USA: en las entrañas del monstruo (no tan monstruoso)/ Extravíos  - LJA Aguascalientes
26/01/2022

“We are reformers spring and summer, 

in autumn and winter we stand by the old; 

reformers in the morning, conservers at night.“

Arthur M. Schlesinger Jr. The Cycles of American Politics

 

Al inicio de un ensayo publicado en 1976, a propósito del bicentenario de la independencia norteamericana, Octavio Paz escribió: “Antes que ser una realidad, los Estados Unidos fueron una imagen. No es extraño: desde niños los mexicanos vemos a ese país como al otro.” Paz pensaba en un otro diverso: geográfico, cultural, lingüístico, histórico y metafórico, que eran “la extrañeza misma”.

No es así para todos. Para muchos mexicanos los Estados Unidos no representan necesariamente ese otro, ya sea por indiferencia o porque su trayectoria vital ha estado desde edad muy temprana y de manera continua muy ligada a nuestro país vecino, sin excluir, por cierto, estancias, cortas, o prolongadas, en otros países. Para ellos, los Estados Unidos no son la “extrañeza misma”, sino más bien una realidad muy familiar con la que mantienen lazos afectivos en que se mezclan, en variadas dosis, la admiración y la perplejidad, el asombro o fascinación con la crítica y el rechazo.

Ello, cabe añadir, no implica ni mucho menos una suerte de desarraigo o distanciamiento emocional o cultural sobre su país de origen, sino tan solo que esta familiaridad les proporciona tanto un marco emocional e intelectual que les abre diversas vías de acceso para observar y comprender las peculiaridades que distinguen a los Estados Unidos y, desde ahí, trazar puentes de comprensión entre este y México.

Creo que Jorge G. Castañeda es uno de los mejores ejemplos que tenemos al respecto. Nació en 1953 en el Distrito Federal en el seno de una familia en movimiento permanente (su padre fue el diplomático Jorge Castañeda, su madre Otta Gutman, polaca de ascendencia judía que, huyendo del antisemitismo, llega a México en 1938) de la que heredó no sólo lo que llama en su biografía, Amarres perros (Anagrama, 2014), su “naturaleza trashumante”, sino también una sensibilidad particularmente inquieta en materia política e intelectual, que lo ha llevado a participar en diferentes batallas que van desde su intento, fallido, de ser integrante del Comité Central del Partido Comunista Mexicano en 1981 hasta la coordinación estratégica de la campaña del candidato del PAN en la última elección presidencial en México, pasando por su involucramiento en las tareas de medicación diplomática en el conflicto centroamericano a inicios de los ochenta, sus tentativas, también malogradas, de ser postulado como candidato independiente a la presidencia y, desde luego, su paso como Secretario de Relaciones Exteriores, la publicación, algunos en colaboración, de al menos 16 libros y su beligerante, pero muy fructuosa y en ocasiones lúcida, intervención en la esfera pública.

No es extraño, entonces, que hoy, al igual que en su infancia, Castañeda ande en un permanente “trajín entre México y Estados Unidos”, y que en el camino haya cotejado la perspectiva mexicana con la norteamericana en cuanto a los puntos más sensibles de la relación bilateral (junto con Rodolfo Pastor en Límites en la amistad. México y Estados Unidos, Joaquín Mortiz-Planeta, 1989, y en The Estados Unidos Affair: cinco ensayos sobre un amor oblicuo, Aguilar, 1996) y que, posteriormente procurará explicar a los lectores americanos los misterios, o al menos, “algunos de los rasgos particulares más distintivos” de los mexicanos en Mañana o pasado: el misterio de los mexicanos (Aguilar, 2011).

Y, ciertamente Castañeda no sólo es desde hace unos años una referencia obligada para los mexicanos a la hora de tratar de entender los vericuetos de nuestra relación con Estados Unidos, sino también para la audiencia americana. Ya en 1998, Seth Fein, de la Georgia State University, señalaba que Castañeda era “el comentarista habitual más visible en asuntos mexicanos en Estados Unidos”.

