04/07/2020


Junio es el mes del orgullo LGBT+, para muchas personas de la comunidad significa una oportunidad para celebrar que seguimos con vida, para mostrar que seguimos con vida resistiendo desde la alegría de sabernos diferentes. En este mes las calles se cubren de arcoíris, cientos de marcas suelen aprovechar para vendernos joterías y cooptar las despolitizadas marchas, que en un principio eran más una protesta social que un carnaval. Sigo pensando que a la comunidad nos falta aprender mucho de nuestra genealogía política, porque aventar glitter rosa no sirve más que para sentir que en unos escasos minutos tenemos el poder de existir, disculpen mi falta de festividad, el pinkwashing me da náuseas.

Mientras la primavera se prepara para darle la bienvenida al verano, para mí, en junio no existen días soleados, desde que tu sangre manchó de rojo la alameda, desde entonces en mi cabeza sigue sonando esa estrofa de Extremoduro:

 

La vida es roja si te vas

y me derrota igual

que en los sueños,

me olvido y ya no se qué hacer

no dejo de correr,

como en sueños.

 

Si no te vuelvo a ver,


El mejor resumen diario en tu correo por LJA.MX

no quiero despertar;

la realidad no me abandona.

Busco un mundo mejor

y escarbo en un cajón

por si aparece entre mis cosas.

De tu muerte está de más decir que la herida no cicatriza, que ahora las marchas del orgullo solo me recuerdan que en pleno 2020 me resulta ridículo que tengamos que seguir saliendo a las calles para decir que existimos.

Desde entonces la brillantina de colores me provoca muchas cosas, pero no orgullo, aún no olvido que hubo quienes intentaron politizar la muerte de alguien que ame con profundidad, diciéndose cercanos, y tratando de colocar a mi amigo en un tablero político del que no era parte, ni quería ser parte, porque su aportación política no estaba en el activismo de calle, estaba en el campo artístico, donde destacaba su humor ácido en el stand up, su ojo clínico en la fotografía, y su obsesivo hábito de escribir sobre los rincones más oscuros del ser, jamás dejó de lado su gusto por el existencialismo.

Te conocí a los 15. La primera vez que hablamos pensé que eras un insoportable, yo también lo era, ambos habíamos leído demasiado existencialismo que habíamos combinado con vanidad adolescente, tú tan Camus, yo tan Sartre. Ambos tan Dostoievski.

Nunca se nos quitó lo insufribles, pasaste de ser él sujeto con el que compartía un cigarro y una plática azotada entre clases del bachillerato, a uno de los amigos que permaneció siempre en mi vida, sin importar distancias, crisis existenciales, diferencias ideológicas, diferencias musicales (sigue dándome hueva The National amigo, no lo siento).

Han pasado un par de años, sigo esperando una llamada tuya, la posibilidad de compartir un Jagermeister (no he bebido uno desde que te fuiste), que me envíes otro capítulo de la novela que estabas escribiendo… y sigo esperando porque te arrancaron de nuestras vidas y esa es una herida que no ha podido cicatrizar.

Soy atea, aunque me gustaría tener algo de la fe que tenías en algo que no puedo explicar. Lo único que me reconforta, es pensar que tu carne se ha hecho ceniza, y la ceniza se ha mezclado con la tierra, la tierra viaja en el aire y cuando respiro vuelves un poco a mí.

Te extraño cada día de mi vida.

 

@KarinaLeyvaRdz


Show Full Content
Previous Tránsito Pérez y Héctor Suárez/ Marca Textos 
Next Posible acción de inconstitucionalidad pudo prevenirse consultando expertos

Comments

¡Participa!

Close

NEXT STORY

Close

Realizan reunión de Comisión para el Fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Aguascalientes

27/06/2019
Close