11/07/2020


CIUDAD DE MÉXICO.- Dos días antes de suicidarse, la enfermera María del Carmen Galeana, contagiada de covid-19 y quien sufría un gran desgaste físico y emocional por atender a pacientes infectados, escribió este angustioso mensaje en su cuenta de Facebook: “Mientras los muertos no sean tus muertos, no entenderás la gravedad de lo que estamos viviendo”.

Hablaba en nombre de sus compañeros trabajadores del sector salud que, con mucho, son la población más golpeada por el contagio, al grado de que representan más de 20% de los infectados a escala nacional, según las estadísticas presentadas el martes 2 por las autoridades sanitarias.

Estas cifras indican que de los 97 mil 326 infectados hasta ese día, 20 mil 217 pertenecían al sector de los trabajadores de la salud. Y de éstos, entre los que se encuentran 271 fallecidos, 42% son enfermeras, 32% médicos y el resto, laboratoristas, químicos, administrativos y demás personal.

El médico Fabián Infante Valdez, uno de los principales impulsores del recién creado Frente Nacional de Trabajadores de la Salud (FNTS), comenta: “Los trabajadores del gremio somos la población más afectada por la pandemia en todo México. Concentramos más de la quinta parte de las infecciones. No hay ninguna duda sobre este hecho tan dramático. Lo demuestran las estadísticas oficiales”.

–¿A qué obedece este alto nivel de contagio?

–Simplemente a que somos la población más expuesta, la que directamente y día con día tiene que lidiar con esta enfermedad contagiosa, porque ese es nuestro trabajo, así de sencillo. No es lo mismo tener contacto ocasional y durante pocos minutos con un infectado, a tenerlo durante jornadas diarias de ocho o 10 horas.

“Además, nuestro trabajo lo hacemos con un equipo de protección insuficiente y de pésima calidad, bajo constante tensión. Todo este desgaste hace que nuestro organismo se inmunodeprima y, por lo tanto, que nuestras defensas bajen, haciéndonos muy vulnerables al virus.”

–¿Y por qué las enfermeras son todavía más vulnerables, dentro del personal de salud?

–Porque ellas están mucho más expuestas al virus. El médico llega, revisa al paciente infectado, deja las indicaciones y luego se va. La enfermera tiene que estar junto al enfermo, tenerlo bajo su cuidado permanentemente. Y ahora, por el déficit de personal, hay enfermeras que atienden a siete u ocho enfermos al día. Tienen sobrecarga de trabajo.

“Es común, por ejemplo, que la enfermera tome poca agua para evitar lo más posible ir al baño a orinar, pues esto implica quitarse y volverse a poner su ya de por sí deficiente equipo de protección, y esta operación aumenta más el riesgo de infectarse. Pero el no ir a orinar les provoca, sin embargo, insuficiencia renal.

“María del Carmen Galeana estaba expuesta a todos estos riesgos y presiones. Por lo que sabemos, tenía graves problemas de depresión. Y aun así, en lugar de mandarla a tratamiento psicológico, sus superiores continuaron siendo muy rígidos con ella. Tuvo que seguir atendiendo pacientes en el hospital de Guerrero donde trabajaba… hasta que se infectó y optó por el suicidio.”

“Si mañana no despierto”

Comenta Infante Valdez que el gran número de infectados en el sector salud “agudiza aún más el ya de por sí alarmante déficit de personal”.

Y añade: “Aquí y allá, en muchos hospitales, se están infectando enfermeras y médicos. Los mandan a sus casas a confinarse en cuarentena y no hay quien los sustituya durante esos periodos. No hay reemplazos. Así, al disminuido personal que queda laborando se le aumenta la carga de trabajo”.

Pese a las convocatorias para contratar más personal, hechas separadamente por la Secretaría de Salud, el IMSS y el ISSSTE, Infante Valdez asegura que sigue habiendo un gran déficit, mientras que los médicos y enfermeras recién contratados –dice– laboran con bajos salarios, sin nombramiento de base ni seguridad social.

Agrega: “El personal médico que estuvo infectado y regresa a trabajar, no sabemos en qué condiciones físicas retorna, pues el virus trae secuelas a largo plazo, como fibrosis pulmonar, que hace depender del oxígeno. Aún está por saberse qué otras complicaciones podría haber. Esto nos preocupa mucho”.

En este contexto, María del Carmen Galeana fue una más de las miles de enfermeras infectadas en México. Y el hospital donde laboraba en el área covid-19, Raymundo Abarca Alarcón, de Chilpancingo, tenía las mismas carencias que otros nosocomios del país, denunciadas también por su personal.

Junto con otras cuatro enfermeras del hospital, dependiente del gobierno estatal, Galeana fue enviada a su casa al presentar síntomas de covid-19. Durante su confinamiento, en su perfil de Facebook compartía las quejas de sus compañeros de trabajo. Escribió, por ejemplo, lo que le comentó el médico Miguel Zapata: “Si mañana no despierto –me dijo–, quiero que sepan que no me mató el covid, fui muerto por la indiferencia de gobiernos sucesivos que desproporcionaron negativamente los presupuestos de salud”.

Sintiéndose incomprendida por el drama que sufría, Galeana escribió el 29 de mayo: “Mientras los muertos no sean tus muertos, no entenderás la gravedad de lo que estamos viviendo”. Dos días después decidió quitarse la vida.

Como ella, la enfermera Claudia Elizalde Cuéllar, del Hospital Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca, en el Estado de México, también resultó infectada.

“Yo trabajo en el área de hematología del hospital, donde no atendemos a pacientes con covid, que están en otras áreas. Por tal motivo, a nosotras no se nos proporciona equipo de protección. Resulté contagiada por uno de mis pacientes que estuvo en el área de urgencias del hospital, donde supongo que él a su vez se infectó”.

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