05/07/2020


El nombre del mes de Junio proviene de Juno, diosa de la maternidad y femenino del masculino genius. Junio es entonces la época de la inteligencia creadora del todo, del inicio, cuando la primera puerta se abre, una vez que la reina solar renacida en marzo, está madura para cruzar la puerta y comenzar la creación en el solsticio de verano.

Esta época solar de expansión y evolución del conocimiento nos sorprende con un regreso escalonado a actividades en una situación de pandemia plagada de información encontrada y difusa. Nos sorprende con la difusión masiva de noticias falsas para dividir a la sociedad, controlarla con mayor facilidad y logrando convencerla (o vencerla). Nos sorprende con la continuación de manifestaciones de aquellos seres que están cansados de ser pisoteados a lo largo del globo, y no tan sólo en un país determinado. Nos sorprende también con grupos que aprovechan estas manifestaciones para dañar a otras personas, escudándose en su aparente derecho. Nos sorprende con un rechazo a todo aquello que promueve la desinformación, un rechazo a la limitación del derecho al desarrollo adecuado de la personalidad de los menores de edad, un rechazo a todas las expresiones de discriminación y división social, un rechazo a toda clase de involución social. Nos sorprende al seguir escuchando alegatos que confunden la discriminación y el discurso de odio con libertad de expresión.  

Juno está creando, es su época, es su actividad predilecta. Juno es la diosa solar y renueva todo a través de la energía; “las coincidencias no existen, sólo la ilusión de creer que existen coincidencias…”(V for Vendetta). Cuando las manifestaciones están iluminadas por fuego, cuando las manifestaciones iluminan símbolos y monumentos, cuando no son empleadas para dañar sin justificación a otras personas, sino a expresar un sentir en forma legítima, no sólo tratan de llamar nuestra atención, sino de dirigirnos al acceso a nuestra consciencia solar, expandir nuestra mente, mostrarnos la puerta, y que cada quien decida si quiere cruzarla.

Pero, ¿por qué el fuego presente en las manifestaciones?; porque la luz es la esencia del espíritu; permite entrar en la oscuridad, iluminar y conocer lo que se oculta detrás de las tinieblas, y obtener un conocimiento profundo de sí mismo y los demás. La claridad de la luz ayuda a acabar con las tinieblas de lo que no puede verse. La luz nos ayuda a conocer, a encontrar lo verdadero, a acabar con la ignorancia, y dejar de temerle a lo desconocido. 

La luz encendida en esas manifestaciones, es la guía que ilustra y da conocimiento, la luz que barre la oscuridad, la falsedad, la mentira y la ignorancia. El “¡Ya basta!”, es contra eso. La luz es una manifestación contra la mentira y la manipulación, contra la falta de actuación, el despilfarro de los recursos, los abusos, las complicidades, el pisoteo y la denigración al ser humano.

La luz muestra que el ser humano puede unirse para ser escuchado y ha llegado al límite del trato indignante que se le causa por la inseguridad y la violencia, la falta de satisfacción de necesidades, la desestimación de los valores, la falta de educación, de trabajo, de trato digno, y sobre todo, por la desvaloración del ser humano.

Esa luz nos invita a que nos demos un respiro y paremos a pensar si la realidad es así, o más bien está así porque lo permitimos. Esa luz quiere que nos demos cuenta que otro mundo es posible, un mundo que debe buscarse, no a través de la violencia, sino de la fraternidad, el respeto, el amor y la solidaridad.

Esa luz quiere que nos proyectemos a través de ella, y que luchemos porque no se extinga. Que iluminemos a los demás para que vean que no son simple números, estadísticas o piezas de plástico en una ciudad; que son human@s, con dignidad, que merecen respeto y protección de sus derechos. 

Esa luz encendida en las calles refleja la fraternidad humana, el apoyo solidario, y la búsqueda de la verdad, mediante el combate a la ignorancia, las distracciones, las mentiras y las falsedades que se emplean para someter.

Luchemos por que esa llama nunca se extinga, y por cambiar la realidad en beneficio de todos; pues el ser humano es eso, una luz, un amor puro en conformación de esencias, no un objeto; y mientras no pierda su humanidad y no se convierta en un engrane más de una máquina insensible, otro mundo es posible…


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