Escándalo/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
19/08/2022

Estamos expuestos, los avances tecnológicos han eliminado las distancias y los muros, cada vez es más difícil trazar la línea entre abierto y cerrado. La desaparición de esas barreras genera confusiones no sólo entre lo público y lo privado, induce a definirse con prisa, a tomar partido sin tiempo para reflexionar, ante los hechos actuamos con velocidad, porque ponderamos la cualidad de llegar antes que el sitio al que se arriba.

Nada mejor que la indignación para establecernos ante los otros, lo que nos mueve, lo que nos guía, es mostrar cómo algo nos provoca enojo porque lo consideramos ofensivo o injusto. Con las redes sociales como amplificador, la indignación suele derivar en escándalo. Con la simplificación de los sentimientos a una manita que da like o un emoji enojado se desvanecen las razones y sólo queda la sentencia final, decreto que no da pie a una conversación, sino que la termina.

Se podría realizar un elogio de la distracción a partir de las ideas halladas en los momentos en que nos abstraemos del mundo, en que se toma distancia o cierran las puertas para pensar; los espacios que anula la velocidad impiden perspectiva alguna y, además, hay que contestar de manera inmediata para sentir que formamos parte de algo, que no nos estamos quedando solos.

Definirnos a través de mostrar inconformidad con el estado de las cosas es una mano que se tiende hacia el otro para emprender juntos una solución sobre aquello que nos afecta, participar en el cambio que se considera necesario sobre lo que es injusto, la indignación nos involucra, fomenta la participación; sólo que atendiendo a la velocidad rendimos el uso de la voz al escándalo, todos están exigiendo, todos están hablando al mismo tiempo, todos muestran su enojo, escalando cada vez más, hacemos de la indignación un escándalo.

Con las redes sociales como amplificador nada más sencillo que el grito. En los espejos que esas mismas redes sociales nos proporcionan, cada vez es más difícil decidir y graduar, ya no hay diferencia entre lo que nos provoca indignación, lo mismo un incidente mínimo que una injusticia mayor. La reacción inmediata y estentórea iguala todo, porque hemos dejado de protestar contra algo en específico, pues lo que importa es la rapidez con que se exhiba nuestra inconformidad, cómo nos define el grito virtual.

En las marchas se solía gritar consignas, una suma de individuos acordaba manifestar su indignación resumiendo en una frase su deseo de cambio, se enunciaba el propósito, el colectivo encontraba su objetivo en ese resumen; ahora también el colectivo se indigna y hace un gran escándalo, pero todos están gritando Yo.

Coda. En El viaje nupcial, Ismail Kadaré escribe: “Hubiera querido continuar aún sobre las cumbres libres del pensamiento, pero sentía que la trampa de las banalidades tiraba continuamente de él hacia abajo, con premura, intentando derribarle cuanto antes de su vuelo”, así cuando se desvía la mirada siguiendo el vuelo de casas de campaña.

@aldan

 



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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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