Clases sincrónicas, las dificultades de la educación a distancia/ Alegorías Cotidianas  – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Lo sabemos, de un día al otro pasamos de usar herramientas virtuales en educación a aulas virtuales de golpe. Unos meses después es más sencillo, pero aún tenemos algunos inconvenientes en el proceso, así como mucho más tiempo para preparar las clases y el material a emplear como estrategia didáctica. También adecuamos términos nuevos a nuestro proceso como sincrónico y asincrónico.

Las clases sincrónicas son las que realizamos en tiempo real gracias a una videoconferencia, en grupo, de manera que existe una interacción entre los participantes sin importar en lugar donde cada uno de estos se encuentren. Es como cuando hacemos una llamada telefónica y mantenemos una comunicación sincrónica con la persona con quien nos comunicamos en una correspondencia mutua, al mismo tiempo.

Las clases asincrónicas son las que asignamos a los estudiantes para que trabajen de manera individual, gracias al aula virtual, apelando a la autonomía del aprendizaje. Establecemos una comunicación atemporal durante el proceso que debe realizarse de manera individual.

Las clases sincrónicas son más motivantes debido a que hay una interacción directa y una respuesta inmediata, mientras que durante la sesión asincrónica puede tardar la retroalimentación unas horas, un día o dos.

El proceso de enseñanza aprendizaje, en estos momentos varía según las necesidades, preferencias o recursos de las instituciones. Sin embargo, las necesidades de las familias de los estudiantes van mucho más allá de lo que creemos.

Para algunos de nosotros las clases sincrónicas no son al ciento por ciento obligatorias, es decir, del total de horas asignadas a la semana solo tenemos que dar una sesión en “en vivo”, por algún tipo de videoconferencia y el resto de manera asincrónica es decir el número restante de horas de la semana de trabajo individual con comunicación remota. Si tenemos un ejemplo con números diríamos entonces que si la materia que imparto son 8 horas semanales, de estas serían 2 por videoconferencia y 6 con asistencia remota, lo que hace que el trabajo docente se triplique de una manera espantosa.

Algunas otras instituciones tienen todas sus horas de clase de manera sincrónica, si bien esta modalidad “en vivo” aumenta el trabajo de preparación de clase, no se compara con el extenuante trabajo que conlleva el modelo asincrónico y aunque la educación es “estable” económicamente hablando, muchas instituciones de educación superior compactaron grupos de manera virtual con otros campus pues, la enseñanza sincrónica y asincrónica no necesita un lugar determinado para desarrollarse así que uno puede tener alumnos de puebla, Veracruz, Aguascalientes y Durango o bien, al revés los estudiantes tener un profesor de otro estado.

Sin embargo, los rezagos de la educación ahora se derivan de la tecnología. Después de 6 meses deberíamos estar acostumbrados a esta “nueva normalidad”, habituados quizá sí, pero algunos continuamos con los mismos problemas que al principio, falta de equipos de cómputo, de internet o de una banda ancha.

Y es que mire usted, aunque algunos contenidos se dicten por la televisión, maestros y alumnos continúan en contacto vía WhatsApp, Zoom o alguna plataforma educativa para cubrir los contenidos que no son abordados en la programación federal.

Sumemos entonces, algunas familias no tienen televisión, otras computadoras, otras internet y muchas una banda ancha insuficiente para soportar a varios conectados a la vez. 

Así que, aun si estamos ya acostumbrados nuestro problema es mayúsculo y no tiene manera alguna de resolverse.

Seguimos impartiendo clases sincrónicas con estudiantes que se conectan y desconectan constantemente por fallas en la red, que ahora son muy comunes o bien porque su banda ancha, computadora o teléfono no soportan las videoconferencias.

Y lo mismo sucede con las horas asincrónicas, tienen dificultades para acceder al material, no pueden subir sus archivos y en ocasiones tampoco tienen en casa el espacio para que la educación florezca.

Además de perder nuestros espacios personales, también hemos perdido nuestro tiempo de convivencia en casa, pues calificar los trabajos que se reciben de las horas asincrónicas son terriblemente interminables y extenuantes, y volvió 5 días laborales en 7. 

Comprendemos el no solicitar el 100% de las clases de manera sincrónica, pues la mayor parte de los alumnos no pueden acceder a ellas en el mismo porcentaje mientras sufrimos horas e inversión extra en nuestro trabajo diario sin mayor remuneración.

Respondí hace unos días una encuesta sobre si la institución donde laboro podía apoyarme en algo para continuar las clases a distancia y respondía que no, luego reflexioné que quizá sería conveniente que establecieran un convenio con alguna empresa que venda equipo de cómputo para que pudiéramos adquirir uno nuevo a un menor costo, en fin, como muchos espero mi maquinita soporte aún estar encendida 12 horas diarias sin colapsar de aquí a diciembre, aunque creo no ser la única que opine algo sobre su medio de trabajo o estudio.

En educación, lo mejor que podemos hacer para combatir esta pandemia es hacer nuestro trabajo lo mejor posible para que del otro lado de la pantalla nuestra iniciativa produzca un efecto positivo sincrónicamente y juntos cumplir los objetivos de la materia, finalmente, enseñamos con y sin pandemia, con y sin apoyo, con y sin conexión. 

Laus Deo


 

@paulanajber

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