Tragicomedia/ Opciones y decisiones  – LJA Aguascalientes
19/10/2020


En años recientes, autores como Kenneth Rogoff, se han venido ocupando del análisis del crecimiento moderno, que viene desde Malthus, Marx y pasa por especialistas contemporáneos; como expresa en un artículo fechado el 15 de marzo, 2014, (Fuente: El País. “Malthus, Marx y el crecimiento moderno. Las dificultades para que las generaciones futuras disfruten de mejor calidad de vida son formidables”. https://bit.ly/3dytIaA ); en que expone los grandes problemas a que se ve sometida la sociedad actual y con ella los sistemas políticos y económicos al uso, confirmando de nueva cuenta que las esferas de lo social, lo político y lo económico son inseparables, que se relacionan de manera muy compleja unas con otras y que los elementos componentes del llamado “desarrollo” son estrictamente relativos entre sí.

Ya que se condicionan recíprocamente según se privilegien o desatiendan determinados factores que a cada una de esas esferas les son propias o inherentes. En el lenguaje técnico, dichas afectaciones mutuas resultan ser aquellas que se llaman “internalidades” – si provienen del interior del sistema-, o “externalidades” –según provengan de afuera de dicho sistema. El caso es que el famoso y traído tema del “cambio” depende de cómo las decisiones políticas o de política económica afectan a la esfera económica y de lo social, y viceversa, cómo los factores inherentes a éstas terminan por afectar o pre-determinar a aquellas, recordemos aquello que Althuser llamó –quizá pretensiosamente- la sobredeterminación política. 

El caso es que el presente de México está fuertemente cargado de estas intenciones de cambio, que ahora se arroga el pretensioso proyecto de la Cuarta Transformación que lidera el presidente Andrés Manuel López Obrador, el cual se ve fuertemente matizado por intervenciones tan atípicas como erráticas que, efectivamente, pertenecen al ámbito administrativo de gobierno – el cual, por definición, corresponde al 4º nivel jerárquico de la forma de Estado Mexicano-, es decir el de Régimen de Gobierno, desde el cual pretende cambiar a la sociedad mexicana en su conjunto; pero, rompiendo inmoderada e insensatamente cuanto dique institucional encuentra a su modo autoritario, centralista, temerario, improvisado y estrabista –como veremos-, de actuar. 

No hay regla social o económica que valga o prevalezca si no embona con su plan imaginario de instalar la grandeza nacional, bajo el sólo embate de aniquilar: (a) en la esfera social, a los “neoliberales”/”conservadores”, tachados bajo la etiqueta de corruptos, impunes y preservadores de privilegios de clase, obviamente contrapuestos al “pueblo pobre” –mera marca ideológica- ya que lo deja a su fatal merced tanto en la pandemia de salud como en la económica; y (b) en la esfera económica, disecciona con lujo de escrúpulo y desafección a la clase “empresarial/”oligárquica, -depredadora de la riqueza de la Nación- y detentadora de las prebendas y privilegios del “anciano” régimen; a la cual también endosa toda esa casta “intelectual” o de “técnicos” que ha vivido parapetada a la sombra acomodaticia de aquellos. Esta bi-direccionalidad se le ha convertido – con el paso de los días entre pandemias, crisis, desplomes económicos y descréditos políticos- se le ha convertido en un grave estrabismo, en que no logra enfocar el núcleo principal de los problemas que sí aquejan al resto de la población y del país, en lo que Marx llamaba realidad histórica. 

Por ello resulta oportuno releer esas líneas del autor Kenneth Rogoff, economista jefe del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard, en que diagnostica: – “Hasta ahora, nuestras sociedades han resultado notablemente aptas para adaptarse a tecnologías que ocasionan trastornos, pero el ritmo de cambio en los últimos decenios ha causado tensiones tremendas, reflejadas en disparidades enormes dentro de los países, con desfases casi sin precedentes entre los más adinerados y los demás. La desigualdad puede corromper y paralizar el sistema político de un país y con él el crecimiento económico”. – ¿Le suena familiar?

El tercer problema es el del envejecimiento de las poblaciones, asunto que plantearía amenazas graves incluso al sistema político mejor concebido. ¿Cómo se asignarán los recursos para el cuidado de los ancianos, en particular en las economías con un crecimiento lento, en las que los sistemas públicos de pensiones y los planes de salud para la vejez son claramente insostenibles? No cabe duda de que unas deudas públicas desorbitadas exacerban el problema, porque se está pidiendo a las generaciones futuras que salden nuestra deuda y paguen nuestras jubilaciones”. 

