Para cambiar el mundo hay que vencer al algoritmo/ Matices - LJA Aguascalientes
20/01/2022

El documental de moda es El Dilema de las Redes Sociales, que plantea muchas tesis y dilemas alrededor de las redes sociales y cómo estas pasaron de ser el espacio más democratizador y solidario al más perverso y manipulador de opiniones, de ser un promotor de paz a uno de odio, de ser un uso de tiempo libre a una esclavitud moderna donde las notificaciones son un látigo de opresión. En el documental se plantea una dramatización del funcionamiento del algoritmo y el contenido que consumimos en las redes; mi reflexión es fundamental, si como consumidores de contenido no somos capaces de vencer al algoritmo, tampoco lo seremos como ciudadanía activa en pro de construir una democracia de calidad.

La idea general del algoritmo es que uno consume solamente lo que comparte ideológicamente, y el algoritmo hace lo propio para hacernos llegar artículos, datos e ideas que se alineen a nuestra ideología; la verdad es que esa idea básica funciona desde hace décadas, uno filtra el contenido de lo que consume y debate a su gusto, uno platica, regularmente con quien comparte sus ideas y no con quien piensa radicalmente contrario; eso hasta cierto punto es tolerable, pero ahí estaban los libros, nuestros compañeros de salón de clases o profesores de todo un semestre que escuchábamos sin necesariamente estar de acuerdo con él y quizá o muy probable, algo aprendíamos y algo de nuestras propias ideas las matizábamos. Hoy el algoritmo ofrece una falsa buena salida, no tienes que escuchar a ese profesor o a ese compañero que no piensa igual que tú, puedes solamente escuchar y consumir lo que te hace sentido y punto; y a través de falsas respuestas como que el consumidor es libre de elegir lo que consume o cree, el algoritmo se consolida desde la intolerancia a las ideas contrarias.

El documental aporta ciertas novedades al funcionamiento de este algoritmo, lo interesante del mismo es que son narradas por aquellos que dirigieron y encabezaron las mayores empresas de tecnología y redes sociales como Twitter, Google o Pinterest, todos ellos atemorizados por el monstruo en el que se han convertido estos gigantes. El algoritmo no solo te filtra el contenido que a ti te gusta consumir sino que deduce por tí, ciertas ideas que te gustarían para ir delineando un perfil; por ejemplo, si tu has consumido un video sobre una teoría acerca de que la tierra es plana, el cual el algoritmo te hizo llegar por una razón justificada en tu comportamiento de consumo, el algoritmo identifica que eres susceptible a las teorías conspiracionistas, por ello, te ofrecerá una teoría sobre la mentira de la Covid-19 o del terrorismo en el mundo o el movimiento antivacuna, ofreciendo videos que circulan en la red por millones donde “expertos” de universidades que es complejo demostrar su veracidad afirman tal o cual cosa. Una vez que el algoritmo detectó que si eres susceptible a esas teorías no solamente las sigue ofreciendo al por mayor en todos tus canales sino que pasa al siguiente nivel y te ofrece una opción política que haga sentido con muchos de los argumentos que el consumidor ha delineado en sus hábitos, ahí está el ejemplo de Trump. Putin o Bolsonaro y no solo lo más relevante es esa oferta de opción política que es una mera manipulación de la democracia, sino que el algoritmo puede pasar a un siguiente nivel, que hace al modelo más rentable: ofrecer un producto que tiene más probabilidades de comprar como las armas o seguridad en las casas o productos milagro.

El algoritmo es alimentado por grandes capitales que lo que buscan es modificar un hábito o una idea para poder vender más; desde una opción política hasta productos de miles de pesos; de pequeña o gran medida, todos los que hemos usado los anuncios de Facebook o Google Ads nos hemos beneficiado del algoritmo y no digo que esté todo mal, para aquellos pequeños y medianos empresarios o medios de comunicación que les ha ayudado el algoritmo a consolidar sus producto y contenido de valor; el algoritmo ha sido bueno, sin embargo, para aquellos grandes problemas del mundo, el algoritmo ha sido un aliado para hacerlos más grandes y polarizados. 

La salida no es fácil, pero si no logramos vencer al algoritmo, no podremos cambiar al mundo, mucho menos al país, podemos empezar por construir guías de uso democrático para redes sociales, identificación de fake news, apagar las notificaciones, porque hasta estas nos llegan sólo de las noticias de nuestra preferencia o de nuestro hábito; la salida no debe ser renunciar a una vida digital y a los beneficios que ofrece a la humanidad, la salida es controlar y conocer al algoritmo para poder identificar el daño que nos hace en nuestras propias ideas, hábitos de consumo, pensamientos o sentimientos respecto algo. Podemos empezar por revisar las páginas que seguimos y los contenidos a los que ponemos like y a prueba y error, empecemos por consumir ideas que no nos gusten y que son contrarias a nosotros, además de las que sí nos gustan, para poder hackear al algoritmo con un principio básico de la democracia: la pluralidad de ideas.


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