“Genaro García Luna era el más grande cobrador de piso del país” – LJA Aguascalientes
19/10/2020


  • El exagente federal Rodolfo Valverde Ocaña cuenta por primera vez cómo fue trabajar bajo el mando del exsecretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, a quien ubica como el mayor extorsionador en todo el país

 

EMEEQUIS/Óscar Balmen

 

Si yo te contara todas las cosas ilegales que nos pedían hacer … De verdad, los jefes eran unos verdaderos criminales. Lo peor que he visto en toda mi carrera y eso que yo empecé en la Policía Judicial Federal en 1991. ¿Te conté que nos ordenaban hacer cateos ilegales y decomisos sin órdenes judiciales? Y eso era lo más tranquilo. También nos pedían que si hacíamos decomisos de drogas, sólo reportáramos la mitad para que el director y sus amigos se quedaran con el resto y lo revendieran a través de los grupos criminales que decían combatir.

De verdad, si te contara todo lo que mis compañeros hacían, por órdenes de esos mandos corruptos, no me lo creerías. Vi de todo: policías y agentes que extorsionaban, que vendían droga, que negociaban secuestros con sus amigos los malandros. Había mandos que tenían en sus teléfonos los contactos de los criminales que mandaban en las plazas, se mandaban mensajes y luego, desvergonzadamente, salían a los medios a decir que los estaban persiguiendo con toda la fuerza de la ley.

Por años, todas las reglas se rompían. Ninguna palabra valía. Solo había una orden que se respetaba como si fuera de oro: no se puede tocar a los delincuentes que son amigos de los jefes, porque si los afectábamos ¿con quiénes iban a hacer negocios nuestros mandos?

¿Te conté por qué me chingaron? ¡Ah! Seguro ya te lo imaginas: porque yo no me presté a esas porquerías. A mí, Rodolfo Valverde Ocaña, sí me enseñaron valores mis padres. Por eso cuando un día me dijeron ‘necesitamos que detengas a un fulano y lo traigas para acá’, yo les dije que no lo iba a hacer, porque no tenía una orden de aprehensión. Me estaban pidiendo, básicamente, secuestrar a un ciudadano. Ni madres, yo a eso no le hago, les dije, porque yo no me hice policía para ser criminal con uniforme y tampoco soy delincuente con placa.

Y por eso me arruinaron. Me dijeron de baja, ensuciaron mi nombre. Me hicieron polvo. Todavía me amenazaron: “¿seguro que no le vas a entrar? Son órdenes del director” y yo necio me aferré a que no, que yo no era igual que ellos.

El director tenía mucho poder. Si no estabas con él en sus negocios sucios, te mandaba a matar o te convertía en un policía de ‘puertas y ventanas’, ¿sabes qué es eso? Son los policías que cuidan edificios a donde nadie va.

¿Ya adivinas quién es el director? Pues ni más ni menos que Genaro García Luna. Él era el que estaba al frente de esto. Yo lo viví, a mi nadie me lo cuenta. Mejor yo te lo cuento a ti.

 

Un joven soñador en una institución corrupta

Hace 29 años, Rodolfo Valverde Ocaña, un joven chilango egresado de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, ingresó a las filas de la Policía Judicial Federal (PJF), que en aquellos dependía de la Procuraduría General de la República, para hacer las investigaciones de los delitos de más alto impacto en el país.

Era un abogado soñador que creía en transformar al país desde adentro de una institución compleja como la PJF, cuyos integrantes –conocidos entre la población como los temidos “judas” o “judiciales”– acumulaban mala fama con el paso de los años. Pero el joven Rodolfo Valverde creía que no todo estaba perdido y que, si los honestos se imponían a los corruptos, la corporación que tanto amaba podía salvarse.

Once años libró esa batalla con algunas peleas ganadas y otras perdidas, hasta que en el 2000, con el triunfo electoral del panista Vicente Fox, llegaron dos noticias que cambiarían su vida: primero, que la Policía Judicial Federal sería destruida para dar paso a la futura Agencia Federal de Investigaciones, con un modelo de investigación de delitos basado en la ciencia; y, segundo, que el encargado de fundar esa nueva corporación sería un ingeniero de mala reputación, conocido como “la Metralleta” por su tartamudeo y su explosividad. Ese hombre era Genaro García Luna.

 

La limpia de los honestos

En exclusiva para EMEEQUIS, Rodolfo Valverde Ocaña, exagente y especialista en el combate a delincuencia organizada y delitos contra la salud, cuenta cómo aquella transición que debió hacerse tersamente se convirtió en una devastadora reestructuración a manos de Genaro García Luna, un mando gris, pero ambicioso por hacer negocios desde el primer día en la AFI, su creación.


“Lo primero que hizo fue sacar a todos los que llevaban años y los sustituyó por gente nueva, gente que ni eran policías de carrera, pero que lo seguían desde que estaba en el Cisen. Puro espía. Puro palero que respondía a sus órdenes y que estaban dispuestos a hacer todo tipo de ilegalidades.

“Ellos eran los que vendían las plazas, los que ubicaban las necesidades de los cárteles y elegían a la gente que podía trabajar para ellos”, cuenta el “Comandante” Rodolfo Valverde. “Para que tu seas delegado o subdelegado de alguna plaza hay que pagar en dólares. Y al final de cuentas eso se recupera en dos o tres meses, porque hay arreglos entre la delincuencia y con muchos de los jefes de las instituciones”.

