El feminismo debe ser una fuerza que levanta la voz contra la militarización - LJA Aguascalientes
01/10/2022

  • En el impacto de la guerra contra las drogas también la gran fuerza que busca a los desaparecidos son las mujeres, mujeres que dejan su vida, sus comunidades: Ana Pecova
  • Los movimientos feministas tienen que recuperar la visión sistémica de las luchas sociales y escapar a la inercia de la focalización de temas: Tania Turner

 

 

En 2006, al poco tiempo de asumir la presidencia el panista Felipe Calderón desplegó de forma masiva al Ejército mexicano para iniciar la llamada “Guerra contra las drogas”, supuestamente, para eliminar a la delincuencia organizada, que después de 14 años demuestra que ha tenido repercusiones desastrosas en materia de derechos humanos y seguridad pública. 

Con este escenario en el país, la organización Intersecta realizó el informe Las dos guerras: El impacto de los enfrentamientos de las Fuerzas Armadas en los asesinatos de mujeres en México (2007-2018), que pretende abonar a los “estudios que muestran tanto la letalidad con la que operan los militares, como la violencia que se desata con el despliegue militar y la estrategia de confrontación directa con presuntos grupos delictivos”.

El informe también busca que la sociedad observe que la militarización impacta de manera particular en la vida de las mujeres. Más aún, invita al feminismo a retomar la lucha contra la militarización.

En la presentación del informe, Estefanía Vela, directora de la organización Intersecta, comentó que en la actualidad en el país existen dos guerras, una, contra las mujeres, liderada por el machismo y la misoginia, y la otra, la guerra contra las drogas, “a la vieja guerra del machismo ahora las mujeres tienen que lidiar contra los efectos de la guerra contra las drogas”, y destacó que el informe revela que la manera en la que se ha matado a las mujeres en México ha cambiado desde el 2007, cuando llega al poder Felipe Calderón, hasta la actualidad, ahora las mujeres están más en riesgo en la calle que en la casa.

Laura H. Atuesta, coordinadora del Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), recordó el lema de Felipe Calderón a lo largo de su sexenio respecto a las drogas: “Que la droga no llegue a tus hijos”, sin embargo, la idea de un México libre de drogas y violencias trajo consigo la implementación de estrategias fallidas que en lugar de disminuir las drogas y la violencia, las incrementaron, por lo que comentó algunos de los resultados del estudio: las personas asumen que esta es una guerra de hombres y que a las mujeres no les afecta, para corroborar esto, se buscó el efecto promedio de un enfrentamiento registrado en un municipio en número de homicidio con metodología de evaluación de impacto y diferencias entre sexenios, lo que arrojó que el de Calderón fue más violento que el de Peña; del sexenio actual aún no se puede comparar datos, pues la última recopilación del Inegi llega hasta 2019. De esto se desprende que la guerra pasó de ser una guerra de hombres, a una generalizada, pues las mujeres están jugando un rol activo, por cada enfrentamiento se empiezan a incrementar los asesinatos contra las mujeres.

Atuesta destacó que en nombre de los derechos de las mujeres se ha implementado una variedad de políticas públicas e instituciones para garantizar sus derechos a una vida libre de violencia, “la pregunta es, ¿hasta dónde estas políticas están preparadas para responder a las necesidades de las mujeres en un contexto de militarización, hasta donde las instancias que no están preparadas, qué modelo de seguridad queremos?”.

Sobre el papel de las feministas en el tema de la militarización, Laura Atuesta insistió en que las mujeres organizadas tienen todo que aportar para el desarrollo de un modelo de seguridad: “Si hay una larga trayectoria dentro del feminismo es precisamente el feminismo antimilitarista, creemos que esta discusión se tiene que detonar y que parte de las respuestas la vamos a encontrar con las mujeres y dentro del feminismo, lo que urge es ya tener esa conversación porque lo que ya tenemos actualmente, nos sugiere la evidencia, no nos sirve, nos mata”.


Ana Pecova comentó que el informe confirma lo que se sospecha desde Equis Justicia para las Mujeres, organización que “llegó a la guerra contra las drogas como institución que promueve y garantiza el acceso a la justicia a todas las mujeres”, destacó que se debe observar a todas la mujeres con un enfoque interseccional, y reconocer que las mujeres llegan como víctimas, pero que a veces son acusadas de algún delito, “y todas tienen el derecho al acceso a la justicia, ahí es donde se cruza la guerra contra las drogas con toda su potencia, siendo los delitos contra la salud uno de los principales delitos contra las mujeres, no sólo esto, la guerra, la política prohibicionista aumentó a las mujeres en prisión, el grupo penitenciario con más alto crecimiento, en México y toda la región”.

Pecova destacó que en el impacto de la guerra contra las drogas también la gran fuerza que busca a los desaparecidos son las mujeres, mujeres que dejan su vida,  su comunidades, “9 de cada 10 personas que busca a sus familiares son mujeres”, que existen aumentos de violencia y un cambio de patrón de estas violencias, pues “tradicionalmente el hogar es el lugar más peligroso para las mujeres, golpes, ahorcamientos, acuchillamientos, es la violencia tradicional, esta violencia sigue en los estados en donde incluso bajó el índice de violencia y asesinatos, sin embargo, en 2001 con la militarización de la seguridad pública, hoy hay más mujeres que pierden la vida en la vía pública con arma de fuego”.

