Tres hologramas para dar nuevos rumbos a nuestros días/ La escuela de los opiliones - LJA Aguascalientes
21/10/2021

Raúl Velasco

Las notas del domingo pasado, falsas o reales, son tan dominicales como pueden ser: adiós al Chavo del ocho (no me pregunte de cuál canal de tele abierta porque no lo sé); Televisa y los herederos no llegaron a un acuerdo. Al Chavo le debo algunas horas de mi vida desperdiciadas en incesantes pláticas sobre sus capítulos, sus chistes, sus actuaciones; cuando trabajaba en publicidad, una manera efectiva de romper el hielo con el argentino, el colombiano o el brasileño, era preguntarle si le gustaba el Chavo y entonces me preparaba para una marejada de melancolía, de juventud agotada por las migraciones y la búsqueda de una torta de jamón. Hablar del Chavo era como hablar de los Simpsons, empezar con un meme, decir el chiste, por enésima vez, de la grande se llamaba Cuca. En una contraparte curiosa, Gerardo Sifuentes compartió en un tuit uno de sus cyberpunks-a-tope que parece una fake news, pero qué tal si no: dicen que ya crearon un holograma de Raúl Velasco para que conduzca parcialmente Siempre en domingo para una nueva generación. Esta vez sus gracias no harán daño, no serán una especie de escarnio público para joder al artista emergente. Recuerdo como si fuera ayer la nalgadita que le dio Raúl Velasco a una jovensísima Shakira: ella sacaba “las pompas” (así se decía en los noventa) y Velasco, tímido, como si no trabajara en televisión, como si fuera un abuelito obligado por las circunstancias, extendió la mano para sorrajarla rápidamente. (Pero me equivoco, mi recuerdo es falso: Velasco nunca dio nalgadas, daba pataditas porque con el pie es menos agresivo, más amable, ustedes saben. Quizás debería dejar de ser tan arrogante con la memoria y permitir que los medios las llenen de hologramas nuevos, hologramas con consciencia social y que darán un mejor rumbo a mis pensamientos, mutando y degenerando en recuerdos distorsionados, cada vez más desagradables). 

 

Asmoday

Yo pagaría para tener un holograma de Asmoday, el demonio. Después dedicaría mis fines de semana para programar su algoritmo: observa a la gente, Asmoday, y aprende a juzgarla; si no alzan sus platos, o si los alzan pero no los lavan, Asmoday, diles cuántos puntos se acaban de ganar para irse derechito al infierno. Asmoday analizará los programas de la televisión abierta y los realities de Netflix, reconocerá algunas celebridades y sabrá cómo su falsedad apela a las aspiraciones primitivas de los espectadores, se conectará con las acciones programadas de Google y de Amazon. Asmoday cantará las mañanitas un día antes de tu cumpleaños, como un amoroso recordatorio, pero todos los demás días, incluso el de tu natalicio, te dirá cuánto tiempo llevas sin hablarle a tu madre o cuántos impuestos evadiste este año. Una vez que esté listo, lo dejaré libre por el mundo, con esa consciencia medio rota que siempre tiene la maldad, esa consciencia horrible que vive sin contextos y quiere transformar a todos los seres humanos en la misma masa uniforme de prejuicios y sensateces. Creo que será una sombra de dignidad para nuestro mundo triste que ha olvidado las brújulas y los sextantes. 

 

Dr. Simi

Después de la pandemia y el obligado encierro, la tecnología de los hologramas habrá evolucionado de tal manera que podremos tener un Dr. Simi en cada esquina, en cada rincón del país. Don Víctor González Torres escogerá a la mejor de sus botargueras para grabar todos sus bailes, todas sus gracias. Le dará un jugoso pago de veinte mil pesos por unas regalías vitalicias que más bien son simbólicas, no conviene mucho verle el aspecto legal, pues por qué necesitaría pagarle a alguien que jamás va a enseñar su cara. Imagínese eso: alguien bailará, perpetuamente, por y para nosotros sin quejas por los climas, los calores, las hambres. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años creceremos con la imagen de esta botarga traslúcida bailando en todos los cruceros, ofreciendo grandes descuentos en genéricos y vitaminas, hasta que un día, un demonio llamado Asmoday consiga darle su merecido lugar en el programa de los domingos, junto el holograma de Raúl Velasco. Los hologramas interactuarán entre sí como si estuvieran vivos, como si pudieran tocarse y abrazarse. Velasco le dará una patadita al Simi. Simi lo tomará de su cabello regenerado, abundante, para detenerle la cabeza y besarlo. Estos desarrollos en mi cabeza nunca se van a detener, no importa cuánto degeneren los recuerdos si la imaginación es ilimitada y oscura, pero yo qué culpa tengo, se vive tan bien aquí. 

 

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