Lo comprensible y lo incomprensible/Memoria de espejos rotos - LJA Aguascalientes
22/05/2022

I am ahead, I am advanced,

I am the first mammal to make plans,

I crawled the earth, but now I’m higher…

Do the evolution – Pearl Jam

 

Es comprensible que, luego de décadas de haber padecido a una clase política asociada a la corrupción, a la injustica, y a la promoción de la desigualdad económica, nuestra ciudadanía haya buscado –por la vía democrática- opciones partidarias novedosas y con un fuerte discurso sobre la honestidad, la república, y la justicia social. Es comprensible, también, que esta nueva fuerza partidaria haya surgido de todos lados: de las asociaciones civiles, de los viejos partidos políticos, de las escisiones del propio poder corrompido. Es comprensible que nuestro pueblo, con una cultura tan arraigada en el caudillismo, haya endiosado al representante popular que hubo abanderado el cambio. También es comprensible que la nueva clase política en el poder haya pasado por dos penurias: la inclinada pendiente de aprendizaje, y la carga sobre los hombros de muchos de los yerros y vicios acumulados en la práctica política nacional. Finalmente, es comprensible que quienes hayan apoyado a ese proyecto que ahora detenta el poder, tengan pudor de desdecirse, de admitir un yerro, de perder la esperanza implícita en haber ganado la elección.

Por otro lado, también es comprensible que un hombre formado y criado en la segunda mitad del siglo pasado; con la cabeza llena de las ideas y de las fórmulas maniqueas del siglo pasado; con una fuerte carga religiosa basada en el cisma cristiano; con un duro posicionamiento sobre la bondad, la honestidad, y la moral; con la costumbre de tener siempre la razón; con un cúmulo de decepciones sobre la forma de hacer política en México; con dos cuestionables derrotas electorales en procesos visiblemente desaseados; con una manera de ver el mundo condicionada por su cultura y su formación; con una intrépida facilidad para los adjetivos; con más buenas intenciones que buenos métodos; con un alud de aduladores incondicionales y serviles; y con evidentes sesgos cognitivos y discursivos, llegue a perder el piso de la realidad del país, incluso aunque ese hombre sea –justamente– el presidente de ese país.

Paralelamente, es comprensible que quienes disienten de la clase política en el poder busquen cualquier resquicio para criticar, para denostar, para hacer burla de los modos y formas que el representante de ese poder tiene en su abundante repertorio de cosas criticables. Es comprensible que la oposición partidista, luego de años de haberse acomodado al viejo modo de operar favores y prebendas, ahora no sepa de bien a bien cómo organizarse para ser un contrapeso real. Es comprensible que los estratos sociales que ven amenazados sus privilegios a causa de la nueva forma de hacer política se espanten, renieguen, se opongan, o –de plano- obstaculicen la operación de lo público. Es comprensible que los sectores sociales que han sido históricamente vulnerados por el poder estén molestos por ser –ahora, otra vez- vulnerados por quienes actualmente detentan el poder.

Sin embargo es, a todas luces, incomprensible que a casi dos años de gobierno se hayan agudizado ciertas coyunturas que se resumen en: fracaso económico, fracaso educativo, fracaso cultural, fracaso sanitario; además de los atentados políticos contra las asociaciones civiles, contra los organismos reguladores, contra las instituciones y poderes de contrapeso, y –en general– contra la democracia; por no abundar en la polarización social del posicionamiento doctrinario y maniqueo de “estás conmigo o contra mí”, digno de cualquier gobierno totalitario, absolutista, y autocrático; o que la sociedad y los aduladores del poder hayan consentido los sesgos cognitivos y discursivos del caudillo en temas como la perspectiva de género, la laicidad del estado, y la increíble defensa a personajes y perfiles fuertemente asociados con la corrupción. 


Al mismo tiempo es francamente incomprensible que, ni como ciudadanos que disienten ni como ciudadanos que respaldan, hayamos podido fortalecer la civilidad, la democracia, la ciudadanía; oponiéndonos no a las formas, sino a los fondos, para poder poner límites a un poder que –comprensiblemente- se aferra a ser onmímodo mediante el criterio absoluto de un personaje que no entiende que no entiende.

 

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@_alan_santacruz

/alan.santacruz.9


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