¡Claro! Se han incluido a los “ni-ni’s”, con becas tanto académicas como de inserción pre-laboral, o programas de bienestar en general para casa, campo, salud, educación y cuanto orden sectorial quiera, pero, no podemos equiparar una opción de política específica de desarrollo que, por definición, es de naturaleza micro-política, con aquellas otras de naturaleza macro-política, como lo es la Política Económica, y en especial la Economía Fiscal, que define la Ley de Ingresos de la Federación, y la llamada Miscelánea Fiscal. Aquí si se toca el núcleo de los sistemas tanto político como económicos, y aquí se induce de verdad un posible cambio ya sea estructural de la formación económica mexicana –para nuestro caso-; o bien, de la estructuración socio-política que nos rige –orden constitucional Tripartito y Federativo, instituciones de gobierno, institutos políticos electorales o partidos políticos, institutos de investigación, de educación, de salud, de cultura, de tecnología, de fomento industrial –a estos que hoy se les niega un régimen fideicomisario real, tras décadas de verdad funcional constitucional-. 

Un ejemplo de ese “estrabismo” que puede ocurrir a nivel gubernamental, lo expresa Rogoff de esta manera: – Muchos investigadores de la salud, incluidos Kelly Brownell, David Ludwig y Walter Willett, han documentado esos problemas. Las intervenciones estatales, consistentes principalmente en impartir una mejor formación al respecto, han resultado hasta la fecha ineficaces en gran medida. La adicción autodestructiva a los alimentos elaborados, que los economistas considerarían una “internalidad”, pueden reducir la calidad de vida de los afectados por ella y puede acabar creando externalidades para la sociedad, como, por ejemplo, unos mayores costes de la atención de salud. Efecto nocivo que aquí y ahora estamos constatando en México, a causa y con motivo de la pandemia del SARS-CoV2.

A tal punto relevante y crucial para la superación de este mal que nos acecha que los investigadores en epidemiología ya dan por llamar “sindemia” (Gr.: sün/con, junto con-), es decir, una condición sistémica inherente a la población blanco –dígase, diabetes, hipertensión, sobrepeso, etc.- a la que se aúna esta infección viral del Covid-19 y que resulta en una más alta letalidad, así de claro. Por eso, los mexicanos que mueren, pues mueren. ¿Y, el carácter, calidad y naturaleza de las intervenciones gubernamentales, sean en grado de intervención, de decisión o aun de omisión, qué papel están jugando?

La conclusión del autor citado es perentoria: – Una vez más, pese al coro en aumento de preocupación por parte de los investigadores, los mercados políticos han parecido paralizados

Bajo este criterio del autor, inferimos que del lado de la oferta política, gobiernos en funciones, vemos un pobre y raquítico desempeño. Las economías capitalistas han sido espectacularmente eficientes para lograr el aumento del consumo de bienes privados, al menos a largo plazo. En cuanto a los bienes públicos —como, por ejemplo, la educación, el medio ambiente, la atención de salud y la igualdad de oportunidades—, la ejecutoria no es tan impresionante y, a medida que las economías capitalistas se desarrollaban, parecen haber aumentado los obstáculos políticos.

Una vez más, las esferas del sistema interactúan y se influyen mutuamente, dinámica en la que ya sea la miopía o el estrabismo de los tomadores de decisiones, afectan directamente sus resultados. Con toda claridad y distinción podemos concluir que las decisiones tomadas en la cumbre de nuestro sistema político sobredeterminan la realidad y verdad histórica, produciendo los efectos negativos, disruptivos o aniquilantes que recaen en las esferas de lo social y de la economía. 

Entiéndase, incremento del número de infectados, de los muertos que efectivamente mueren, la expulsión masiva al desempleo y por tanto al aumento de la pobreza laboral y alimentaria; la reducción y restricción de las empresas pequeñas y medianas e iniciativas informales del mercado nacional. Todas y cada una de ellas son internalidades al tipo de proyecto que se impulsa desde lo Administrativo Federal, las que a la vez provocan en cadena, externalidades inconfesables de las unas sobre las otras.

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