04/07/2020


Es habitual en los políticos prometer enfocar sus esfuerzos en atender las necesidades de los más pobres; pero si un político usó al grupo poblacional menos favorecido con gran ahínco es Andrés Manuel López Obrador. Durante más de 18 años de campaña continua y particularmente en el proceso electoral que lo llevó a la presidencia utilizó a destajo la frase: “Primero los pobres”. Pero su actuar desde que asumió el gobierno nos deja en claro que, como buen político, sólo fueron palabrerías. Veámoslo desde el punto de la salud:

El pasado 28 de mayo Mariana Campos impartía una sesión sobre el análisis del gasto público en salud realizado por México Evalúa. La charla empezó con un dato claro, de 1999 a 2012 el gasto en salud presentó un crecimiento del 6% anual; ese crecimiento, aunque perdió tendencia persistió con un crecimiento del 1% anual hasta 2016. De ahí inicia el declive al -0.8% anual. Si bien en 2019 podríamos ver una tendencia marginal al alza esto se debe a un subejercicio del 2.8%; recordemos que el subejercicio NO es ahorro.

Nuestro sistema de salud no es un sistema integrado, por el contrario, está sumamente fragmentado lo que hace aún más difícil su manejo. Para fines prácticos hablaremos del servicio de salud de aquellos con trabajo formal y que cuentan con acceso a un sistema de seguridad social y aquellos que no.

Siempre se ha invertido más en los sistemas de seguridad social, especialmente el IMSS. Llegando en el 2004 a tener una diferencia tal que, el 76% del gasto en salud era para la población con seguridad social y tan sólo el 24% se le asignaba a la población sin seguridad social. Esta brecha de inversión se acortó tras la instauración del Seguro Popular, llegando a ser del 57% para la población con seguridad social y 43 % para quienes no la tienen durante 2012-2016. Para 2018 la brecha se abre nuevamente, 60% para la población con seguridad social y 40% para quienes no cuentan con ella.

¿Pero qué pasa con el gobierno que prioriza a los más pobres? En 2019 el presupuesto se mantiene igual al año previo pero para 2020 el gasto en salud es del 62% para la población con seguridad social y del 38% para quienes no cuentan con ella.

Ahora bien, recordemos que para el presupuesto de este año se hizo uso del Fideicomiso del Fondo para Gastos Catastróficos (FPGC), un instrumento con el que contaba el Seguro Popular para atender enfermedades de alta especialidad. Si tomamos en cuenta lo utilizado de este fondo tenemos una lectura artificial, pero es la que nos quieren mostrar, donde el 58% del gasto en salud se asignó a la población con seguridad social y el 42% a quienes no la tienen.

Nuestra primera reacción al comparar el presupuesto 2019 y 2020 tomando en cuenta la participación del Fideicomiso sería: ¡Qué padre! ¡Se invirtió más para los más pobres! ¡AMLO nos cumplió!

Pues, ¡¿qué creen?! ¡NO! En primer lugar, porque en este gobierno de transparencia absoluta, no queda claro cómo se van a gastar ese Fideicomiso. En segundo lugar porque el FPGC no es eterno, Mariana Campos calcula que, si se sigue usando una cantidad similar a la utilizada este año, sólo nos dará para 3 años más, después regresaremos a la realidad y sin FPGC.

Y en tercer lugar, ese fondo hubiera ayudado a los más pobres, pues para eso estaba diseñado, a no descuidar enfermedades de alto costo durante la pandemia de Covid-19. Actualmente los hospitales del sector salud de alta especialidad como son los institutos de Cardiología, Nutrición y Enfermedades Respiratorias están volcados en atender pacientes con SARS-CoV-2. Muchos de los padecimientos comprendidos en el FPGC son atendidos en dichas instituciones y en caso necesario en convenio con instituciones privadas, hoy sin ese recurso quedan desamparados.


El mejor resumen diario en tu correo por LJA.MX

Históricamente México ha invertido poco en salud.Se vislumbraba una esperanza en ese incremento que señalábamos al principio, sí, el que se dio en el período neoliberal. Pero ni con ello el país se acercaba a lo que sugiere la OCDE debe invertirse en salud, esto es el 6% del ahora denostado PIB. México es el último lugar de esta organización, invirtiendo únicamente el 2.4%.

