Covi-haters o apología de la libertad  / Así es esto  - LJA Aguascalientes
06/12/2022

¿Es la solución cerrarse a piedra y lodo para el covid? Al parecer no, la vida sigue y no la podemos detener, salvo esos que tienen su sustento asegurado y que pueden estar en la placidez de atrincherarse en su hogar; por el contrario, una parte de la población, una muy amplia, tiene que salir a trabajar, a pesar de los riesgos, pues viven al día, su empresa se los exige, están en el comercio informal o forman parte de los sectores prioritarios. 

Contrario a ellos, a los que salen a sostener este país día a día, los activistas de sofá, haters de las redes, inventan el concepto de covidiota, pues en su ensimismamiento, creen que todos somos iguales y estamos en la misma situación, que, si alguien sale a la calle, es por irresponsable, y no por la necesidad de obtener el sustento diario. A esos, los memeros no podemos sino llamarles: covi-haters, personas sin quehacer que sólo buscan la paja en el ojo ajeno, sentados en la viga de la comodidad.

Conceptos ya muy estructurados por la teoría posmoderna, hablan de la otredad, como esa posibilidad de visibilizar en el otro, “otro yo”, que aunque distinto a mí, también es un ser con plenas capacidades; un mundo en sí mismo, con sus propios gustos y odios, pero sobre todo, envuelto en sus propias circunstancias, por lo que resulta, cuando menos injusto, poco ético, juzgarlo desde ese lugar de bonhomía en que algunos tenemos la suerte de ubicarnos; ¡aun y cuando sea difícil estar en el hoyo 18 un sábado por la mañana!



 

No es sólo el sustento, debemos ir más allá: pensemos en la libertad. Si algo distingue a las sociedades occidentales es su vocación por la autonomía del ser humano, John Locke nos marcó de forma fundamental; hay tres libertades conquistadas que no se pueden retrotraer: vida, libertad y propiedad. Por eso, no podemos imponer sanciones como arrestos o detenciones por no tomar las medidas sanitarias. Sí, los covi-haters quisieran tener en la cárcel a todos los covidiotas. No se puede, y ahí sí comulgamos con el presidente Andrés Manuel, la libertad es fundamental.

Es fácil tuitear y postear comentarios de odio hacia quienes tienen que estar en la calle, no obstante, no puedo imaginar tener tanta antipatía como para perder tiempo en atacar a los demás (estén o no mal) o tener tan poco qué hacer, como para estar buscando el meme, el comentario, para insistir en insultar, covidiotas, a los que no piensan, no actúan, igual. Incluso está esa actitud de superioridad con que se suelen sentir legitimados para ofender, esa suerte de actitud mesiánica, facultada para crear verdades hegemónicas en torno a la infectología y la antropología social: denostar el comportamiento de todos aquellos que no viven la pandemia como yo quiero que sea vivida.

Incluso, cuando se trata de denunciar fiestas, qué miserable debe ser su vida como para estar buscando arruinarles la pachanga a los demás… no es que justifiquemos la fiesta en época de pandemia, pero al final de cuentas, se trata de una medida personal, y si decido ir, tendré que sufrir las consecuencias, es mi decisión, nos guste o no, es mi cuerpo y no hay de otra que, como dijera alguien, hacer de mi vida un volantín y pasear a quien quiera o como ahora se le conoce en derecho, todo es cuestión del libre desarrollo de la personalidad, incluso el posicionamiento de ubicarse en una situación de riesgo, como ahora se visualiza el consumo de muchas sustancias y alimentos. 

Ahora bien, sabemos que el debate se centra también en el personal médico y cómo está expuesto a la fatiga, y el sistema de salud se ve presionado económicamente; esto tiene que ver más con un tema laboral que debería garantizar jornadas y medios de seguridad; no debemos mezclar dos debates diferentes. Porque, además, como el covid, tenemos otras pandemias que están matando mexicanos y que tendríamos que controlar, sobretodo el consumo de productos chatarra, el alcohol y tabaco, cuyas consecuencias son funestas: diabetes, hipertensión, muerte.

El covid parece ser hoy, ese problema social que no solo requiere de un sistema punitivo, administrativo y a través del reproche social, sino más bien, de la creación de todo un entorno de políticas públicas que a través del convencimiento de lo valioso de cuidarse y cuidar a los demás, incidan en que las personas, por propia convicción hagan lo propio para frenar la pandemia.

¿Sueñan los covihaters con miles de covidiotas sujetos al arresto? No lo sabemos, pero creemos que la pandemia tendrá que ser combatida apelando a la conciencia social, emitiendo restricciones enfocadas a los lugares y no a las personas, privilegiando la libertad como ese valor máximo que, durante más de trescientos años, desde que los pensadores ilustrados nos la regalaron como una construcción de derechos humanos, ha sido la preocupación de las sociedades que nos preciamos de ser democráticas. Covihaters, la pandemia aún va para largo, así que, desde la comodidad de sus sillones: serénense.


 

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