El día que AMLO y Ebrard le dieron la espalda a Mancera - LJA Aguascalientes
15/04/2024

  • Una alianza rota, un mal cálculo… y todo cambia. Una anécdota ocurrida en un hotel de Nayarit muestra la manera en que tres aliados –¿amigos?– tomaron rumbos distintos después del Pacto por México. #RecuerdosDeCampaña.

 

EMEEQUIS

 

Aunque nada estaba definido para nadie, en el cuartel de Andrés Manuel López Obrador se respiraban aires de triunfo. Faltaban casi dos meses para las elecciones. El candidato presidencial de Morena despertaba ese día en Tepic para iniciar una gira proselitista por los estados de Nayarit y Jalisco. Era el 12 de abril de 2018.

Miguel Ángel Mancera, el expoderoso jefe de Gobierno de la Ciudad de México, estaba refugiado como candidato plurinominal del PRD al Senado de la República, y Marcelo Ebrard Casaubón se posicionaba como uno de los hombres fuertes de AMLO, al coordinar la campaña del tabasqueño en la región noreste del país.

Ese día los tres coincidieron en un hotel de la capital nayarita. En los últimos años, esa triada había pasado de formar una estrecha alianza a protagonizar una ruptura en el trono de la izquierda, la CDMX: AMLO cedió la estafeta a Ebrard y éste se la pasó a Mancera. Y ahora, a un tris de llegar a la Presidencia, uno de ellos estaba expulsado del círculo que llegaría, al fin, al poder grande.

El pleito orilló al “carnal Marcelo” al autoexilio por el tema de las irregularidades en la construcción de la Línea 12 del Metro, primero en Francia y más tarde en Estados Unidos. Su otrora aliado, su ungido, lo había perseguido políticamente, se decía en el círculo cercano al ahora canciller.

 

El encuentro: te veo, no te veo


El candidato presidencial de la alianza Juntos haremos Historia (Morena-PT-PES) baja de su habitación, en el hotel de Tepic, a desayunar al restaurante. Luego recula. Marcelo Ebrard observa los pasos acelerados del tabasqueño y lo secunda. Miguel Ángel Mancera finge que no pasa nada.

 

Ayer aliados, hoy nada. Ni un saludo. Nada.

López Obrador sólo alcanzó a mirar de reojo que, en una mesa del restaurante del hotel donde durmió, y se disponía a desayunar con Marcelo Ebrard, se encuentra Miguel Ángel Mancera con el perredista Guadalupe Acosta Naranjo.

El tabasqueño se sigue de largo. Se va a desayunar a otra parte y sólo mueve la mano cuando los reporteros le preguntan si no iba a saludar al exjefe de Gobierno capitalino.

Más tarde, el candidato presidencial argumentó que se fue del lugar porque “había personas indeseables”.

–¿Lo traicionó? –preguntó una reportera.

–A mí no. Traicionó al pueblo de la Ciudad de México –cortó López Obrador.

Marcelo secundó al entonces candidato presidencial. Se levantó de la mesa y abandonó el lugar.

“No lo saludo porque ya es del PAN, ¿o no?”, comentó el entonces coordinador regional de campaña de López Obrador. Luego, en el mitin de campaña en el municipio de Santiago Ixcuintla, Nayarit, dijo que se fue del lugar porque tenía otros compromisos.

Tres exjefes de Gobierno de la Ciudad de México en un mismo sitio, a 755 kilómetros de distancia de la capital del país.

 

Las cosas cambian

Hace seis años eran aliados políticos: uno jefe de Gobierno, otro candidato presidencial y el último candidato a la jefatura de Gobierno, pero las cosas cambian.

Ya en el poder, Mancera fue acercándose poco a poco al entorno del presidente Enrique Peña Nieto, hasta formar parte central del famoso Pacto por México, un acuerdo por donde corrieron maletas de dinero, según ha dicho Emilio Lozoya, hoy en la cárcel. Aquella alianza consistió en que casi todos los partidos políticos, incluyendo el PRD, apoyaran las reformas estructurales impulsadas por el mandatario. Esa decisión –entre otras– separaría a Mancera de sus otrora aliados, Ebrard y López Obrador.

Pero en ese hotel de Nayarit, en esos instantes, cruzaron miradas de desconfianza, un tanto de rencor. Optaron por guardar sus distancias.

Y eso se dejó ver. Mancera comentó que nunca vio que estuvieran presentes Ebrard y López Obrador, aunque Guadalupe Acosta Naranjo, el sempiterno candidato perdedor del PRD al gobierno de Nayarit, y en aquel momento candidato al Senado por el Frente por México (PAN-PRD-MC) por esa entidad, dijo que “ahora resulta que los de la austeridad republicana se hospedan en hoteles fifís”.

Los comensales no sabían lo que pasaba, pero se vieron sorprendidos cuando identificaron a uno por uno. En las campañas electorales hay muchas sorpresas, pero pocas veces de ese tamaño. En aquella ocasión el proselitismo electoral los cruzó en el camino.

López Obrador se desahogó más tarde, en su tradicional “chacaleo” con los medios.

“Me fui a desayunar a otra parte para no verlo. Además es la hora del desayuno. Se va uno levantando, va a uno a comer. Imagínense cuando menos que tenga uno un panorama distinto y pueda uno comer tranquilamente”, bromeó.

Ebrard de plano ya no platicó más del tema. No le dio mucha importancia, a pesar de que alguna vez dijo que se autoexilió, primero en Francia y luego en Estados Unidos, por “una persecución política de Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera”.

Pero AMLO le tenía preparado a Ebrard responsabilidades mayores. Tras los comicios presidenciales, todo cambió.

 

El premio a Marcelo

Tiempo después, ya como presidente electo, AMLO optó por remover a uno de sus más fieles del gabinete que había anunciado desde el 14 de diciembre de 2017. Héctor Vasconcelos, quien estaba contemplado como canciller, tuvo que ceder la cartera en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a Marcelo e irse a ocupar un escaño en el Senado de la República, donde hoy es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores.

Ahora, desde la cancillería, el “carnal Marcelo” ha construido (o López Obrador le ha permitido construir) una especie de vicepresidencia. Desde ese cargo, el más fiel alumno del fallecido Manuel Camacho Solís ha sido el encargado de anunciar y tomar decisiones que sólo corresponderían al Presidente de la República, como informar sobre la detención en Estados Unidos de Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa en el sexenio de Enrique Peña Nieto, por presuntos vínculos con el narcotráfico.

En cambio, Miguel Ángel Mancera, el poderoso mandatario capitalino de 2012 a 2017, hoy luce acorralado y disminuido políticamente como coordinador de tres senadores del PRD en la Cámara alta, observando cómo investigan y aprehenden a excolaboradores y exfuncionarios de su administración en la Ciudad de México.

Los antes grandes aliados, y hoy acérrimos adversarios políticos, se bifurcaron en el camino, como fue notorio durante la campaña, a 755 kilómetros de distancia de una ciudad que gobernaron, en tres periodos consecutivos desde 2000, pero esta vez para sacarse la vuelta.

 

@emeequis

 


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