Al compararnos con otros países de Latinoamérica tampoco salimos bien librados. Señala Mariana Campos que para alcanzar a Chile debiéramos invertir 686.00 dlls más por habitante. Échele números: Si éramos 126,200,000 habitantes para el 2018 y el dólar, viéndonos positivos está a 22.00 pesitos: La inversión (extra) debería ser de $15,092.00 por habitante: $1,904,610,400,000.00 Soñar no cuesta, pero…

En otras palabras, el año pasado se aprobó en México un presupuesto de únicamente $690,500,000,000 de los cuales $49,000,000 vienen de la liquidación del Fideicomiso del FPGC. Tan sólo 26 % del total que sería necesario invertir en salud para equipararnos al presupuesto chileno per cápita.

Ahora bien, cuando valoramos el gasto del bolsillo de la población, nos encontramos que la población gasta el equivalente al 2.5% del PIB. Es decir, la gente invierte por su cuenta exactamente lo mismo que el gobierno en salud; esto, nos explica Mexico Evalúa, implica un riesgo de descapitalización a las personas en caso de encontrarse ante un problema de salud importante.

Dejemos, por ahora, el presupuesto en salud que ya deja en claro que los pobres no están siendo tomados en cuenta. Vámonos a la pandemia por Covid-19:

No entraré en detalles sobre si México está haciendo pocas pruebas o no; ocupa el lugar 174 a nivel mundial en prueba per cápita. Esto lógicamente se traducirá en un subregistro enorme. Al inicio de la pandemia señalaba en mi cuenta de Twitter que en eventos como este siempre existirán subregistros, es inevitable. Pero debemos buscar que este sea el menor posible lo que definitivamente no es el caso en nuestro país, con una estrategia poco clara y con profundas inconsistencias en comunicación.

La OMS ha insistido una y otra vez en la importancia de las pruebas, pues bien: Carlos Rodríguez Peraza, economista y abogado del ITAM, cruzó las clasificaciones de marginación de la CONAPO, el índice GINI del CONVEAL, el índice de vulnerabilidad de la UNAM y la base de datos de registros de pruebas (casos confirmados y defunciones por COVID)… ¿adivinan qué encontró?

El 99% de los municipios de muy alta y alta marginación tenían menos de 10 pruebas comparado con el 49% de los de muy baja marginación. La tasa de letalidad en las personas que llegan a realizarse las pruebas en las comunidades de muy alta y alta marginación es del doble de aquellas de municipios de baja marginación. 

Mientras tanto, la tasa de positividad entre ambos grupos es la misma. Como dice Rodríguez Peraza, esto es importante ya que si el sistema centinela sirve, no se justifica que las unidades de monitorización estén concentradas en municipios con menos marginación. Por el contrario, ante la alta tasa de letalidad existente en los municipios más marginados debiera cubrírseles más.

Esto es algo que hemos mencionado en la cuenta de Twitter hasta el cansancio. También hemos comentado que si algo sentenciaría a México a la catástrofe –y lo está haciendo– serían los índices de pobreza y marginación; además del perfil epidemiológico con altos índices de obesidad, diabetes, hipertensión, insuficiencia renal etc.

La marginación y la pobreza no han sido profusamente analizados en las sesiones vespertinas como factores de riesgo. No pueden hacerlo porque no se ha medido. No pueden porque, como hemos demostrado, a este gobierno se le olvidó aquello de “primero los pobres”.

A menos, claro, que hablaran de que los pobres irán al frente como carne de cañón.

 

@boylucas

www.robertosancheztorre.net


Show Full Content
Previous Economía cultural y ciudades: Un desafío y una ventana de oportunidad frente a la actual crisis sanitaria/ Rompecabezas urbano
Next Cosío transparenta gastos ante el Sistema Estatal Anticorrupción de Aguascalientes

Comments

¡Participa!

Close

NEXT STORY

Close

Debe respetarse la legislación en materia de estímulos policiales

08/02/2016
Close