La insulina y el racismo/ Análisis de lo cotidiano  - LJA Aguascalientes
01/07/2022

Hace un siglo ocurrieron dos hechos de gran impacto social y tan distintos que ponen en entredicho el concepto de “civilización”. El médico canadiense Frederick Grant Banting descubrió la insulina y la usó por primera vez en un joven diabético con resultado sorprendente. Su asistente era Charles Best un jovencito estudiante de Medicina alumno suyo. Por ello recibieron el Premio Nobel de Medicina. Grant tenía entonces 32 años siendo hasta la fecha el galardonado más joven. De inmediato dieron a conocer su descubrimiento a todo el mundo y no lucraron con ello. Entregaron la patente al Gobierno Canadiense que a su vez la repartió a todas las naciones sin costo. Fue un gesto de generosidad sin límites que posteriormente imitarían Jonas Salk y Albert Sabin creadores de la vacuna contra la poliomielitis y muchos más. La creación de una vacuna es de una enorme importancia mundial porque salva millones de vidas y puede hacer desaparecer enfermedades milenarias. La gran mayoría de las vacunas existentes fueron donadas gratuitamente por sus descubridores a toda la humanidad. Con esto los médicos demuestran el verdadero humanismo, ya que las vacuna se aplican sin distinciones de raza, clase social o nivel cultural. Recordemos que el primer trasplante de corazón fue realizado por el Dr. Christian Barnard y su ayudante, un técnico negro. Paradójicamente también en 1919 se vivió el primer gran disturbio racial en una ciudad de Estados Unidos. La ciudad de Chicago estaba poblada por una gran mayoría de inmigrantes irlandeses. Pero se abrieron entonces los grandes rastros para producción de carne y necesitaron mano de obra. Los negros del sur atraídos por la oferta de empleo llegaron a Illinois y los irlandeses les declararon la guerra, con la indiferencia o complacencia de las autoridades civiles y la policía. Lo primero que hicieron fue prohibirles asistir a las playas. Un grupo de muchachos afroamericanos pretendieron llegar a una de ellas y fueron recibidos a pedradas por hombres irlandeses. Uno de los jóvenes negros murió. La policía detuvo al culpable y lo dejó ir por falta de pruebas. Con ello se iniciaron disturbios en todo el país con enfrentamientos en las calles. Solo en Chicago fueron asesinados 58 ciudadanos negros por civiles blancos. El alcalde y la policía no hicieron nada. La violencia duró dos años y como vimos recientemente, sigue hasta la fecha, cien años después. Veamos el contraste, unos hombres son capaces de salvar millones de vida con su ciencia, sabiduría y generosidad. Otros hombres son capaces de asesinar a sus congéneres por diferencias de color, religión, ideologías y otros desacuerdos igualmente triviales. Y somos la misma humanidad. Ahh y por cierto, para esas fechas, en 1920 acá en México todavía no salíamos del caudillismo. En ese año los generales Obregón, De la Huerta y Calles lanzaron el Plan de Agua Prieta en una pequeñísima ciudad del norte del país, que buscaba desconocer a Venustiano Carranza como presidente. Este se negó a renunciar y fue asesinado. Otra vez lo mismo mexicanos matando mexicanos, por ostentar el poder. Tal vez nuestro mundo es incomprensible o tal vez el no comprenderlo es nuestro problema, porque a fin de cuentas, así ha sido y así es.


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