Genaro García Luna, el Turbio, dice, no nació con el sexenio del 2006-2012. Se gestó en la administración de Vicente Fox y evolucionó hasta su forma más monstruosa con Felipe Calderón, quien lo hizo su secretario de Seguridad Pública y le encargó el diseño de la llamada “guerra contra el narco”.

En esa estrategia depositó todos los abusos que aprendió en la AFI y que eran sabidos entre los pasillos de la seguridad nacional: Genaro García Luna era proclive a esconder cargamentos de droga y repartirlos entre sus directores como premio por proteger a los jefes del Cártel de Sinaloa. A “golpear” con la policía a los enemigos de sus aliados. A fabricar culpables para engrosar las cifras que presentaba cada año en los reportes anuales a la Presidencia de la República.

 

Los montajes de Genaro, secreto a voces

“Las órdenes eran verbales y nosotros las pedíamos por escritos. Se hacían todo tipo de actos ilícitos: detención de personas ilegalmente, cateos ilegales, o sea, infinidad de actos ilícitos que se pueden cometer como elemento activo de la PGR (…) A los que nos rebelamos nos mandaban a cumplimentar órdenes de aprehensión sin arma o muchas veces sin oficio. Para que te mataran, pues.

“Yo te podría contar muchas cosas: cómo detenían personas, montaban videos después de las detenciones y volvían a hacer la detención. Retenían a las personas por uno o dos días”, recuerda Rodolfo Valverde. “Eso se supo por años. Pero nadie podía decir nada”.

A la pregunta de por qué hablar ahora que Genaro García Luna está en una celda en Estados Unidos esperando una probable sentencia de cadena perpetua por conspirar con el Cártel de Sinaloa para enviar drogas del otro lado de la frontera norte, Rodolfo Valverde hace un gesto de obviedad.

“Porque si decías algo te mataban. O mataban a tu familia. No sabes a cuántos compañeros les pasó. O los mandaban a la cárcel, como al comandante Javier Herrera Valles. A mí me destituyeron, me inventaron que yo tenía nexos con el crimen organizado cuando me negué a aprehender a una persona sin mandato judicial”.

Aquel año fue 2007. De acuerdo con su historia, un mando cercano a Genaro García Luna inventó que en la prueba de polígrafo había reprobado la pregunta “¿tiene usted vínculos con grupos delictivos?” y eso bastó para sacarlo de la corporación. Desde entonces, ha luchado para que el gobierno mexicano reconozca que su despido fue una venganza y que él es un hombre honorable que nunca ha cometido actos ilícitos.

 

El más grande extorsionador

Es difícil imaginar al “Comandante” Rodolfo Valverde con miedo. Mide más de 190 centímetros y su complexión robusta hace que cualquier enemigo lo vea como un alto roble. Amigos y enemigos le conceden que era un agente federal atrevido: su especialidad era obtener redes de vínculos entre presuntos criminales y establecer su círculo cercano. Siempre armado, listo para dar batalla, hasta en tierras agrestes como Tamaulipas, a donde se enviaba a sus agentes incómodos a misiones casi suicidas.

“Hay que entender algo de Genaro García Luna: él tenía que tener el control para poder cobrar los derechos de piso en diferentes estados de la República. Estamos hablando de Tamaulipas, estamos hablando de Sinaloa, Baja California, Chihuahua, Sonora, donde la situación de narcotráfico es general.

“¿Me sorprende que esté en una cárcel acusado de cargos tan graves? No, la verdad es que me sorprende que no haya caído antes. Era un secreto a voces que él era el máximo cobrador de derecho de piso en el país. El más grande extorsionador de México”.

 

Las vueltas de la vida

Te estoy contando esto porque la gente tiene que saber lo que era ese hombre. O lo que es, porque aún tiene mucho poder en las instituciones de seguridad. Y si hay gente que aún duda de sus actos ilícitos, acá estoy yo para contarlos.

¿Recuerdas que me acusó de nexos con el narcotráfico? Es un cínico. Así acusó a miles de policías honestos, mientras él le estrechaba la mano a los grandes capos de México que asesinaban a nuestras familias. A ver, si fuera cierto que yo andaba coludido, ¿estaría dando la cara aquí? Y si fuera cierto que él era una blanca palomita, ¿estaría encerrado esperando una cadena perpetua?

Hay mil historias que te puedo contar. No nos alcanzaría el tiempo. La vez que mi corporación me dio la espalda porque en la Ciudad de México detuve a un tipo vinculado a la delincuencia organizada. La vez que a una compañera la acusaron de delincuencia organizada solo porque se “saltó” a su mando y le fue a avisar a las familias de otros policías que habían sido masacrados en Nayarit. Las historias de los miles de compañeros a los que dejaron en la calle, en la miseria, sin liquidación, porque no quisieron actuar para los montajes que hacía para la televisión.

La vida tiene formas de poner a todos en su luchar. A mí me destrozó la vida, sí, porque Genaro García Luna fue el que inició la queja para mi destitución de la entonces Procuraduría. Y aunque yo luché y luché para regresar, ahora ya no quiero nada de eso. Sólo quiero que reconozcan que yo no hice nada malo y que ellos eran los verdaderos delincuentes.

Quiero que mi nombre, Rodolfo Valverde Ocaña, quede limpio. Y que el de Genaro García Luna… pues… que la vida lo ponga donde se haga justicia para el país.

 

@oscarbalmen

 

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