Privilegiados/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
31/10/2020

Una poeta que admiro solicitó ayuda a través de Twitter, requería consultar la primera edición de Pasado en claro de Octavio Paz, la de 1975 publicada por el Fondo de Cultura Económica. En esa red debe haber miles de personas lectoras y especialistas que pudieron haber atendido la solicitud, pasaron algunos minutos y –al menos públicamente, al menos con la velocidad a la que internet nos condena– no vi que se le respondiera, así que fui a uno de los libreros para verificar que cuento con esa edición. Me puse en contacto con ella y me puse a sus órdenes. Con los recursos que tenía a la mano escaneé mi edición, armé un archivo pdf y se lo envié por correo. No indagué más sobre sus intenciones porque estoy convencido de que algún día leeré un texto revelador acerca de las modificaciones que el poeta hizo entre versiones del mismo poema.

En Obra poética (1935-1988) de Seix Barral, los primeros cinco versos de Pasado en claro son los siguientes:

Oídos con el alma, 

pasos mentales más que sombras,

sombras del pensamiento más que paso

por el camino de ecos

que la memoria inventa y borra:

En la primera edición, el poema de Octavio Paz tiene una ligerísima variación en el tercer verso: “sombras del pensamiento más que pasos,”, eso es todo, al menos lo que yo “descubrí”, porque suelo cotejar los cambios que el autor realiza entre versiones. Me constan, por ejemplo, las múltiples correcciones que José Emilio Pacheco realizó en cada Tarde o temprano, modificaciones, cambios o anulaciones, lo sé porque anoto el hallazgo sobre cada una de las impresiones. Es uno de los privilegios que ejerzo como lector, así fui enseñado por quienes considero mis maestros.

La primera edición de Pasado en claro se terminó de imprimir el 25 de agosto de 1975, se tiraron 2 mil ejemplares y estuvo al cuidado de Adolfo Castañón y Ana María Cama, cuando salió al mercado yo tenía cuatro años y no sabía leer, no había comprado ningún libro, aún; tengo un ejemplar por mi obsesión de coleccionista de instantes, recuerdo preciso el momento en que me encontré con el libro, las razones por las que lo adquirí, el deleite con que comparé las versiones, el placer que siento cuando reviso los libros que tengo y confronto las anotaciones que hago. Leer es un placer solitario, así lo asumo, y no me arrepiento de mis manías.


Tengo clarísima la posición de privilegio desde donde escribo y leo, la primordial: sé leer, pude ir a la escuela, tuve un trabajo que me permitió ganar lo suficiente como para convertir en vicio las librerías de viejo en búsqueda de algún hallazgo, todavía más, para poder convertir el libro en un archivo pdf, cuento con los recursos que me permiten escanear y transmitir ese documento, creo que el privilegio mayor es que parece que entiendo algo de lo que estoy haciendo y leyendo, además, cuento con la certeza de que esa serie de acciones serán benéficas o al menos placenteras para más personas, pues tengo fe en lo que la poeta descubra y ponga por escrito en su texto.

A propósito, he sido omiso sobre la definición con que la RAE incluye en su diccionario la palabra “privilegio”, porque así es como ahora, sobre todo en redes sociales, se calla a los otros, se les niega la posibilidad de expresarse y se desestima cualquier cosa que haga acusándolos desde la altura del tabique de su autoridad moral. Hace unos días se comenzó a promocionar una serie producida por Diego Luna que se transmite por un servicio de streaming en la que el actor intenta abordar diversos temas de actualidad, en redes, de inmediato se le acusó de aprovechar su condición de privilegio y en hacerlo todo mal porque degusta “una cata de infusiones alcohólicas sibaritas mientras de telón de fondo existen feminicidios, aborto, destrucción del ecosistema y otros temas”, escribió Joselo Ruelas en EMEEQUIS.

Gran pecado, se desestima la serie Pan y circo no por los temas que se abordan, sino porque se realiza desde el privilegio, eso basta para que no se le conceda la palabra, sobre todo desde los prejuicios de clase, Diego Luna se debe callar porque no está consciente de que propone desde una condición que se asume superior, que incluye poder y dinero, sobre todo eso, porque al acusarlo de ejercer desde el privilegio, lo primero y único que se indica, es que no cumple con los requisitos que quienes sí saben de lo que habla le imponen, ¿cuáles?, no importan, acusar de “privilegio” basta para que la turba grite en contra, ciega a sus propios prejuicios clasistas, negada a la mínima reflexión.

No terminé de ver Pan y circo, me aburrió, no porque estuviera producida desde el privilegio, sino por la conducción pachanguera que no logra dar relevancia a los temas y hacer lucir a sus invitados.

Coda. “Autopsicografía”, de Fernando Pessoa, por los fingidores posarosos:

 

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que de veras siente.

 


Y quienes leen lo que escribe,

sienten, en el dolor leído,

no los dos que el poeta vive

sino aquél que no han tenido.

 

Y así va por su camino,

distrayendo a la razón,

ese tren sin real destino

que se llama corazón.

 

@aldan


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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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