Su membresía en la Junta de Gobierno en Human Rights Watch, la American Academy of Arts and Science y la American Philosophical Society, así como su constante presencia en los medios periodísticos norteamericanos –impresos, televisivos y digitales- han reforzado esta interlocución.


El paso que seguía era escribir un libro dirigido explícitamente al público americano que tomará como centro de reflexión los asuntos internos americanos. Ese paso lo ha dado con Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia (Debate, traducción de Hugo López Araiza Bravo, 2020).

Se trata, dice Castañeda, de una “evaluación, impresionista, analítica e intuitiva” de algunas de las principales características que distinguen la vida de los Estados Unidos, “desde la (perspectiva) de un crítico extranjero comprensivo que ha visto los Estados Unidos tanto desde adentro como desde afuera”, (el título original del libro es más explícito en ello, America Through Foreign Eyes). No se trata, entonces, de las notas de viaje de un turista o visitante ocasional más o menos curioso, más o menos informado, sino de alguien que, como José Martí a finales del siglo XIX, ha estado por más de cincuenta años muy cerca en las entrañas del monstruo…, aunque en la visión de Castañeda la creatura no sea una quimera en ninguna de sus acepciones.

La agenda que aborda es muy amplia. Cubre en nueve capítulos el surgimiento y desarrollo de los Estados Unidos como la primera clase media del mundo, el mito del excepcionalisimo americano, la cultura y el humor, la disfuncionalidades de su democracia y su economía, el equilibrio entre pragmatismo e hipocresía que mantienen en asuntos como las drogas y la inmigración, los asuntos más que espinosos de la raza y la religión y, como pilón, cuatro rasgos que le parecen particularmente enfadosos, el encarcelamiento masivo, la pena de muerte, el apego a las armas y la mera existencia en la plaza pública de las creencias ligadas al diseño inteligente.

A pesar del amplio plan de ruta, Castañeda tiene muchas cosas que decir en cada uno de estos temas. Hay, en cada capítulo, una reflexión honesta, bien informada y en varios puntos observaciones perspicaces. 

En conjunto se trata de un libro que procura ir más allá de los enérgicos estereotipos o mitos que los americanos se han hecho en torno a su propia historia y su excepcionalidad y que, cabe añadir, muchos observadores foráneos han compartido. Su ánimo no es tanto poner en cuestión el origen o contenido primario de estos mitos fundadores, sino más bien revisar su vigencia o pertinencia tanto para guiar la búsqueda de soluciones a los diversos y muy complejos que mantienen hoy en tensión a los Estados Unidos, como para nutrir y sostener una novísima narrativa que pueda impulsar esa búsqueda de soluciones y que valga a su vez de guía hacía lo que parece hoy imprescindible: la renovación, moral, política, social y económica, del país.

Lo que, en primera instancia observa Castañeda es la obsolescencia de esos mitos. Y así, por ejemplo, advierte cómo el encogimiento de la clase media, el estancamiento de la movilidad social, la agudización de la desigualdad de los ingresos y la riqueza, no solo han desautorizado la pretendida homogeneidad social, sino también el marco ideológico que lo sustenta, al tiempo que señala como la reaparición del racismo y la xenofobia desvanecieron el sueño posracial y de un benevolente ecumenismo de los ocho años de presidencia de Obama –los “ocho años que estuvimos en el poder”, como subrayó con cierta ironía el escritor afroamericano Ta-Nehisi Coates–, al tiempo que las disfuncionalidades del sistema político y electoral van comprometiendo el vigor y eficacia e incluso la legitimidad de las instituciones democráticas.

Castañeda advierte en la suma de estas y otras tendencias un dilatado proceso de indiferenciación del proyecto de modernización de los Estados Unidos con relación al de otros países desarrollados- europeos, sobre todo-, indiferenciación que, lejos de ser un mal signo aparece como la oportunidad para retomar, no la grandeza que la demagogia populista proclama, sino las pautas de solución que le permita a los americanos renovar la confianza en sí mismos –esa “cuerda de acero que vibra en todo corazón” al decir de R.W. Emerson– y sus instituciones, particularmente su democracia, su economía de mercado, su cultura igualitaria y su interlocución y credibilidad ante el mundo.

