquello que relacionábamos con lo electoral, y que, a conveniencia de unos u otros actores políticos, vuelven a sembrarlo en el colectivo siempre en vísperas de una elección.

En Aguascalientes, los ingresos del gobierno para este año que ya va a la mitad, asciende a poco más de 27 mil millones de pesos. ¿Usted sabe cuánto se gasta en cuestiones electorales? Primero un poco de contexto: de cada peso que el gobierno gasta, 2.4 centavos es para los órganos autónomos (Osfags, Tribunal Electoral, Derechos Humanos, Transparencia, IEE –incluyendo lo que se destina a Partidos Políticos– y la Fiscalía del Estado). De todo ese dinero, al IEE le corresponde el 6%. O déjeme ponerlo de otra manera: de cada 100 pesos que el gobierno gasta, al IEE le tocan 15 centavos. 

No quiero decir con esto que sea mayor o menor la cantidad que le debe corresponder al IEE, y mucho menos comparar si una institución hace más o menos actividades con mucho o poco dinero. Estoy seguro que quienes estamos en los órganos autónomos, y en las demás dependencias, instituciones u organizaciones gubernamentales, cuidamos cada peso precisamente porque no es nuestro. Existe todo un entramado jurídico y operativo que nos hace celosos guardianes de lo que se realiza con dinero del pueblo, trabajando siempre bajo los criterios de legalidad, honestidad, eficacia, racionalidad, austeridad y transparencia.

Pero, para concluir, esa democracia, que aún así pudieran algunos considerarla costosa, no será de ninguna manera cara. Sostengo, para afirmar lo anterior, que no estamos comprando boletas o urnas o mamparas. Fortalecer a las instituciones electorales ha sido un factor más que abona a la gobernabilidad del estado y del país entero. Lo que estamos haciendo es invertir en un Aguascalientes en el que nos gustaría vivir. Viéndolo así, ¿Acudirás a la cita que tenemos el domingo 6 de junio de 2021?

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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