Del carruaje al avión presidencial/ De imágenes y textos  – LJA Aguascalientes
25/09/2020


Por fin regresó el avión presidencial a tierras mexicanas, lo cual me hizo reflexionar e investigar sobre los transportes presidenciales a través de la historia de esta nación. Supongo que muy al principio de los tiempos, y como consta en las relatorías, los emperadores aztecas no acostumbran trasladarse mucho, se dedicaban a cuidar el inmueble, el recinto sagrado donde los dioses hacían contacto con ellos y les daban la línea a seguir para mantener el imperio de pie. 

Moctezuma Xocoyotzin por ejemplo, a pesar de todas las conquistas que llevó a cabo, según la historia era nula la posibilidad de que el pueblo lo viera, recordemos que por la cosmovisión de las culturas mesoamericanas la figura del emperador era vista como una deidad, un semi-dios al servicio de Huitzilopochtli, el amo y señor del universo azteca y claro, gustoso de los sacrificios humanos.

En este caso y como cuenta la historia, quienes se trasladaban por el territorio eran los guerreros y los corredores de relevos que recorrían diariamente más de 400 kilómetros del puerto de Veracruz a Tenochtitlán para entregar pescado fresco al emperador Moctezuma.

No es sino hasta la época de Maximiliano de Habsburgo donde se encuentran registros del uso de un vehículo para trasladar al emperador. Amparo Gómez, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) durante una entrevista para Crónica.com.mx (2017) comentó lo siguiente: “tenemos noticias de que había más de 30 carruajes de uso diario para Maximiliano, unos destinados al Palacio Imperial de México (hoy Palacio Nacional), otro al Castillo de Chapultepec y otros a Cuernavaca. Hoy sólo se conservan dos carruajes: el de gala, que los ciudadanos de Lombardo Veneto le obsequiaron a Maximiliano y es el que tenemos en sala, y otro es un carruaje de uso diario”. La lógica dice que, si hay vehículos, entonces debe haber caminos por donde transitar, es así como nace el Paseo de Emperador, una obra de Maximiliano que a la fecha sigue su trazo y es flanqueado por rascacielos y construcciones que hacen del Paseo de la Reforma una avenida cosmopolita. 

Otro famoso vehículo presidencial fue el “Landó” carruaje de manufactura francesa que utilizó Benito Juárez durante el periodo de 1862 a 1867. Lo interesante de dicho vehículo es que parte de su presidencia itinerante viajó, gobernó y vivió desde este carruaje.

Según el director del Museo Nacional de Historia, Salvador Rueda comenta que “no es un inmueble sino todo lo contrario: un mueble-residencia, hecho que lo hace único, donde Juárez pernoctó la noche previa a su entrada triunfal a la capital del país, en 1867. Fue utilizado en su recorrido por las diversas entidades del país durante la intervención francesa y el Segundo Imperio.”

Y de ahí nos vamos hasta el progreso, la modernidad de las comunicaciones en nuestro México, un transporte digno de los tiempos de modernidad al servicio de uno de los presidentes más ambiciosos y con la mira en Europa como referencia para hacer de nuestro país una copia parisina, don Porfirio contaba con un tren presidencial perfectamente acondicionado, un pulman con baño, dormitorio, sala de juntas, carro comedor entre otras comodidades, este ferrocarril fue conocido como Tren amarillo.

Sin embargo, el que gana los reflectores en la historia de las locomotoras presidenciales en nuestra nación es El Olivo, construido por la empresa Pullman Estandar´s Manufacturing Co., entregado el 25 de mayo de 1926 con un costo de 800 mil dólares fabricado a solicitud del presidente General Plutarco Elías Calles y que según cuenta la leyenda ni Obama lo tenía, el único que lo superaba en lujo era el tren de Pío XI.

Según la investigación de la revista México Desconocido el primer vagón de El Olivo era para uso exclusivo del presidente, el cual tenía un observatorio exterior y una sala de espera, donde gobernadores, presidentes municipales y personalidades de la política y la cultura hacían antesala durante las giras del presidente por la República Mexicana. También contaba con el despacho presidencial, dos alcobas con camas matrimoniales y tinas.

Y aunque Plutarco Elías Calles dejó de lado El Olivo para dar paso al uso de aeronaves no fue sino hasta con el gobierno de Manual Ávila Camacho cuando llegaron aviones que formarían la base del transporte aéreo mexicano y con Miguel Alemán Valdéz se incorporó un Douglas C-47 Skytrain versión militar para uso exclusivo del presidente.

Durante el mandato de Adolfo López Mateos se adquirieron las primeras aeronaves a reacción, así como aviones turbohélice Fairchild F-27 parecidos a aquellos que Aeromar tenía en su flotilla. 

Luis Echeverría usó un Bac 111 rentado y José López Portillo compró dos Boeing 727-100 los cuales llevaron al presidente en turno por todo el mundo.

Durante la administración de Miguel de la Madrid se adquirió un Boeing bautizado como “presidente Benito Juárez” primera versión, pues esta aeronave se tuvo que vender sin ser estrenada por la polémica que se genero debido a su alto costo. Sin embargo y con el paso del tiempo, se aceptó la necesidad de comprar un nuevo avión presidencial, así que el “presidente Benito Juárez” II, un Boeing 757 dio servicio a la administración de Carlos Salina de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón Hinojosa y la mitad de sexenio de Enrique Peña Nieto. 

Ahora que ha regresado el TP01 y nos han dejado conocerlo en su interior, me parece que es una aeronave que funciona para lo que fue diseñada, no es un palacio flotante como nos lo quisieron hacer ver y si es necesario para cualquier presidente contar con un transporte aéreo, porque el viajar en vuelos comerciales no sólo pone en riesgo la figura presidencial sino la de todos los pasajeros y la tripulación.

No sería la primera vez que, por decisiones de la cúpula del poder, el gobierno de México se deshaga de un avión. Regresemos al ferrocarril de pasajeros o al carruaje para que el presidente se sienta Juárez. 

 

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@ericazocar


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