Semana intensa/ Debate electoral  - LJA Aguascalientes
17/07/2024

Esta semana, de manera particular, las noticias en la materia electoral se llevaron los titulares de los medios de comunicación, y acapararon las charlas de café, debido a los sucesos acontecidos en el terruño y allende nuestras fronteras. Por un lado, tal y como había quedado previsto de acuerdo con la agenda electoral recientemente aprobada, el Consejo General del Instituto Estatal Electoral sesionó el martes 3 de noviembre, exclusivamente para declarar, de manera solemne, el inicio del Proceso Electoral Concurrente Ordinario 2020-2021 en la entidad.

Además, fue la oportunidad en que, por primera vez, aunque reunidos en torno a una mesa virtual, se dieron cita las representaciones de la totalidad de los partidos políticos contendientes en las elecciones del próximo domingo 6 de junio de 2021, tras la incorporación de dos nuevos institutos políticos en el mes de octubre, que se suman al partido nacional acreditado en el mes de septiembre pasado. Con ello, el día de la jornada electoral la ciudadanía tendrá un abanico de doce posibilidades, equivalente al mismo número de partidos políticos, entre las cuales elegir a sus próximos representantes ciudadanos, amén de las posibles candidaturas independientes que logren su registro.

Además de las implicaciones técnicas que acarreará una boleta con espacios para cada partido nacional, partidos locales, candidatos independientes y el consabido espacio para candidaturas no registradas, el compromiso en todo caso se traslada a la ciudadanía quien, en un acto de plena conciencia cívica, deberá conocer no solamente los cargos de elección que están en disputa, sus ámbitos legales de actuación para saber si sus propuestas se encuentran en sintonía con lo que están facultados a realizar; sino que, además, deberá ubicar la demarcación territorial electoral en la que tiene su domicilio para saber el nombre de la o el candidato, federal o local, por el que en todo caso emitirá su voto.

La labor, entonces, será conjunta entre autoridades electorales, partidos políticos, candidatas y candidatos, y el importante trabajo cotidiano de los medios de comunicación, para estar, de manera constante, informando con certeza sobre el proceso electoral, en un reto que se suma a lo numeroso en cuanto a la cantidad de potenciales votantes y, por supuesto, a la contingencia sanitaria en la que vivimos.

En otro sentido, el mismo martes, pero en el vecino país del norte, se llevaban a cabo las elecciones para decidir al próximo titular del ejecutivo de la nación. Hasta el momento de escribir estas líneas, aún no se contaban con cifras que, de manera oficial, pudieran determinar a un ganador, entre los candidatos Trump y Biden. Esto es debido a que el sistema electoral de los Estados Unidos es un tanto distinto al nuestro.

En primer lugar, desde el primer artículo de la constitución norteamericana, se otorga a los estados de la unión la responsabilidad de supervisar las elecciones federales, justo a la inversa de nuestro sistema. En segunda instancia, la elección presidencial no es directa, es decir, los votantes no votan de manera estricta por el candidato a la presidencia sino en todo caso, votan por designar un número determinado de “electores” delegados por estado, quienes acudirán a emitir (ellos sí) su voto por el próximo presidente. En sus palabras, ese mecanismo es un factor de equilibrio entre un voto popular ciudadano y una decisión del Congreso. En otros aspectos, no existe como tal una credencial para votar, el funcionariado de casilla es compuesto de voluntarias y voluntarios, y hasta el procedimiento de votación (manual, mecánico, postal, anticipado) es muy distinto al que conocemos.

Por supuesto que su sistema, tanto como el nuestro, no es perfecto, sino perfectible. Hay que reconocer que los últimos 59 procesos electorales presidenciales estadounidenses se han llevado a cabo bajo estas reglas, contra los 5 procesos electorales presidenciales que ha organizado la autoridad nacional electoral de nuestro país en su historia de 30 años de existencia. Ello refleja, en uno y otro caso, que la continuidad debe ser la base a partir de la cual se construya permanentemente cualquier sistema, adecuándose a las nuevas realidades, claro está, pero recuperando la experiencia acumulada en los años.

La reflexión a la que arribo tras esta intensa semana electoral es la de conocer y, en su caso apreciar, las semejanzas y diferencias entre uno y otro sistema. Desde mi punto de vista no es mejor aquel o este, sino que los dos funcionan en este preciso momento, bajo las circunstancias presentes, y ante la ciudadanía que los opera. Por supuesto que habrán de cambiar y, espero, sean para bien. En el proceso local que apenas va comenzando queda un largo trecho por recorrer hasta el primer domingo de junio en que se realice la etapa participativa ciudadana, y aún más tiempo para la definición absoluta de quienes obtengan la mayoría de los votos en un procedimiento jurisdiccional al que estamos acostumbrados. En los Estados Unidos, si bien la toma de posesión presidencial es apenas en un par de meses, por lo que no habrá la posibilidad de una tortuosa cadena impugnativa, el escenario de indefinición que se prevé, resultará novedoso para propios y extraños.

Lo que queda claro es que en cada proceso electoral se pone a prueba, siempre, el sistema electoral que lo rige.


 

/LanderosIEE

@LanderosIEE

 


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