El valor del canon está en su discusión y la reelaboración - LJA Aguascalientes
01/07/2022

  • Entrevista a Alejandro Zambra sobre Poeta chileno
  • En la novela más reciente de Zambra, el autor concentra su mirada crítica, profunda sobre los laberintos de la masculinidad contemporánea, los vericuetos del amor, el deseo valiente de escribir y leer en un mundo cada vez más hostil a la libertad, al cuestionamiento personal y social

 

 

Poeta Chileno es la más reciente novela del escritor chileno Alejandro Zambra (Santiago, 1975), publicada por la editorial Anagrama. Una novela que nos sorprende por el retrato vívido que realiza el autor sobre el ecosistema cultural poético chileno. Un país, que según se nos ha dicho la Academia Sueca de la Lengua, los chilenos son los bicampeones mundiales de la poesía. Un país que ha dado al mundo a poetas tan grandes como Neruda, Huidobro, Mistral, Zurita, Parra. Un país en donde la poesía se convierte en un escenario de libertad, de crítica a la establecido. Pero la más reciente novela de Zambra también bucea en los rincones, en los laberintos de las relaciones paternales y masculinas en pleno siglo XXI. Un tema que, sin duda, desnuda muchas de las carencias afectivas con las que han sido educados generaciones de hombres en nuestro continente. 

En Poeta Chileno conoceremos a Gonzalo, un joven de clase media baja, que está enamorado de Carla, una chica de clase alta de Santiago. Son jóvenes, salen juntos, inician su vida sexual juntos. Pero todo termina pronto. Sin embargo, Gonzalo inicia, gracias a esta relación, a escribir y por ende dedicarse a estudiar literatura, a pesar de la resistencia de su familia. Años después, Gonzalo y Carla se volverán a encontrar y a reiniciar su relación. Solo que ahora Carla es madre soltera de Vicente, un niño inteligente, avispado, que se ha vuelto adicto a la comida de su gato. Y la paternidad, y la pregunta sobre qué es la paternidad y qué significa, será la segunda línea narrativa de esta novela, que interactuará con la pregunta de qué es la poesía y qué significa ser un poeta chileno. 

Zambra concentra así una mirada crítica, profunda sobre los laberintos de la masculinidad contemporánea, los vericuetos del amor, el deseo valiente de escribir y leer en un mundo cada vez más hostil a la libertad, al cuestionamiento personal y social. Zambra concentra la mirada sobre las palabras “padrastros”, “padres”, “familias”. Palabras, conceptos, que en América Latina siguen siendo conflictivos, complejos, difíciles de abordar. Por qué sin duda, la familia, sigue siendo el soporte esencial de sociedades con muchos conflictos y con muchas carencias políticas, sociales y materiales, pero también es una palabra, un concepto que sigue ocultando muchas desigualdades, muchas violencias. Y Gonzalo, como buen poeta, como amante de la literatura sabe que las palabras tienen peso, poder, pero al mismo tiempo son conflictivas. Y durante mucho tiempo, Gonzalo se preguntará qué es él para Vicente. ¿Padre? ¿Padrastro? ¿Amigo? 

La respuesta a esa pregunta se encontrará en el centro de Poeta Chileno, la obra más reciente del autor de novelas como Bonsái, La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa, del libro de cuentos Mis documentos, y de la recopilación de crónicas No leer y Tema Libre o de libros híbridos como Mudanza, a quien entrevistamos recientemente.

Javier Moro Hernández (JMH): Se escriben muchas novelas sobre poetas, nos dice el narrador de Poeta Chileno, y por supuesto es un guiño muy interesante, porque pareciera que no se lee mucha poesía, pero si se lee mucha narrativa sobre poetas. 

