Trivialización de la violencia/ Matices  – LJA Aguascalientes
15/09/2020


Bauman, en su libro póstumo titulado: Generación Líquida, donde hace una crítica a algunas características de la generación millenial (1980-2000), hace una reflexión aguda sobre la exposición de la violencia y el mal en esta generación: “hasta qué punto estamos expuestos a diario a una violencia aleatoria, gratuita, injustificada. La violencia por la violencia sin ninguna otra finalidad… hacer el mal ya no exige motivaciones… ¿no ha pasado ya ostensiblemente de pertenecer a la clase de acciones encaminadas a lograr un objetivo a convertirse en un agradable pasatiempo y un entretenimiento?” 

Es decir, se ha trivializado el mal y la violencia. Es evidente que en nuestra sociedad la exposición a la violencia es gratuita e injustificada, hay niveles altos de polarización y que el mal se ha convertido en un agradable pasatiempo y entretenimiento, con una finalidad de espectáculo y aterrizó la idea en algunos ejemplos recientes que tienen muchas aristas desde donde la violencia y el mal es el eje central. 



El presunto asesinato por policías a Giovanni López en Ixtlahuacán de los Membrillos desató una serie de manifestaciones que derivaron en detenciones arbitrarias, desaparición forzada por un lapso de tiempo y violaciones de derechos humanos ya clasificadas así por la Comisión Estatal de Derechos Humanos. El suceso central derivó en la construcción de diversos discursos entre la clase política, la sociedad, las redes sociales y la opinión pública que no hacen más que reflejar la urgente necesidad de terminar con la exposición gratuita a la violencia y el mal y construir una cultura de paz. 

No pensemos que la violencia solo se manifiesta de manera física sino que sus manifestaciones son variadas, la psicológica, económica, laboral o política. En ese tenor, el tono de la discusión en redes sociales orquestada, como se ha comprobado por maquinarias de robots algunos para atacar al gobierno de Jalisco y otros para defenderlos, estuvo llena de odio y violencia, desde los memes que comparaban al gobernador con el mayor genocida de todos los tiempos: Hitler. Hasta quienes criminalizaban la protesta. Twitter parece haberse convertido en un espacio de irracionalidad y odio. Donde un mensaje equivocado o incómodo, puede convertirse en aquel donde la maquinaria de bots se active, no solo para cuestionar sino para violentar, poniendo fotos de tu vida privada en la discusión, inventando rumores y haciendo señalamientos falsos. Si bien es cierto que las políticas de Twitter, para ciertos temas como las fake news se han endurecido más que Facebook, y que los bots hasta algún momento pueden ser controlables, nada puede controlar a las personas reales que construyen sus personajes falsos llenos de odio y de violencia. 

Por otro lado, Raymundo Riva Palacio publicó en su artículo para un medio de circulación nacional que algunos jóvenes a quienes señaló por nombre, apellido y cuenta de Twitter sin verificar la información, habían sido quienes organizaron las manifestaciones. Sin ningún pudor el columnista violentó el derecho a una buena reputación, cruzando la línea de las calumnias y las infamias; y eso no es más que un ejemplo de un problema generalizado donde la violencia, de cualquier tipo se comete con facilidad, simplemente para tener información en un artículo. Hemos perdido el pudor de violentar los derechos de los demás y eso también ha provocado que se normalice la violación de algunos derechos porque esa violación resulta tolerable. 

Se ha trivializado en exceso el mal que nuestras conversaciones sobre este tipo de sucesos suelen ser de tono negativo, pesimista, alarmista, golpista y violento. Y no solo cuando los temas en exceso son así sino en cualquier tema, la violencia y la confrontación son el pan de cada día. Por ejemplo, hemos trivializado tanto el mal, que cuando en redes aparece un video muy triste sobre Alexander y sus amigos que hicieron un homenaje para que metiera su último gol, algunos comentarios no atinaron más que en bromear y demostrar su insensibilidad: “si hubiera sido Chicharito lo falla”, no hay límites entre el humor negro y la trivialización del mal, es decir marcarlos e imaginarnos, mucho más difícil es verlos. 

Este nivel de violencia en nuestra generación, en el mundo pero en particular en México ha llevado el nivel de discusión pública a un nivel álgido de confrontación, el tono de las manifestaciones del fin de semana pidiendo la distinción de AMLO es de confrontación y violencia no de diálogo y paz. Hemos renunciado a la construcción de paz por la vía democrática: la única manera de cambiar a un presidente en democracia y de manera pacífica por las diferencias que nos cause su modo de gobernar es mediante las vías legales; revocación de mandato en el 2022 o la elección de 2024, otra manera es inadmisible. 

Si leemos todo en clave electoral y en la lógica amigo-enemigo podemos encontrarnos frente a un laberinto violento y polarizado sin salida, la apuesta de la oposición, medios de comunicación, redes sociales, gobierno, del presidente y de quienes tienen responsabilidad en el espacio público debe ser pacificar la discusión pública, aunque signifique perder una elección.

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