La historia de Lechón Mi Güero en Aguascalientes: Antojos de media noche – LJA Aguascalientes
23/09/2020


El estado de Aguascalientes es un lugar rico en muchas cosas, pero si hay algo de lo que carece es de una gastronomía realmente distintiva. Hay que aceptarlo, nuestras queridas gorditas y chaskas son algo muy común en toda la república, con diferente nombre y método de elaboración quizá, pero lo mismo en a final de cuentas. Y platillos como la birria y la barbacoa son tradiciones adquiridas de algún otro estado. Y si bien, el platillo del que les hablaré hoy tiene sus orígenes en la provincia española de Segovia -donde le llaman cochinillo-, el lechón ha echado raíces como pocas comidas lo han hecho dentro de nuestro territorio.

En cada colonia hay al menos un local, un carrito, un don o una doñita que venda esta delicia. Teniendo como base la cría del cerdo cocido en horno al vapor, cada persona le da su toque personal (alguna salsa o algún ingrediente extra), pero pocos tan únicos como el que se puede encontrar dentro del lechón “Mi güero”, el cual no es solo especial en su sabor, sino también su historia.

Resulta que la dueña del establecimiento (hija de panaderos, cuyos hornos eran aprovechados para cocinar el lechón), se dedicaba a vender el lechón en un carrito mientras su ahora esposo, “el güero”, laborara en Estados Unidos. Tenía un éxito moderado, suficiente para subsistir hasta que un mal/buen día, el cuerito del lechón se doró de más, quedando como una especie de chicharrón. Obviamente esto era algo que no debía pasar, pero desechar la venta del día tampoco parecía una idea prudente. La chica decidió ofrecer aun así el producto a los clientes y explicaba uno a uno, con mucha pena, lo que había pasado. Ella dice que la gente, aunque naturalmente desconcertada, aceptaba el platillo, curiosos de saber cómo sabia algo que no era para nada común. Así pasaron los días, hasta que una constante comenzó a presentarse: los clientes le preguntaban más y más si no volvería a traer “cuerito duro”, así que ella decidió dejar que el cuerito se volviera a tostar, llevándolo constantemente al negocio.

Esta decisión cambió por completo la historia del negocio, llevándolo a tal éxito que el carrito se convirtió en local (acondicionado dentro de la casa familiar y que a últimas fechas fue renovado aprovechando el cierre obligado por la pandemia, para poder alojar muchos más comensales, evitar las filas que a veces llegaban a ser descomunales y respetar más fácilmente la sana distancia), la cocinera se convirtió en dueña y empleadora de al menos 8 personas y hasta hizo que “el güero” pudiera regresar a casa. Esta historia, la cual me hubiera encantado conocer de primera mano, la escuche gracias a un programa del canal local y desde ese momento supe que este no era como cualquier otro lugar que ofrezca lechón; había algo que era notoriamente especial y único, lo cual comprobé desde la primera vez que fui y que me ha hecho regresar a mí y a tantos otros clientes durante tanto años.

Ubicado en el fraccionamiento La Fundición al norponiente de la ciudad, Lechón “Mi güero” está prácticamente lleno todos los días desde que abre hasta que cierra y esto no es ninguna casualidad. El sabor de su lechón es realmente único, teniendo siempre el punto de cocción perfecto, sin llegar a sentir demasiado grasoso o demasiado seco como suele pasar en muchos de los negocios especializados en este tipo de tacos. El trato es siempre amable y eficiente, contando con el suficiente personal para atender a las masas que suelen congregarse para comer en el lugar. La limpieza dentro de la cocina, los baños y en el área de mesas es bastante bueno, aunque se podría mejorar un poco, sobre todo por la época en la que vivimos. El menú es simple, clásico de cualquier taquería, pero eso no lo hace menos eficaz: tacos, doraditas o tortas, con las que el cliente tiene la opción de elegir si quiere carne maciza, cuerito blando o el ya mencionado cuerito duro, el cual les recomiendo ampliamente probar, pues es algo que no se encuentra todos los días y su sabor es realmente único. La barra de bebidas es realmente amplia contando con refrescos, jugos y la especialidad de la casa: el agua de horchata. Y para rematar, el guacamole y la salsa molcajeteada que se ofrecen como acompañamiento son increíblemente bueno, quizá demasiado picosos para algunos gustos, pero con el sabor y el cuerpo necesarios para lejos de opacar, realzar el sabor del delicioso lechón.

En fin, lechón “Mi güero” es una parada obligada para todos aquellos que gusten de este singular platillo, que no en cualquier lugar de la republica pueden consumir. Si bien los precios me parecen que ya son un poco elevados, creo que aún están dentro de lo razonable, más aun siendo un producto de tan rico sabor y con tan buena calidad. Si llegan a tener visitas de otro estado, les recomiendo ampliamente llevarlos a probarlo y casi les puedo asegurar que querrán regresar en cada ocasión que puedan.

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