Merolico/ Bajo presión  – LJA Aguascalientes
23/09/2020


El presidente Andrés Manuel López Obrador es el político más hábil de la historia moderna del país, de eso no tengo duda. Coloco un punto y seguido para intentar sacudirme a los fieles tetratransformistas, analfabetas funcionales, la mayoría que no saben, no pueden y no quieren leer más allá de unas cuantas líneas, acaso el primer párrafo, sigo. Esa cualidad como político del presidente reside en que es un merolico extraordinario, que abarca las cuatro definiciones del diccionario de la RAE: Habla mucho y sin sustancia; hablador indiscreto; embaucador; persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía.

¿Qué vende López Obrador? A sí mismo, un somero recorrido por las publicaciones de su grey demuestra que ya es considerado como el mejor presidente de la historia, sin haber logrado en los hechos nada sustantivo, en sus recorridos constantes ha conseguido embaucar a sus seguidores y venderse como lo mejor que le ha ocurrido al país, de la misma manera en que el vendedor ambulante consigue que le compremos una chuchería inservible, viéndonos la cara.

No es nada difícil entender de qué va el Producto Interno Bruto (PIB) y para qué sirve, es posible que se nos escapen los detalles de la complejidad que implica elaborarlo, el PIB calcula el estado de las actividades económicas del país, esa actividad se divide en sectores (primario, secundario…) que se agrupan de acuerdo al origen de esa actividad (agricultura, industria…); el PIB se mide por trimestres, de acuerdo a la estimación oportuna que presentó el Inegi, se calculó un derrumbe histórico de -18.9% anual en el segundo trimestre del año, y con respecto al primer trimestre tuvo una variación, también negativa, de 17.3%.

El gran truco para que la sociedad no se involucre en las políticas públicas ha sido alejarnos de su comprensión, es macroeconomía, se nos indica, para dejar de poner atención, para dejarlo en manos de los especialistas; entender qué implica una caída de esta magnitud en el PIB sólo requiere mirar a los lados, contar los montones de letreros de Se renta, los negocios que ya no abrieron, los empleos que se han perdido.

Esta es la caída del PIB más grande en la historia nacional, da cuenta de que estamos no en una recesión sino en una depresión, también es sencillo entender la diferencia, la primera se refiere a un mal momento económico pasajero, la segunda implica tocar fondo por un tiempo más largo, como cuando se apaga el auto por un mal cambio de velocidad, pero enciende enseguida y ese momento en que el coche ya no arranca y hay que bajar a empujarlo hasta el taller.

Esta recesión en que se encuentra el país no es culpa de López Obrador, pero sí es su responsabilidad establecer políticas públicas efectivas para que el auto vuelva a andar, no vamos a salir del bache por arte de magia, ningún hechizo bastará, al pensamiento mágico del presidente “Tan bien que íbamos y se nos presenta la pandemia” se opone brutal la realidad, él mismo reconoce la pérdida de un millón de empleos, lo que aterroriza es la irresponsabilidad del merolico, pues ante los datos duros de la devastación que dejó la pandemia de coronavirus, celebra su estrategia: la repartición de apoyos a “los más pobres” y las remesas, por donde se le vea, insuficiente.

El presidente sabe que esta crisis es su responsabilidad, no por nada declara que la crisis le vino “como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”, el problema es que obnubilado en la defensa de su persona, confunde a propósito la magnitud de la crisis, considera que es transitoria, que la economía se va a arreglar con el deseo de que haya justicia en el país, se combata la corrupción, se entregue dinero a los más necesitados y se siga recibiendo dinero del extranjero; efectivamente, al vendedor de esperanza que es López Obrador, esta crisis no pudo ser más oportuna para su propósito, la incapacidad de su gobierno para establecer un programa de reactivación económica podrá ser omitido por la magnitud de la crisis sanitaria, ya lo tiene todo para ser un héroe nacional, esos que juegan como nunca y pierden como siempre.

Coda. En El aprendizaje de la sabiduría, José Antonio Marina describe como una persona inteligente a quien sabe salir bien parado de una situación, escribe: “Un comportamiento inteligente pone en juego todos nuestros recursos: intelectuales, afectivos, volitivos y sociales. Su finalidad no es conocer, sino actuar adecuadamente. La felicidad es su último objetivo. A esta capacidad de la inteligencia para dirigir la vida la llamaban los antiguos sabiduría”, López Obrador no es un hombre sabio, es un merolico que con el engaño de los otros datos consigue mantener la venta de sí mismo, a pesar de que, probado por la realidad, es un artículo inservible.

 

@aldan

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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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