La confianza del atole/ De imágenes y textos  - LJA Aguascalientes
25/06/2022

Según varias definiciones sobre la palabra “confianza”, se refiere al concepto de seguridad, certeza, esperanza y hasta fe que alguien tiene de algo, de una deidad o de un simple mortal. Yo tengo fe en Dios y la confianza que, si transito por el camino de la rectitud en la tierra, cuando me mude de dimensión la pasaré a todo dar. 

Pero también podemos ocupar esta palabra en oraciones como “esta persona no me inspira confianza, no voy a hacer negocios con ella” o qué tal “mi hermana confió en él y la traicionó”. Cuántas veces ha escuchado esas frases, seguramente muchas, pero por qué decimos que no nos inspira confianza, será un tipo sexto sentido que nos alerta de un peligro, es una intuición, es la personalidad del otro individuo, o es no hacer click o contacto para poder establecer un vínculo sano de comunicación, qué es; realmente pueden ser varios los motivos pero a final de cuentas podemos percibir que no tengo “confianza”, es decir, seguridad o certeza de poder establecer una relación de negocios (en el caso del ejemplo que se plantea en este texto).

Pero qué pasa cuando nos referimos al abuso de confianza, o de manera más coloquial, al “pasarse de lanza”, lo que queremos dar a entender es que alguien a quien otro sujeto le ha apoyado en todo momento se ha aprovechado de la circunstancia de manera consciente con el único fin de perjudicar. “Eso te pasa por confiada o confiado” diríamos por ahí, creemos en las personas, no nos percatamos de sus negras intenciones y de pronto…

Ese abuso de confianza o “el pasado de lanza” es el que más molesta, pues creemos y estamos seguros de la persona con quien se va a interactuar, nuestras alarmas no se encienden, al inicio no se percibe nada, todo parece estar bien, pero no es así.

O que me dice de la confianza que se genera con la familiaridad del trato, cuando le decimos a un amigo “por la confianza que te tengo, te voy a decir que…”, “porque te tengo confianza te encargo mi casa ahora que voy a salir de la ciudad”, o que tal el “no tengo la confianza para hablarle así” o “no te he dado la confianza para que me hables de esa manera”. Confianza como la seguridad de contar con alguien a quien le puedo depositar mi vida.

Y que me dice de otra frase célebre, “le di mi voto de confianza” cuando nos referimos a dejar patente que autorizamos a un tercero una encomienda importante para nosotros; es lo que hacemos con las figuras políticas de cualquier nivel, les damos un voto de confianza o el beneficio de la duda para que actúen de acuerdo a ciertos lineamientos que nosotros aceptamos; nada más y nada menos que la encomienda de gobernarnos es un voto de confianza. 

Paul Watzlawick define la confianza como “una hipótesis que se realiza sobre la conducta futura del prójimo, se refiere a una creencia que estima que una persona será capaz de actuar de una cierta manera frente a una determinada situación”. 

Por lo tanto, eso quiere decir que la confianza se puede reforzar o debilitar de acuerdo al comportamiento de la otra persona. Watzlawick cierra diciendo que la confianza supone una suspensión, al menos temporal, de la incertidumbre respecto a las acciones de los demás, lo cual sin duda facilita y simplifica las relaciones sociales.

Bueno y a estas alturas de la lectura, usted me dirá, qué tiene que ver el atole con la confianza, pues verá; a lo largo de la historia de esta hermosa nación al pueblo, (independientemente de cuál taxonomía se le aplique) los gobernantes o las cúpulas de poder, como usted le quiera llamar, siempre le han dado atole con el dedo.


Qué es eso, a qué se refiere, acaso tiene que ver con la confianza; según los estudiosos del tema, cuando usamos esa frase nos referimos a que alguien nos está tratando de engañar;

Otra reflexión dice que se refiere a dar “probaditas” de algo para mantener tranquila a la sociedad, como diría Chomsky, es mantener al pueblo entretenido y tranquilo mientras se cocina algo grande.

La Maestra Beatriz Ramírez Woolrich, docente del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, explicó que en tiempos antes de la Colonia, los tamales se preparaban para agradecer la fertilidad de la tierra en eventos sociales y como ofrenda a los muertos. Woolrich dice desde entonces y hasta ahora, se han ofrecido como placebo para el pueblo, cuando la sociedad estaba ansiosa porque no llovía, le daban atole y tamales. De ahí salió la frase “dar atole con el dedo.”

Saque sus conclusiones; nos siguen dando atole con el dedo, es decir hoy por hoy los políticos del color que sean nos siguen engañando, el placebo para curar todas las penas de nosotros los mexicanos sin llegar a la verdadera respuesta, la confianza perdida, el que a muchos de nosotros ningún gobierno nos has inspirado confianza y seguimos en la búsqueda del verdadero líder que saque adelante lo que nunca saldrá. El pasarse de lanza con el pueblo, el no cumplirle a la sociedad, la pérdida de la confianza. 

Yo no podía confiar en un partido político que se perpetro más de 70 años en el poder y que nos sumió en la pobreza, tampoco en los destellos blanquiazules que heredaron las estrategias políticas y el manejo del país de aquellos tricolores, hoy por hoy seguimos en las mismas, usted pudiera confiar en alguien que no cumple su palabra, pero sobre todo que divide a una nación, que se burla de sus connacionales, que se martiriza quizá para levantar lástima entre el respetable, que su rencor y odio no lo dejan gobernar a la nación más hermosa del planeta. 

No confío y ahora me quieren dar más atole con el dedo, qué sigue… 

 

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@ericazocar


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