Alejandro Zambra (AZ): Me interesaba ver cómo es percibido el poeta masivamente por un público lector que margina a la poesía, porque en general se lee muy poca poesía en México, en Chile, y, sin embargo, está el poeta como personaje en muchas obras de ficción; en novelas, en cine. Me parece que el poeta se le ha convertido ya en un personaje, y me interesaba ver qué hay dentro de ese prejuicio, porque eso es lo que es, un prejuicio, no negativo, pero sí como un juicio previo, como si el poeta ya significará algo como figura. En Chile, en particular, es mucho más probable que los poetas sean entrevistados a que se reseñen sus libros. El poeta, y el escritor en general, tienen un lugar testimonial, y creo que en cada país es distinto, pero en Chile el poeta es percibido como un sujeto de opiniones autónomas, como un francotirador, y por lo mismo, sus opiniones son valiosas, ya que no siguen el compás de las modas, y eso representa una cierta legitimidad, eso genera que a los poetas sean buscados para hablar, pero me interesa ese desplazamiento de la obra al sujeto. En la novela la periodista norteamericana Pru, solo conoce eso, no conoce la tradición y tampoco le interesa la poesía en sí misma, y además sabe que no está en condiciones de conocer esa poesía. 

JMH: Justo el personaje de Pru es muy interesante por eso no pertenece al ecosistema poético. El personaje de Rita se lo dice; “los poetas son un grupo ajeno en muchos sentidos a la sociedad. Y por lo mismo es muy libre”. Porque la poesía al no tener peso en el mercado literario se vuelve más libre. 


AZ: Creo que eso pasa con el arte en general, y con América Latina se podría proyectar, si uno lo compara con otros países y con otras tradiciones, pero es justo por eso que me interesaba indagar en la figura, en la imagen del poeta. Porque en el mundo de la poesía se disputa un poder simbólico, o casi exclusivamente simbólico. En el fondo se está discutiendo por cuestiones intangibles, y por eso hay un contrasentido en enfatizar esas peleas, que pueden ser feroces, pero no se podría comparar con el reparto de un botín, porque es un botín simbólico. Y estamos en un mundo que es cada vez menos canónico, algo que yo celebro. Abundan las listas y uno podría decir que estamos clasificando todo, pero la verdad es que no hay una voz única a la cual hacerle caso, porque el valor de esa lista, el valor del canon está en discusión y en reelaboración. Es un mundo en donde el destino de una obra no depende de lo que diga un crítico en un país, sino más bien se va discutiendo a la par de que se construye. Pero también pensaba que en América Latina hay grandes cuentistas, a pesar de que en nuestro continente no tenemos una tradición de revistas que paguen por publicar cuentos, a diferencia de lo que pasa en Estados Unidos, en donde hay una tradición larga. Es un mito de la literatura norteamericana, de grandes escritores que apostaron por escribir cuentos y vivir de ello. Pero ¿por qué los escritores latinoamericanos escriben cuentos? Porque quieren. Y esa es la libertad, y es una libertad paradójica, porque está ligada a la precariedad, pero es un hecho de que tenemos una larga tradición de cuentistas latinoamericanos que crecieron buscando algo, literariamente hablando, y sin ninguna retribución en un comienzo. Es una apuesta muy radical. Por eso digo que no solo es la poesía, es en general la literatura, pero me parece más claro cómo funciona la micropolítica de la poesía. 

JMH: El elemento de lo simbólico en la poesía es el reconocimiento dentro de un grupo como un “buen poeta”.

AZ: Aunque yo creo que es una idea antigua también, porque al menos con las comunidades con las que yo me relaciono funciona más como comunidades, en donde la lógica de la competencia sigue presente, por supuesto, pero cada vez parece más ridícula. Me gusta mucho esa alternancia entre lo personal y lo colectivo, como, escribes solo, pero por definición lo compartes, y te das cuenta que escritores de veinte años funcionan igual que escritores de setenta, es decir, mandando tus manuscritos a los amigos, esperando opiniones, leyendo los manuscritos de los amigos, es una comunidad que funciona con otra lógica, y por eso mismo parece que consigue su libertad, pero de repente lo que también pasa es que se parecen mucho a clubes exclusivos. Pensaba que son comunidades, si me concentro en la poesía chilena, que parten del mito de origen masculino que mi generación consideraba, que los grandes poetas chilenos, con algunas excepciones, como Vicente Huidobro, que también fue una excepción porque se fue contra la aristocracia, contra su clase, pero el resto de los grandes poetas venían de clases bajas o de clase media, y eso también es uno de los pocos aspectos en donde existía el mito aspiracional, y tal vez por eso, para personas como yo, a los quince años, nos parecía verosímil dedicarse a la poesía, aunque no hubiera nada que lo fundamentara, salvo el mito. Pero también hemos ido viendo cómo cambia la sensibilidad propia y la sensibilidad colectiva con respecto a esos mitos, entonces me interesa más la pulsión comunitaria, con lo que tiene de profundo y de caricaturesco, y ese deseo subversivo que a la vez es horizontal.

