El espejismo de la igualdad (II) Dignidad – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Todes hemos vivido una experiencia o al menos escuchado de una donde a modo de súplica se le decimos a alguien: “Ya, por favor, dignidad”en contextos muy diversos y cuando pasa, algo dentro de nosotros apela a recordar el valor intrínseco que tenemos y la necesidad de no permitir que lo que sea, falte al respeto de nuestra integridad personal y nos orille a la indignidad, es decir, al desconocimiento de nuestra valía como seres humanos libres.

En democracia, lo personal es político, por lo tanto, el reconocimiento de nuestra dignidad es obligación del Estado al considerársele como un derecho del ser humano.

La dignidad consiste en un ejercicio real y efectivo de la autodeterminación como parte de nuestro derecho a ser libres, con todo lo que la libertad significa como derecho fundamental de la persona, además tiene que ver con el respeto que mostremos a esa libre autodeterminación. Stefano Rodotà señala que “si nacemos iguales en dignidad y derechos, conservar la dignidad en plenitud es un proceso constante en el que siempre se corre el riesgo de caer del otro lado, del lado de la indignidad” (Rodotà; 2014:187). ¿Y cómo es que podríamos caer del lado de la indignidad? Por ejemplo, cuando dentro de nuestro contexto político, las mujeres que quieren participar en una contienda electoral sufren violencia, acción que la Convención de Belém do Parà señala como una ofensa a la dignidad humana.

Es difícil pensar por estos días en un México sin violencia, baste con mirar cualquier noticiero impreso, digital, televisivo, en radio y es que así como México es diverso en culturas, clases, religiones, sexos etc. así de diversas son las formas de violencia que se viven en él. Y quizá una de las violencias detonadoras de otras violencias tiene que ver con el acceso que tenemos a la cosa pública, espacio donde la dignidad colectiva se transforma en social y señalo que tal calificación no puede ser interpretada en clave reduccionista, como si solo se tratase de resaltar las condiciones materiales de la existencia (Rodotà; 2014:147), la dignidad social reclama la inclusión de todas las voces, sobre todo de aquellas a las que históricamente se les ha negado el derecho por su etnicidad, condición económica, sexualidad, género, edad, etc. a participar en la vida pública de este país así como del Estado; son por supuesto las mujeres pero también otros grupos y comunidades (indígenas, personas con discapacidad, personas de la comunidad LGBTTTIQ+, adultos mayores, etc.) excluidos de la toma de decisiones públicas que al día de hoy alzan con más fuerza la voz para preservar su dignidad.

La Doctora Marcela Lagarde señala que la dignidad colectiva se obtiene a través de lo que llama las reivindicaciones vitales las cuales, son productos de dos principios éticos: la valoración de la vida humana y su respeto, y el de la equivalencia entre personas. De ahí que la primera reivindicacióin vital sea que en la práctica ninguna vida humana valga más que otra. Una segunda reivinidcación vital consiste en no aceptar que las personas estén condenadas a tener una vida breve o miserable por su nacionalidad, su etnia, su clase, su raza, su sexo, ni su seño. (Lagarde:2018:107) y yo agregaría, condenadas a ver como los demás toman las decisiones públicas que les atañen sin siquiera voltear a verles.

Es el tiempo para reflexionar y actuar sobre lo que nos llevará a alcanzar una verdadera igualdad en el tema político y me refiero entre otras cosas al respeto de la dignidad y la construcción social que de ella se haga. Por ejemplo, reconociendo la dignidad de las comunidades indígenas, se han propuesto medidas afirmativas para que las propuestas de candidaturas a la alcadía de estas comunidades, sean encabezadas por personas de la comunidad, plenamente autoadscritos como indígenas asegurando con ello, el derecho que tienen de autodeterminación y representación pública pues sería un error y atentado a su dignidad no tutelar los derechos que tienen de representación tratándose de comunidades con mayor población indígena.

Por otro lado, la inclusión de grupos históricamente vulnerados en las contiendas electorales y en la toma de decisiones públicas no es más que un reflejo de la urgencia social que tenemos por reconocer en cada persona, en cada grupo, una lucha por la dignidad. Cuando los muxes avalaron ciertas candidaturas de su comunidad ante el Instituto Electoral de Oaxaca, lo hicieron reconociéndoles su dignidad colectiva para participar de los asuntos públicos, mismos que directamente les influyen en su calidad de vida; se trata pues de reivindicar los derechos de la otredad pero no en un sentido iusnaturlaista que (en muchos casos) se limita a la heteronormatividad, sino en el sentido más amplio de lo que dignidad es.

El ejercicio político de los derechos de la ciudadanía en igualdad de condiciones, es una responsabilidad a cargo de nuestro sistema electoral que debe atender a las necesidades de participación de todes en los temas públicos y en el ejercicio de los mismos, por ello, hoy más que nunca tenemos esa gran responsabilidad de incluir la diferencia para que la democracia sea la gran intrumentadora de los próximos cambios sociales.

 

 

Recursos:

Lagarde y de los Ríos Marcela (2018). Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Siglo XXI. México.

Rodotà Stefano (2014). El derecho a tener derechos. Trotta. España.

Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer “Convención de Belém do Pará”.

 

 

 

 


 

 

Vídeo Recomendado

Show Full Content
Previous Titulares de órganos internos de control, de órganos constitucionales autónomos de Aguascalientes. Inconsistencias de ley para su designación
Next Leyes en México: quitar facultad legislativa a los congresos / Así es esto 
Close

NEXT STORY

Close

UAA busca interrelación de centros académicos para prácticas multidisciplinarias

06/11/2017
Close