¿Qué es la responsabilidad social? – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Hace algunos días visitó a mi cuñada una amiga que hace algunos años migró a Canadá. Yo andaba de casualidad por allí y escuché algo de su plática que me llamó la atención, el tema de la responsabilidad social. A la chica que ahora vive en Canadá y que estaba de visita en Aguascalientes, su tierra natal, le llamó mucho la atención el “orden” que se guardaba en la ciudad con relación al cubrebocas, pues ella había visto que “todas las personas lo usaban”. Ja,ja,ja fue la expresión inmediata, seguida de las clásicas frases “¿cómo crees? ¡No es cierto! Son pocas las personas que lo usan”, se le dijo. Quiero señalar que esto ocurrió unos días antes del 31 de julio, fecha en que se hizo oficialmente obligatorio el uso de cubrebocas en espacios públicos en nuestro Estado, lo cual incluye las calles de la ciudad. La amiga comentó que en Vancouver la gente andaba sin cubrebocas en las calles y en espacios públicos, pero sí guardan su distancia, acatan todas las indicaciones y, lo más importante, salen lo menos posible, es decir, se quedan en casa; de manera que hay muy pocas personas en las calles. ¿Qué fue lo que se acabó en los mercados en esa ciudad? El papel higiénico no, la harina para hornear, porque las familias aprovecharon ese tiempo de “estar en casa” para cocinar, hornear y compartir su pan. La gente respetó la indicación de no salir de su casa como un compromiso de responsabilidad social, dijo ella, o sea, no poner en riesgo la ciudad y a sus pobladores, cuidar del otro, una muestra clara de altruismo.

¿Cuál es la diferencia de esa idiosincrasia con la nuestra? Seguro que lo sabe, en México comenzó a haber compras de angustia, por increíble que parezca se acabó el papel higiénico y llegó a saberse de personas que se lidiaron a golpes por el último paquete; se acabaron muchos productos básicos enlatados y de preparación instantánea, se acabó el gel, los cubrebocas y sus precios se cuadruplicaron, en fin, reinó el acaparamiento y el egoísmo al inicio de la pandemia; el «quédate en casa» fue y sigue siendo visto como que sirve para cuidarme yo y eso excluye a los otros, incluso a veces a la familia. He sabido casos de personas que dijeron que el Covid-19 no existe, no se cuidaron y contagiaron a sus hijos, padres o abuelos. Si la gente no cuida a su familia y seres queridos ¿qué podemos esperar los demás de esas personas? En México nos hace falta desarrollar el altruismo y la responsabilidad social que debe de acompañarlo, sin duda alguna.

De acuerdo con el sitio https://www.significados.com/responsabilidad-social/, “La responsabilidad social es el compromiso, obligación y deber que poseen los individuos, miembros de una sociedad o empresa de contribuir voluntariamente para una sociedad más justa y de proteger el ambiente”. Como la mayoría de las personas formamos parte de una sociedad debemos asumir que tenemos una responsabilidad social, es decir, buscar el “bien común”, mismo que se sostiene con nuestras acciones cotidianas, las cuales pueden ser muy básicas, como respetar el orden en una fila, usar el cubrebocas en espacios comunes, o muy complejas, como las llevadas a cabo por los profesionistas, la de un médico hacer bien una cirugía, un abogado defender a su cliente, un ingeniero civil construir bien un puente, etc. Estas acciones, cuando se hacen bien y en beneficio de la ciudadanía, muestran de manera fehaciente nuestra responsabilidad social; por el contrario, cuando no se respeta el orden en la fila, no se usa el cubrebocas, el médico no da a su paciente la atención correcta, el abogado se tranza a su cliente y el ingeniero utiliza materiales de baja calidad para poder ajustar el “diezmo” que le piden para darle y/o autorizarle la obra, nos habla de la poca o nula responsabilidad social que como personas y ciudadanos tenemos. Sólo a un ermitaño no se le puede juzgar su falta de compromiso social, pero a alguien que vive en una ciudad, se le debe exigir esta.

En el sitio señalado se apunta que “la responsabilidad social puede ser comprendida por acciones negativas y positivas, es decir, las primeras se refieren a abstenerse de actuar y las segundas a actuar”. Esto tiene que ver con cómo aprendemos a cuidarnos y a comportarnos socialmente. Muchas órdenes tienen un carácter negativo, especialmente al comienzo de la vida, porque tienen como objetivo cuidar y salvaguardar ésta, por ejemplo, a los niños se les dice ¡no te metas eso a la boca! ¡no te subas ahí!, ¡no agarres eso!, ¡no te salgas!, ¡no hagas eso! Para protegerlos de un posible daño físico, luego vienen otras normas como ¡saluda! ¡se pide por favor! ¡se dan las gracias! Cuyo carácter es positivo, es decir, son conductas que se fomentan y que permiten que el niño comienza a socializar positivamente y no sea visto y tachado como un “mal educado”. Más adelante aprenderá que hay otras reglas de conducta cuyo alcance es universal y atemporal, como no robar, no mentir, no matar, cuyo carácter es prohibitivo, o sea negativo y por lo mismo cuando se comete una acción de ese tipo se sanciona y penaliza. Pero la más universal de todas las leyes tiene un carácter positivo y dinámico y es: ¡portate bien! Esto implica tanto no causarse un daño personal como no causarlo a otros. Por ejemplo, si alguien comienza a adquirir un vicio (drogarse, emborracharse) se hace un daño personal, pero puede provocarlo a otros, por ejemplo, el adolescente o joven que se le pasan las copas y ocasiona un accidente vial o el que se droga y comienza a robar e incluso matar para sufragar su vicio.

Con base en lo dicho, la sociedad tiene el compromiso desde el núcleo familiar pasando por la educación formal (escuelas) y hasta el nivel político, de enseñar a los ciudadanos a portarse bien y a adquirir responsabilidad social, es decir, cuidar el bienestar de aquellos con los que comparte un espacio y un tiempo, pues, a pesar de no convivir y conocerlos a todos, tiene como ciudadano el compromiso de comportarse correctamente y generar con ello un sinergia de bienestar social. Este puede conseguirse de manera consciente y voluntaria, como se hace en otros países; pero cuando no es así, la fuerza del estado puede imponer restricciones económicas y/o punitivas para establecer o restablecer un orden tendiente al bienestar. Ejemplo de esto es la obligatoriedad legal del uso de cubrebocas para evitar la propagación del coronavirus por gente irresponsable y con poca o nula responsabilidad social.

Esto no sería necesario en Aguascalientes si todos los que vivimos en esta gran ciudad, tierra de la gente buena, el agua clara y el aire limpio, fuéramos socialmente responsable en el trato con nuestros semejantes, con los animales, con la naturaleza, con la basura que generamos, con el auto que manejamos, etc.; pero como todo eso no lo hacemos, no queda otro camino que obligarnos por la fuerza a restablecer el bien que necesitamos si queremos seguir viviendo en una ciudad en la que todos podamos convivir con bienestar.

 

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