Covid-19. Pandemia de ignorancia/ De lengua y sesos con todo  – LJA Aguascalientes
19/10/2020


Vivimos una pandemia de ignorancia. Parece que la desesperanza viene en aumento, semana a semana, desde que la Covid-19 atacó. Esta última fue caótica se mire por donde se mire:

Dos farmacéuticas anuncian que detienen sus protocolos de investigación; una trabajaba para una vacuna, la otra en un tratamiento. La OMS manda mensajes un tanto contradictorios respecto a las cuarentenas estrictas mientras, en algunos países como Francia y España, empiezan a guardarse de nuevo. La misma Organización anuncia que viene una situación caótica en Europa, Y en México, en México no hay nada claro.

Leo comentarios en Twitter, Facebook e Instagram, sobre la incredulidad de la gente que, ante el desconocimiento de esta enfermedad y meses guardados, usando cubrebocas, alejados de sus familias, empiezan a desesperarse. Y no, no es criticable, es un fenómeno comprensible y esperado.

Pero puede ser que no todo sea malo en esta pandemia. Quizás me pase de optimista, prefiero serlo antes de sumirme en la desesperación.

Por primera vez en mucho tiempo, sino es que en la historia, la población sigue de cerca los procesos científicos necesarios para estudiar una nueva enfermedad y desarrollar tanto tratamientos como vacunas. Es un campo de oportunidad para aquellos a quienes nos interesa divulgar temas científicos y médicos.

Tristemente no es tan sencillo, tenemos en contra a los gobernantes. Vivimos en una época en que los mensajes populistas, aunados a la incapacidad e ignorancia de los políticos, parecen tener más fuerza que la curiosidad de la población por comprender qué es lo que sucede a su alrededor. 

Los mandatarios de diversos países, como Reino Unido, Brasil y Estados Unidos, amantes del mensaje que atraiga masas y no del que ayude a su pueblo, han probado en su propio organismo los estragos de una infección por SARS-CoV-2. Aun así, no tardan ni siquiera una semana en mandar contra mensajes que demeritan todo el esfuerzo de médicos y científicos. Ahí tienen el ejemplo de Trump retirándose el cubrebocas.

México no puede quedarse atrás. López Obrador y a quien ha asignado como encargado del manejo de la pandemia, el dr. López Gatell, no hacen sino llenarnos de discursos sin sustento, manejar cifras a leguas sin orden ni lógica, contradecirse en menos de 24 horas, etc. 

Gustan del mensaje de victimización, en lugar de ser propositivos. Lanzan cajas chinas y cortinas de humo, muchas de ellas descaradas, pero en las que no sólo caen sus más fieles seguidores, sino también sus detractores; algunos de ellos les gusta creer que son “los que piensan” (no importa qué lado de la moneda se vea). 

Pueden salirnos a hablar del queso que no es queso. Algo que desde hace años sabíamos y que está mal. Pero, si bien es correcto multar, lo utilizan para distraer. Y terminan cayendo todos en el juego; ya habían demostrado sus opositores lo susceptibles que estaban a hacerlo con sus protestas respecto al etiquetado de alimentos.

Lo hacen hablando de un supuesto robo de medicamentos, usando a los padres de los niños afectados como mensajeros y culpando sin evidencia alguna y en forma muy genérica a la industria farmacéutica. Mientras tanto, los niños siguen sin recibir su quimioterapia.

Pueden, incluso, prestarse al juego de los paparazzi y las revistas del corazón. Ahí tienen a todos cayendo redonditos a hablar del dr. López Gatell y su beso en una escena claramente montada. Pronto se les olvidó que hace unos meses hiciera lo mismo con una portada que lo llamaba rockstar, hablando de su carrera, su afición por la música y hasta de su esposa para que, escándalo incluido, ella saliera después a declarar que llevaban un año divorciados.

Mientras tanto, los hospitales siguen sin material y el personal de salud se enfrenta, como una vez lo calificó una doctora, a la guerra sin fusil. La población cada vez más desesperada cae en conductas de alto riesgo. La ignorancia gana la batalla en este que pareciera un juego de mesa donde las fichas que se ganan o se pierden son vidas, negocios, casas… el futuro. 

A ello podemos sumar los mensajes que resultan contradictorios de organismos como la OMS que, un día hablan de que las cuarentenas son una medida exagerada y, al día siguiente, señalan que se prevé un nuevo escenario catastrófico en Europa.

Pero la gente no quiere investigar, no quiere leer y saca conclusiones basadas en la lógica, su propia lógica. Nuestra mente fácilmente nos engaña. Hay ocasiones en que pienso que Ockham se equivocaba, pues no siempre la respuesta más sencilla es la más probable. El famoso principio de parsimonia sólo aplica cuando se tienen los conocimientos suficientes para sacar conclusiones.

Por ello es muy sencillo enardecer a los bandos. Si llegaste hasta aquí, déjame decirte que perteneces a una minoría.

La semana pasada publiqué una columna titulada “Mario Molina. ¿Un orgullo o una vergüenza para México?”. Tuve a bien compartirla en Facebook y Twitter con el enunciado: “¿Realmente es un orgullo un premio Nobel ganado con el presupuesto extranjero?”. 

Las respuestas que recibí, principalmente en la primera red social, dejan en claro que no leyeron más allá del título. Ni siquiera entendieron la frase introductoria que, a mi parecer, sintetizaba bastante bien el mensaje que quería dar. No tardaron en salir de los dos bandos, sí, de los dos, a atacar el artículo dejando bien en claro que no lo habían leído. No tuve ni ganas de discutir con ellos, y miren que es uno de mis deportes favoritos. 


Creo necesario que científicos y médicos creen una fuerza informativa. Un sistema que esté más allá del interés de ciertos medios de comunicación (alguno de sus dueños hasta publican sus recetas llenas de iatrogenias en la red), para dar a conocer en forma puntual la información y romper con toda esta cadena de enredos. He pensado mucho en cómo hacerlo y no doy con la respuesta. Así que te pregunto, ¿tienes alguna propuesta?

@boylucas | robertosancheztorre.net

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