JMH: Es muy interesante lo que menciona el personaje del profesor Rocotto, sobre la ampliación del campo poético, al hablar de las poetas, de los poetas en lenguas indígenas, sin embargo, muchos de estos personajes conservan esta identidad poética, de seres marginados, extraños, peligrosos.

AZ: Es un mundo, una comunidad que se parece demasiado a otras comunidades, pero a la vez es más inclusiva y menos clasista y trabaja con el material más maleable de todos, que son las palabras, entonces eso conecta la creación a la vida, estás usando el lenguaje de todos para construir un lenguaje propio que también aspira a ser devuelto al lenguaje de todos, pasar tú por el lenguaje y compartir una forma de hablar. Yo tengo una admiración muy grande por esa forma de enfrentar el mundo, pero también creo que esta es una novela sobre la legitimidad, que es uno de los problemas que los poetas siempre están enfrentando. Yo creo que por eso hay una similitud de la figura del poeta con la del padrastro, que es alguien que por definición enfrenta el problema de la legitimidad de una forma muy directa, personal y pública-privada. 

JMH: El tema de la paternidad es otra de las líneas que encontramos en la novela. Aunque en realidad, quién es el padre, en este caso Gonzalo y León podrían ser el germen de la pregunta. A Gonzalo si le preocupa y se pregunta qué significa ser el padre de Vicente, y que además hay encuentro por el amor a la poesía. Pero como bien dices está cruzado por la pregunta de la legitimidad del padre. 

AZ: Creo que la novela surgió cuando esas dos figuras se encontraron: la del padrastro y la del poeta. Porque Gonzalo enfrenta el problema de la legitimidad de forma casi involuntaria, es decir, se va dando cuenta que quiere ser un buen padre, o que quiere cumplir con la función de padre cabalmente. Supongo que nadie quiere ser padrastro en abstracto, en realidad eres padrastro o madrastra porque te enamoras de alguien que ya tenía un hijo, y esos vínculos se dan de manera tácita o automáticos, pero con el paso de los días te das cuenta de que cumples una función, y Gonzalo descubre que quiere cumplirla bien y de que necesita una palabra para nombrar esa relación, y tiene que tomar una decisión que es la decisión cotidiana de los poetas: ¿Qué hacer con una palabra? ¿Usarla o cambiarla? Y después está el problema de cómo se proyecta eso en la novela. 

JMH: El tema de la búsqueda de la palabra me parece importante, y que además quería enlazarlo con el tema y con la figura del padre, que en América latina también es una figura compleja, simbólicamente hablando. La palabra padre, la figura del padre, la labor del padre es complicada en nuestra sociedad. Y más siendo un poeta. 

AZ: Para mí es muy importante cómo dialogan las distintas figuras masculinas en el interior de la novela, creo que Gonzalo mira dos generaciones hacia atrás y se encuentra con su abuelo, que es un embarazador compulsivo de mujeres que es aprobado por la sociedad, que recibía la simpatía de la sociedad que entendía que su actuar era una prueba continua de virilidad, y a él esa figura le parece repulsiva, y vio y sufrió como su madre lidió con el abandono y eso se proyectó en su propia forma de ver las cosas, entonces para él la figura del padre está mediatizada, transformada en esta figura negativa. Y luego también está la forma en la que él también lidia con su propio rol de padrastro y con la figura del padre legítimo, que es León. Y además está la forma en la que Vicente lidia con esa herencia, y entonces a mí me interesaba que el lector los ponga a conversar, porque están ahí los hechos, y el inicio de una conversación, cuyo desenlace a mí me gusta imaginar, porque a mí me gusta mucho estar al mismo nivel de los lectores, e imaginarme qué es lo que ocurrirá después.


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