Para Castañeda, “el triunfo duradero y la longevidad aumentada de la civilización estadunidense ocurrirán cuando los norteamericanos mismos reconozcan el declive y final de sus diferencias con el resto del mundo, o por lo menos con los países ricos”. Decirle adiós, entonces, al mito de la excepcionalidad y diferenciación les abriría, de nuevo, las puertas del futuro. Esto no es algo novedoso en la historia de los Estados Unidos si no, diríase, siguiendo a R.W Emerson y a Henry Adamas, una manifestación cíclica de esta, por lo que no hay motivos para esperar que fracasarán en ello.

Esta revisión, sin embargo, no está exenta de problemas o, mejor dicho, de ciertos nudos ciegos. Apunto tres. Creo que Castañeda no pondera lo suficiente lo que, entre otros, Fukuyama ya advertía hace algunos años, como una de disfuncionalidades claves de las instituciones democráticas, “la acumulación de influencias entre grupos de interés y cabildeo ha distorsionado los procesos democráticos y erosionado la capacidad del gobierno para operar eficazmente” (The Decay of American Political Institutions, The American Interest, diciembre, 2013), que no es ajena ni al carácter cada vez más plutocrático que está adquiriendo la conducción de los asuntos públicos y la integración del poder legislativo, ni a las resistencias a cualquier intento serio de reforma política y social.

Del mismo modo, entiendo que Castañeda se queda corto en el análisis de las transformaciones estructurales que la economía está observando en los últimos años y que, en opinión de varios analistas –señaladamente, pero no solo ellos, Thomas Piketty y Shoshana Zuboff– está redefiniendo el modelo de acumulación de capital y de distribución de la riqueza y los impactos que de ello se derivan en la esfera política, social e incluso personal.

Igualmente parece un tanto problemática la periodización del fin o declive de la noción del excepcionalísimo americano. Mientras Castañeda parece percibirlo como un fenómeno más bien reciente, Daniel Bell ya había señalado, en su ensayo The End of American Exceptionalism (The Public Interest, otoño, 1975) de manera muy persuasiva su erosión y fin, donde señalaba, como consecuencia de ello, que hoy “…[hoy] el Destino Manifiesto ha entrado en crisis…Somos una nación como otras…nuestra única diferencia consiste en una retrospectiva histórica singular, una historia de constitucionalismo y solidaridad”. Bell escribía en los años de Nixon, Castañeda en los de Trump: quizá hay una atmósfera de quebranto similar, pero, aun así, creo que hay aquí algo más que una mera sutileza de precisión de épocas o fechas, sino que implica una lectura diferente de la historia, sobre todo de los últimos cincuenta años. 

Con todo, y sean o no acertados estos reparos, creo que el libro de Castañeda es el ejemplo más logrado y estimulante de observación y reflexión que haya escrito un mexicano en torno a los Estados Unidos en las últimas décadas. 

Aunque escrito para el lector norteamericano Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia es una lectura muy provechosa para, por ejemplo, los lectores mexicanos o latinoamericanos, quienes encontrarán entre sus páginas una más que bienvenida invitación a que dejemos atrás los muchos prejuicios que aún mal nutren nuestra idea de lo que han sido, son y podrán ser los Estados Unidos, y a que reconozcamos que bajo ese nombre, los Estados Unidos, se está aludiendo a una realidad tan rica y compleja como cambiante y contradictoria, y ante la cual no podemos darnos el más que dudoso lujo de ignorarla. Dada la proximidad de las elecciones presidenciales en ese país, su lectura se antoja más que oportuna en este momento.


Show Full Content
Previous Crítica a la democracia norteamericana desde México/ Matices 
Next El “toque” de López Obrador para México/ Bravuconadas
Close

NEXT STORY

Close

Actividades deportivas, en el 442 Aniversario de la Fundación de la Ciudad

12/10/2017
Close