Preparando el cierre del 2020/ Bravuconadas - LJA Aguascalientes
16/06/2024

En tres semanas más el mundo deberá cerrar el calendario de este 2020, también México hará lo propio, cabizbajo, como todos, y sin alcanzar a hacer un inventario total de los efectos negativos que provocó en la vida del país. La salud, la economía, la seguridad, la educación, la cultura, el desarrollo tecnológico y científico, las relaciones internacionales, vamos, prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional, sufrieron los efectos de las condiciones que nos impuso el año que está por terminar. Sin embargo, seríamos injustos si toda la carga de la situación se la endosáramos sólo a las circunstancias que nos planteó la suerte o el azar en estos últimos once meses.

Es cierto que, en el caso mexicano, veníamos de la apertura de un proceso de transición complejo y un tanto desarreglado. Transitábamos el final del primer año de un gobierno federal con un ánimo sobrado para cambiar prácticamente toda la forma de administrar la cosa pública, sobre la premisa de que todo el aparato estatal estaba corrompido, desde sus cimientos. El Estado Mexicano, comprendido este como territorio, sociedad y gobierno, no tenían, en su administración y desempeño, un gramo de honestidad, luego, había que desmantelarlo y volverlo a levantar. Así de categórica la visión de la fuerza política que se había erigido como dominante en el escenario del México del 2019, la Cuarta Transformación o 4T, y su indiscutible líder, el presidente López Obrador.

Durante el año pasado, se demolieron una serie de instrumentos institucionales del Estado Mexicano, producto de al menos dos décadas de trabajo de la sociedad mexicana a través de esfuerzos surgidos de ejercicios complicados de la incipiente democracia nacional, otras sólo se adecuaron de manera casi grosera a los intereses de la 4T y el presidente López. La Comisión de Competencia Económica, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, fueron quizá algunos de los ejemplos más claros de ese abordaje (¿sabotaje?) político. ¿Tenía derecho el presidente y su 4T de promover los cambios? Sí, pero debió priorizar de entre sus seguidores (más de 30 millones) a los más preparados, a los más competentes, a los profesionales convencidos del necesario cambio, no sólo a los incondicionales. El país está pagando las consecuencias de esa decisión.

Es cierto que promover un proyecto político del cambio, requiere de una alternativa ideológica correspondiente. El presidente se ha encargado de señalar un día sí y otro también, que las desgracias de México se las debe a esa visión neoliberal y conservadora de la vida toda, entonces había que proponer una visión alterna, mejor. Sin embargo, el propio líder de la 4T se cuida mucho de hablar o referirse al perfil de su ideología. No habla de socialismo, ni siquiera de “izquierda”, ha sido cuidadoso en este aspecto, considerando que necesita a ese importante sector de la sociedad mexicana que son los empresarios, los inversionistas, los capitalistas mexicanos, para que inviertan en el país, generen empleos, paguen impuestos, aunque sean la crema de ese odiado antecedente. También, el cuidado radica en que parte sustantiva del proyecto que enarbola la “transformadora” 4T, requiere de la inversión extranjera directa, que proviene de esos países, capitalistas todos, que cuentan con ese excedente de capital, empezando por nuestro poderoso vecino, y de la comunidad europea, a la que tantas disculpas les ha exigido desde su llegada a Palacio Nacional.

Paralelamente, la 4T ha ido desarticulando programas y proyectos que, una vez más, bajo la sombra de la omnipresente corrupción, fueron condenados a su desaparición. Programas como Prospera/Oportunidades, Estancias Infantiles, Prevención y Control de Cáncer de Mama, Seguro Popular, Seguridad Pública para Municipios, adquisición de medicinas e insumos para la atención de niños con cáncer, etcétera, muestran un dramático ejemplo del alejamiento de las prioridades estatales mexicanas frente a las necesidades de la población, sin proponer una alternativa real, concreta, para sustituir los servicios cancelados. Sólo en el caso de la salud, el Instituto de Salud para el Bienestar, Insabi, sigue siendo una entelequia, en medio de la peor catástrofe sanitaria mundial desde hace un siglo.

El apego del segmento más duro de la 4T, aquella referida al tema energético, se encuentra en manos de políticos que comulgan con la retrógrada visión de impulsar y fortalecer el uso y la autosuficiencia de la energía fósil que representa el petróleo, Pemex. Ello, en medio de la crisis económica de enormes dimensiones de la deuda de esa empresa estatal, que suma en los dos últimos años miles de millones de dólares en pérdidas a la lastimada economía nacional. Empecinado el presidente, no conforme con inyectarle dinero bueno al malo, destina un presupuesto monumental a la construcción de una refinería que ni la geografía y su clima, admiten sin protestar allá en el natal Tabasco lopezobradorista, cuya población indígena y pobre es prescindible para la visión transformadora del presidente.

Ya no hablemos de la CFE y sus propias pérdidas y el empecinamiento de su director Bartlett por el indiscriminado empleo de carbón para sus termoeléctricas, y la defensa a ultranza de la 4T contra el uso de energías limpias y ecológicas. La llegada del nuevo presidente estadounidense se hará sentir pronto en la política energética del país. Al tiempo.

Este año difícil estará históricamente marcado por los efectos de la pandemia en la salud de millones de seres humanos. México llega a los 110 mil muertos, casi el doble de lo que el responsable de combatir la emergencia sanitaria consideró “catastrófica”, y, sin embargo, el presidente López considera este asunto como “exitoso”. La pandemia, además de muerte y desolación en el ánimo del “pueblo bueno y sabio”, tiene en shock a la economía del país, miles de empleos se han perdido por el cierre masivo de empresas y negocios, pero el gobierno morenista, está apurado por su propio financiamiento y operación. La gente y la economía están solas.

Este cierre del 2020 para el pueblo de México ha sido heroico en su soledad.


 

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