Cincuenta años de la muerte de Jimi Hendrix/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
27/05/2022

Hay muchas cosas que quisiera compartir contigo en este Banquete, entre ellas y considerándome absoluto mahleriano, me parece de vital importancia recordar el estreno de la Sinfonía No.8, conocida como De los Mil, el estreno fue en Múnich, Alemania el 12 de septiembre de 1910, es decir, se acaban de cumplir 110 años del mayor éxito que Mahler conoció en vida. También quisiera comentar contigo la entrevista de más de una hora que generosamente me concedió el maestro Lanfranco Marcelletti, nuevo director de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes el pasado martes 15 de septiembre en la nueva sala de conciertos de la OSA pero las guardo para dedicarme a ellas en ocasiones posteriores, sin duda la próxima semana podemos hablar de Mahler o del maestro Marcelletti, o de ambos, pero hoy se cumplen 50 años de la muerte de Jimi Hendrix. 

Estamos hablando, sin duda, del mejor, del más grande guitarrista en la música popular del siglo XX, sus verdaderos alcances en la música sobrepasaron por mucho las fronteras del rock, para un superdotado como él no hay etiquetas que lo definan porque intentar etiquetarlo es limitarlo, Hendrix está más allá del bien y del mal, es un músico fuera de serie que redefinió los lenguajes musicales, él mismo representa un punto de convergencia entre diferentes tendencias. Debemos entender que antes de Jimi Hendrix el jazz estaba de un lado, el blues del otro lado y el rock estaba en medio, con la presencia de Jimi Hendrix estas divisiones dejaron de existir, los límites entre los diferentes lenguajes musicales perdieron sentido y fue él quien representó dignamente ese punto de convergencia.

Pero más allá de la técnica o de las condiciones naturales que evidentemente tenía para tocar la guitarra –porque definitivamente no podemos hablar de un conocimiento erudito del instrumento, aunque sí definitivamente de un dominio absoluto ya que carecía de una formación académica–, tenía una inobjetable ventaja sobre muchos de sus colegas contemporáneos, él era afroamericano con todo lo que esto significa. Es decir, los blancos pueden tocar endemoniadamente bien el blues, ahí está John Mayall y todos los graduados de su escuela llamada los Bluesbreakers, la más sólida institución de blues británico, entre ellos Mike Taylor, Eric Clapton, quizás el mejor de los alumnos de Mayall, Peter Green, y otros no necesariamente guitarristas, en este caso, el baterista Mike Fleetwood y el bajista John McVie, que han tocado juntos durante muchos años y para mí representan la mejor sección rítmica en la siempre inconclusa historia del rock, ya sabemos que los dos, junto con Peter Green dieron vida a una de las mejores fórmulas del blues en Inglaterra, Fleetwood Mac. Por otro lado, ajenos a la paternidad de Mayall tenemos a Alvin Lee de Ten Years After, Jeff Beck, Jimy Page, Steve Winwood de Traffic y muchos más, la lista podría ser interminable. 

Todos ellos extraordinarios músicos de blues, todos ellos blancos y no obstante supieron entender, asumir y, consecuentemente, interpretar el blues logrando verdaderas obras de arte en este apasionante lenguaje musical, pero a mi entender, tú tienes la mejor opinión amigo melómano, les falta algo, eso que es imposible que tengan porque se pálido color de piel no lo ha puesto en contexto, les falta esa deliciosa negritud que podríamos entender como eso que llamamos feeling, y no es que estos grandes músicos de blues del Reino Unido no tuvieran sentimiento para tocar, de ser así, imposible que fueran músicos, simplemente que no les tocó vivir o experimentar en carne propia todas esas vejaciones en contra de sus derechos y de la más esencial dignidad humana porque su color de piel no era oscuro, y eso, finalmente, es el origen, la esencia, la más radical espiritualidad del blues o del jazz. 

Por eso, cuando Jimi Hendrix llegó a Londres y se presentó en vivo, la voz corrió como pólvora entre el gremio de los músicos ingleses, Eric Clapton, Mick Jagger, Keith Richards, John Lennon y Paul McCartney, entre muchos más corrieron a verlo tocar en vivo y se quedaron impresionados, eso no lo habían visto nunca antes, esa manera de tocar, esa forma de tratar la guitarra, y no me refiero a los malabares que solía hacer, como tocar con los dientes o colocarse la guitarra en la nuca y tocar así, no, no me refiero a eso sino a sus verdaderas capacidades como guitarrista, su manera de entender y hacer el blues y el rock, además, sus dimensiones físicas le permitían hacer cosas impensables para otros guitarristas, algo parecido a lo que sucedía con Rachmaninov o Nicolo Paganini, tenía las manos muy grandes y eso le permitía arrancar a la guitarra sonidos que resultaban imposibles, con su pulgar de la mano derecha, recordemos que él era zurdo, abarcaba todo el diapasón de la guitarra y eso le permitía hacer con facilidad lo que era muy complicado para otros. 

Además de todo esto, Hendrix era un inmaculado improvisador, podemos decir que esto es algo que es connatural a cualquier músico de jazz, de blues o de rock, pero en Jimi Hendrix el ejercicio de improvisación adquiría las dimensiones de un ritual. En alguna ocasión dijo: “En realidad, todo esto es una especie de estilo libre. Nosotros sabemos qué queremos tocar y cómo es aproximadamente, pero todo lo demás surge de forma espontánea en el escenario”.

Hoy hace 50 años murió el más grande guitarrista en la música popular del siglo XX, hoy lo recordamos en el Banquete de los Pordioseros.


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