¿Qué políticas tenemos para ofrecerles a las mujeres que son víctimas de violencia, qué estrategias tenemos para prevenir la violencia?”, cuestionó la directora de Equis, “ninguna, lo único con lo que contamos y con lo que hemos invertido desde el movimiento es una respuesta política y estrategias que responden a una violencia más tradicional, la violencia de la pareja, la que se da en la vivienda, contamos con centros de justicia donde te regresan si no eres víctima de una violencia familiar en el sentido tradicional, tenemos muchas alertas de género en muchos lugares del país que cuando se leen no mencionan la palabra militarización, tenemos fiscalías especializadas que atienden la violencia de género también en un sentido muy tradicional, ninguna de estas estrategias ha dado los resultados esperados”, por lo que se debe observar que los mecanismos ofrezcan respuestas efectivas a las mujeres, “tenemos que empezar a velar desde el feminismo por todas la mujeres, por todas la víctimas”

Ana Pecova destacó de manera importante los prejuicios a los que se puede caer, “que algunas víctimas nos importen y otras no, y menos en un contexto en donde son más esas mujeres que son víctimas en la vía pública y con arma de fuego, no podemos permitir este tipo de prejuicios”, y cuestionó que la única aportación contra la militarización sea una mayor capacitación en los cuerpos de seguridad o las capacitaciones que se ofrecen desde las instancias de seguridad pública: “No queremos más mujeres en la Guardia Nacional ni tampoco es una solución que la Guardia Nacional se capacite en género ni derechos humanos, ninguno es la solución al monstruo que estamos enfrentando de la violencia creciente. La apuesta desde el movimiento (feminista) debe ser ir exigiendo una estrategia de seguridad pública que visibiliza a las mujeres también, que incluya una perspectiva de género, el feminismo necesita ser una fuerza que levanta a voz contra la militarización, una estrategia que ha tenido efectos graves para la seguridad de las mujeres, la militarización debe ser un asunto central de la agenda feminista, por un lado enriquece la agenda feminista y por otro también ayuda a ver a otros lados, otros movimientos antimilitaristas que trabajan por la seguridad, por los derechos humanos”.

En su participación, Tania Turner, directora de Fondo Semilla, destacó los datos que se observan desde el 2007, como el incremento en las denuncias de violencia, acoso y abuso sexual, feminicidio y desapariciones muestra como sí es una guerra, otra guerra que está marcando nuestros cuerpos y que se une: “La militarización se sostiene por discursos reduccionistas, totalitarios. La proliferación de este discurso es una señal de grupos conservadores que coartan libertades y eliminan la diversidad de formas de pensamiento y alternativas de vida, debemos tenerlos muy en claro, es vital señalar estos discursos en todas las esferas de la vida pública. Los movimientos feministas tienen que recuperar la visión sistémica de las luchas sociales y escapar a la inercia de la focalización de temas, los movimientos sociales tenemos que dejar de actuar en compartimentos y buscar urgentemente formas de colaboración que se nutra de todas las corrientes de lucha y resistencia a favor de la vida. Estamos en una coyuntura y es importante darse cuenta de eso. En este país, queremos pensar, estamos a tiempo de detener este espiral de violencia ascendente”.

Graciela Rodríguez, directora de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, reflexionó sobre la política de militarizar la seguridad pública y el mito de que la policía es corrupta y que las fuerzas armadas mantienen la paz, por lo que la tendencia es militarizar sectores estratégicos del país, como los puertos o la construcción del aeropuerto, “lo que significa que va a haber un aumento en el presupuesto a las fuerzas armadas, que en combinación con el acuerdo militarista va a hacer que enfrentarnos a la militarización y las consecuencias nos va a costar muchos años deshacernos de esto”, y señaló que se deben realizar análisis con perspectiva de género en la desaparición forzada, la tortura, así como la exigencia de la segregación de datos por sexos, “cuántos hombres, cuántas mujeres, dónde aparecen más mujeres, si como víctimas colaterales, cómo las atacaron”. 

Para finalizar la presentación del informe de Las dos guerras: El impacto de los enfrentamientos de las Fuerzas Armadas en los asesinatos de mujeres en México (2007-2018), Estefanía Vela apuntó que los medios reportan apenas el 30% de los enfrentamientos; sobre el lenguaje y discurso militarista, indicó que “hay toda una narrativa que la Sedena contruye, a las personas que mueren les llama agresores, de lo poco que sabemos hay una estructura de estigmatización, justo el feminismo si algo hace, es ser crítica de narrativas de estigmas y discriminación, hay todo un campo fértil”.

Ve la presentación del informe aquí:  https://bit.ly/3mc8AdJ

Consulta el informe aquí: https://cutt.ly/KgjJnO0


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Tania Magallanes
Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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