Regañones/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
28/01/2023

Apurados por el cierre de año, poco se discute en las mesas de redacción sobre la relevancia del hecho noticioso, tradicionalmente los últimos días del año se considera que hay que dedicarlo al recuento o a la reseña, al homenaje de los que se fueron y a destacar aquello que consideramos importante a lo largo de los meses. Diciembre es un mes con poca información, se suele pensar, para rendirse a la costumbre de hacer memoria y editorializar.

Sí, las oficinas de comunicación social de los gobiernos, las empresas y la academia vacacionan, sin embargo, eso no significa que no se genere información, sólo que los medios de comunicación nos hemos concentrado en las grandes fuentes de información y olvidamos que la relevancia del periodismo reside en servir como canal para y entre la sociedad, antes que como megáfono para lo que se le quiera dictar.

Quizá hemos banalizado lo que significa una perspectiva humana sobre los hechos y se confunde el encontrar el interés a las historias con relatos edulcorados de superación personal o que tienen como centro el delito, el crimen, antes que sus consecuencias. Además, estamos sesgados por difundir una sensación de confort que no necesariamente corresponde a la realidad, pero optamos por ella porque se teme perder lectores, ante la posibilidad de que uno de ellos decida ya no querer informarse porque lo abruman las malas noticias, cedemos a satisfacer el morbo con nota roja moralizante o la superficialidad de la información sobre el espectáculo, peor aún: difundimos memes, seguimos tendencias y actuamos como reflejos de lo más banal de las redes sociales.

A esos pecados hay que agregar la susceptibilidad de la audiencia, se requiere mantener un tono amable con ellos, si se sienten regañados u ofendidos nos retiran la atención y nos evidencian ante los demás, acusaciones que tienen el mismo valor que las calificaciones de los influencers en Instagram, es decir, que responden a un interés personal por conseguir cosas o dinero antes que ofrecer un servicio público.

El último mes de 2020 es el del año de la pandemia, diciembre en México y el mundo es el del repunte de los contagios, sí, también el de la esperanza por la vacuna, pero antes que todo el del aumento de muertos, los nuevos descubrimientos sobre las características del virus y las mutaciones del covid-19. La información está ahí y debería ser nuestra obligación imponérsela a los ciudadanos, así, obligarlos a tomarla en cuenta para que no sigan siendo mortalmente irresponsables.

En Aguascalientes nueve municipios se encuentran en riesgo mayor, a pesar de los intentos por los gobiernos de distintos órdenes, cunde la indiferencia ante la información de la pandemia por no querer hacernos responsables de la salud del colectivo, son irrelevantes los distintos tonos de rojo que se puedan inventar en los semáforos, las metáforas empleadas para minimizar el cansancio de los profesionales de la salud, la saturación de los hospitales, el fracaso del sistema de salud, ¿diciembre es un mes con poca información?, sólo si se considera irrelevante la vida.

En el último mes del primer año de la pandemia, no debería espantarnos dejar de contar historias relevantes sobre los efectos del covid-19 en nuestras vidas, no debería importar que nos consideren regañones o poco empáticos, la obligación es advertir de la irresponsabilidad colectiva para que siga habiendo qué contar.

Coda. El autor de Cien años de soledad lamentaba que los medios restringieran y se desinteresaran por el reportaje, género al que caracterizaba como la noticia completa, la que sucedió en la realidad y que se debía dar a conocer al lector como si hubiera estado en el lugar de los hechos. “No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material, para dos columnas y a la hora de la verdad sólo le asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. ‘Ni siquiera nos regañan’, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología”, describió Gabriel García Márquez en El mejor oficio del mundo.

 


@aldan


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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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