¿Qué queremos para Aguascalientes? - LJA Aguascalientes
19/01/2022

Aguascalientes ha venido creciendo a un ritmo impresionante en las últimas décadas. No sólo en cuanto a la tasa de población, que pasó aproximadamente de 600 mil a 1.3 millones de habitantes en 40 años, sino también en lo que se refiere al crecimiento de su infraestructura urbana, en la diversificación de sus industrias y por supuesto en los retos que vienen aparejados con esta tendencia.

Los servicios públicos como el alumbrado, el transporte y la recolección de los residuos se volvieron parte fundamental del quehacer gubernamental, pero también aspectos como la reducción de la pobreza y la desigualdad, los servicios de salud, el acceso al agua potable, la construcción de ciudades sustentables y la innovación de las industrias, que, por cierto, forman parte de la agenda global conocida como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Sin embargo, en pleno 2020 vale la pena preguntarnos ¿qué tanto hemos avanzado en la atención de las necesidades de las y los aguascalentenses?, ¿qué estrategias han funcionado para apuntalar el desarrollo, crecimiento y bienestar de la población?, y lo más importante quizá, ¿qué queremos para el futuro de Aguascalientes?

Desafortunadamente hoy parece que esa discusión se ve desplazada por el marketing político y las pugnas de partido que impiden hacer un contraste real de lo que ha funcionado, de lo que debe tener continuidad, de aquello que debe modificarse en función de indicadores precisos y por supuesto de las propuestas puntuales que surjan de cara a la renovación de los cargos de gobierno. 

La seguridad pública, la movilidad, la situación del campo y el servicio de agua potable son algunos de estos temas que lamentablemente pasan a segundo plano, cuando deberían ser atendidos con total responsabilidad y formar parte de un debate público permanente. 

Y es que en esta reflexión, a la que estamos obligados todos, debemos poner sobre la mesa también los retos de la realidad que vendrá tras los efectos del nuevo coronavirus, en materia de salud pública y en el terreno económico, pues lo cierto es que, como en muchas otras partes del mundo, el impacto está siendo devastador para miles de familias.

Aguascalientes había venido creciendo en los últimos 10 años a una tasa superior al cuatro por ciento anual. Sin embargo, luego de los efectos económicos de la recesión nacional, los recortes presupuestales que ha aplicado la Federación y la presencia de la pandemia de Covid-19, es casi seguro que la economía del estado decrecerá al menos cinco puntos porcentuales. 

La declaración reciente del presidente de la Coparmex en la entidad, Raúl González Alonso, confirma el tamaño del reto que vendrá para los próximos años: las empresas del estado tendrán que hacer todo lo posible por sobrevivir. 

El sector automotriz que por tantos años ha sido el pilar del crecimiento económico de Aguascalientes y la base de la generación de miles de empleos, por ejemplo, ha sido uno de los más golpeados por esta situación. Sin embargo, los expertos en economía habían venido advirtiendo desde años el declive de las industrias tradicionales y la necesidad de evolucionar o adaptar éstas a nuevos modelos con mayor incursión de la tecnología y los procesos digitales. 

En este sentido vale la pena preguntarnos, ¿qué estamos haciendo hoy para rescatar y renovar nuestras industrias?, ¿qué estrategias estamos implementando para garantizar que superen la crisis económica más fuerte de la historia?, ¿hasta dónde tendrán vigencia en un mundo que camina aceleradamente hacia la inteligencia artificial y la digitalización?

Aguascalientes ha avanzado mucho en las últimas décadas y ello se ha logrado gracias al esfuerzo de sus gobiernos y de una sociedad comprometida con su propio bienestar y el de las nuevas generaciones. Sin embargo, hoy es tiempo de hacer una parada en el camino, retomar lo que ha servido y desechar las prácticas que han lastimado la relación gobierno-sociedad y que han impedido reducir las brechas de desigualdad.

Además, es necesario que entendamos que vale más la formación de ciudadanos plenamente conscientes de sus derechos humanos y políticos, que cuestionen con firmeza a sus autoridades y que también participen activamente en la solución de los problemas de su comunidad, que la acumulación de seguidores en las redes sociales que se vuelvan simples espectadores de una realidad que camina sin una ruta clara. Sólo así aseguraremos un buen futuro para esta tierra.



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